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“Paddington 2”, las desventuras de un oso migrante

La segunda parte llegó con diversión y emoción a los cines de la región





“Paddington 2”, las desventuras de un oso migrante

La segunda parte llegó con diversión y emoción a los cines de la región

A cuatro años de su exitoso lanzamiento cinematográfico, Paddington regresa a la pantalla grande con una lograda extensión de sus aventuras de migrante en Londres, con una película que tiene al actor argentino Nico Vázquez doblando la voz del oso.

Bajo la batuta de Paul King, el mismo director de la primera entrega que logró ubicar al filme como la película de carácter familiar no realizada en los Estados Unidos más taquillera de la historia, la segunda presencia en cine del popular personaje creado por Michael Bond recorre los mismo tópicos que su antecesora.

Bond creó a Paddington en 1958 y desde entonces comenzó a erigirse en un clásico de la literatura inglesa para niños que trascendió fronteras ya que sus libros se tradujeron a 30 idiomas y vendieron más de 30 millones de copias alrededor del mundo.

La nueva historia lo muestra instalado en el ya cariñoso seno familiar de los Brown (grupo que vuelve a convocar a los probados Hugh Bonneville como el padre, la encantadora Sally Hawkins como la madre, los hijos encarnados por Madeleine Harris y Samuel Joslin y la desopilante ama de llaves asumida por Julie Walters) y en la comunidad de Windsor Gardens, igual Paddington no se queda quieto.

A raíz del centenario de su tía Lucy -quien desde los bosques peruanos lo impulsó al viaje- el oso quiere juntar dinero para hacerle un regalo de cumpleaños que esté acorde al cariño y al aniversario.

En esa búsqueda, Paddington padece, aún en el tono pastel y amigable del relato, la dificultad de acceder a un empleo, fracasa en diversos oficios y, finalmente, encuentra su ocupación como limpiavidrios.

Una vez asentado en la labor y habiendo juntado los primeros ingresos, va a la tienda de antigüedades del Sr. Gruber (Jim Broadbent) en busca del obsequio adecuado, pero encontrar un bello libro troquelado sobre la Londres antigua le deparará una desgracia.

Es que el volumen esconde la clave secreta de un tesoro que también persigue el actor en decadencia Phoenix Buchanan, interpretado por un dúctil Hugh Grant, también vecino de la barriada y quien ocupa el rol de villano famoso que en la “Paddington” inicial le había correspondido a Nicole Kidman.

Un robo perfecto del libro en cuestión que Buchanan concreta apelando a su habilidad para disfrazarse y travestirse acaba incriminando al pequeño oso y un juicio express lo deposita en la prisión.

Hasta allí el cuento bien podría resumir las penurias de cualquier migrante o ciudadano fuera de la normalidad que -en el mejor de los casos y a cuento de los tiempos que corren- consigue trabajosamente insertarse para rápidamente ser colocado afuera por el propio sistema.

El mal llevado Sr. Curry (Peter Capaldi), suerte de vigilante barrial, aprovecha el infortunio para declamar su teoría acerca del peligro que entraña el distinto, pero todos los demás miembros de la comunidad se unen en busca del modo de ayudarlo a revertir el encierro de Paddington.

Mientras tanto, el oso de sombrero rojo logra transformar el clima carcelario a partir de su bonhomía y de la hechura de cantidad de irresistible mermelada de naranja que aprendió a hacer en los bosques peruanos.

Con todo, el paso del animal por la cárcel entrega los mejores gags de la trama a partir del contraste entre la fiereza de los internos y la dulzura de Paddington capaz de transformar ese lugar hostil en un espacio amigable.

Una fuga y la búsqueda por resolver el caso completan el plácido tránsito de la película en un recorrido tan previsible como emotivo y disfrutable que hace de “Paddington 2” una propuesta capaz de exhibir alardes técnicos, agradar y regalar posibles segundas lecturas.


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