Pacto social: la enseñanza de la historia



Juan Manuel Morales*

Hasta ahora hemos escuchado muy poco sobre lo que Alberto Fernández planea hacer durante su gobierno en materia económica. Es más que evidente que el  desafío en estos términos es mayúsculo y,   por ende, requiere  de grandes esfuerzos y medidas de fondo. Ahora, lo único que podemos saber hasta  el momento  es  que, según lo trascendido en los medios y las manifestaciones de los futuros miembros del próximo gobierno, se dará impulso  a un gran pacto social entre empresarios, sindicalistas, organizaciones  sociales  y gobierno.


Ante esta única certeza no nos cabe más que preguntarnos cuál es efecto que podría tener un pacto social. Para responder esto es primordial  entender  en qué consiste, cuáles son sus limitaciones y si con esto alcanza para resolver los problemas inflacionarios que el país acarrea desde hace muchos  años.


Podríamos  decir que  un pacto social (entendido  como lo que impulsó Perón en su segundo gobierno  de  1973) es un  acuerdo entre los  diferentes sectores de la economía  por el cual  inicialmente se aumentan  los salarios nominales (permitiendo  recuperar algo de lo perdido en términos de poder adquisitivo) y los precios  de bienes y  servicios  para luego establecer  un  tipo de cambio  fijo,   congelamiento de  las tarifas  de los servicios  públicos  y control  estricto de otros precios. De esta manera se intenta lograr que los agentes de la economía fijen sus expectativas en el corto plazo  provocando desaceleración de la dinámica inflacionaria y lograr así recuperación del poder de compra de los salarios. A su vez, se aumentan los impuestos a las exportaciones y a los agentes más  “ricos” de la economía  y se imprime dinero para hacer frente al bache del déficit fiscal.


Para poder entender el alcance y limitación de esta medida nada mejor que la historia.  La tasa de inflación anualizada en el primer trimestre de 1973 era de 124%, el pacto social firmado el 30 de mayo de ese  año logró bajarla a 21% en el segundo trimestre y a 5,4% en el tercer trimestre  ¡todo un éxito de  corto  plazo! Sin embargo, a partir del segundo trimestre del año siguiente la inflación anualizada ya estaba por encima del 38% y para el segundo trimestre de 1975 era de 263%.  Luego del Rodrigazo la inflación del tercer trimestre alcanzó  el 1.017% anualizada: dos años después, del pacto no quedaba nada.


¿Qué  pudo haber fallado? No falta quienes argumentan que el fracaso se debió a la muerte de Perón y al clima político tras su muerte, sin embargo pensar en que este fue el detonante no es más que reconocer la fragilidad de la herramienta  cuyo éxito depende de la salud de un líder político.
El verdadero problema es que el pacto social, si no es acompañado por medidas estructurales, no es más que una ilusión de corto plazo que  luego  de desvanecerse provoca un  efecto tipo “boomerang” que golpea aún con más fuerza la economía real.  Cuando el pacto llega a su fin, la inflación reprimida impacta de golpe en los precios y en el tipo de cambio  generando  grandes saltos de pobreza que alcanzan niveles más  altos que los previos al pacto.


Veamos más números: durante  1973 la inflación acumulada anual fue del 60%, la expansión monetaria (impresión de billetes) aumentó en 96% y el  déficit fiscal alcanzó al 8% del PIB, al tiempo que, como el tipo de cambio oficial no se movió, la brecha entre el dólar oficial y paralelo llegó al 126%. Durante 1974 la inflación anual se redujo sustancialmente al 24%,  la expansión monetaria aumentó un 59%, el déficit fiscal se mantuvo en 8% del PIB y el tipo de cambio oficial no tuvo ninguna variación. Así, la brecha entre el dólar oficial y el paralelo ya alcanzaba el 225%. Una verdadera bomba de tiempo que no tardó en estallar: en 1975 el déficit fiscal se duplicó, la expansión monetaria alcanzó el 194%, la devaluación del tipo de cambio oficial fue de 719% y la inflación trepó al 183%.  
Hoy Argentina probablemente llegue a fin de año con un déficit financiero de 4% del PIB y una inflación cercana al 60%.


Si no es acompañado por medidas estructurales, no es más que una ilusión de corto plazo que luego de desvanecerse provoca un efecto tipo “boomerang”.



El gobierno recientemente aprobó un decreto para imprimir billetes por $400.000 millones y la emisión monetaria futura para suplir el déficit y obligaciones durante el 2020 se estima equivalente al  80% de la base monetaria. Es más que evidente que un nuevo pacto social bajo esta dinámica no tendrá efectos muy diferentes a los que terminaron en el Rodrigazo del 75.  


La condición necesaria para que Argentina vuelva a crecer no es un pacto social, sino la determinación del gobierno entrante para realizar las reformas correctas: plan integral que contemple baja del gasto público y de la presión tributaria, un Banco Central independiente y una reforma laboral. Sin algo de  esto el pacto social no será más que un suspiro antes de la próxima gran crisis.
* Economista. Fundación Progreso y Libertad 


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