Palimpsesto: Banalizar

Columna semanal



“Hay que terminar con esta DICTADURA que estamos viviendo”, rezaba una publicación de un dirigente político en la red; a lo que otro -de su mismo partido- lo reconvenía por usar la palabra “dictadura” en estos tiempos. Las redes sociales están llenas de ejemplos como estos que contribuyen al caos discursivo y al extravío conceptual y las torna, verdaderamente, un mar de confusiones.

Hay un viejo refrán que bien puede aplicarse a la lengua: “al pan, pan; al vino, vino”. El refrán habla de la propiedad, es decir de la correspondencia entre la palabra, el concepto y el referente. Cervantes decía que sus ficciones consistían básicamente en “mostrar con propiedad un desatino”. Hay situaciones en que hablar/escribir sin propiedad carece de importancia; pero hay otras en que es esencial la exactitud.

Como sabemos el lenguaje está cargado de ideología, y en nuestra sociedad el término “dictadura” no remite en lo inmediato a un concepto abstracto, nos señala puntualmente la dictadura militar de la década del 70. Lo que aparece en la cita del comienzo es la intención de equiparar el periodo aquel con el que estamos viviendo; es decir Macri es igual a Videla. Hay muchas maneras de refutar ese argumento, una de ellas es que vivimos en una democracia; pero lo peligroso de esta exageración está en otro lado.

Lo peligroso está en que los jóvenes que no vivieron esa dictadura crean que la vida en esa época es más o menos como la que se vive actualmente. Esa distorsión juega a favor de Videla y sus secuaces, ya que los trivializa, los vuelve inofensivos, los despoja del horror. Dicho de otra manera: los banaliza.

Banalizar el mal es hacerlo digerible, cotidiano, insustancial, como cuando llamamos a alguien intolerante, “nazi”, sin saber realmente qué es el nazismo. Hannah Arendt, la mujer que más hondamente reflexionó sobre el nazismo, lo supo muy bien y acuñó la célebre frase “la banalidad del mal”.

Por eso quienes tenemos profesiones públicas no podemos eludir la responsabilidad de llamar a las cosas por su nombre.

Néstor Tkaczek

ntkaczek@hotmail.com


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