¿Para qué un Derecho Penal para menores?

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El ex funcionario del gobierno anterior, relacionado con áreas vinculadas a la juventud, Gabriel Lerner, decidió responder a una nota por mi firmada, que aludía al problema de la creación de un régimen penal de menores en nuestro país. Bienvenido el debate, sin el cual no hay manera de buscar y encontrar soluciones, o al menos paliativos, a los complejos problemas que afronta la sociedad argentina.

Desafortunadamente, Lerner elige más bien el camino de la descalificación que el del examen racional. Desde el titulo mismo, nos anuncia que están los que saben y los que deberían callarse y aprender. No es buen comienzo para el diálogo.

Pero no se detiene allí. Una segunda descalificación sucede a la primera, por cierto bastante gastada ya. El artículo que critica se inscribe, según él, dentro del “pensamiento conservador, reaccionario y la derecha política y social”. El círculo queda primorosamente cerrado: hablan los que no saben y encima son de derecha. Con este punto de partida, luego ya no vale la pena argumentar demasiado ni demasiado bien. Sabiendo de donde viene alguna idea, ya sabemos todo lo que es necesario saber.

Y efectivamente así sucede. La línea argumental, si se la puede llamar así, no consiste en otra cosa que una distorsión muy profunda de lo que el artículo sostiene. Lo considera como si hubiera sido una defensa de la baja de imputabilidad a los efectos de poder castigar antes a los adolescentes, con el objetivo de solucionar exclusivamente el problema de la inseguridad.

Muy lejos de eso, lo que propone el artículo es un régimen penal juvenil orientado a la protección y reeducación de los menores, no al castigo. Esta propuesta, que ya tiene un proyecto presentado por Elisa Carrió en el Congreso y nunca fue discutido por el kirchnerismo, va mucho más allá incluso que el mínimo que exigen los tratados internacionales y UNICEF. En efecto, estos se concentran básicamente en ciertas restricciones y garantías en la administración del castigo hacia los menores, sin ahondar demasiado en la cuestión de que se hace con los chicos que se inician en el delito. Hablan más bien de lo que no hay que hacer con ellos de que de lo que podría y debería hacerse con los menores por fuera del castigo.

Solo en el contexto de una propuesta esencialmente protectiva, no punitiva, se considera en el artículo el problema de la edad de imputabilidad. La baja de edad quedaría justificada porque permitiría una más temprana acción sobre los menores, aumentando con ello las chances de éxito en el intento de separarlo del camino del delito. Puro sentido común.

¿Por qué relacionar un sistema protectivo y reeducativo con un régimen penal, algo que parece inducir a cierta confusión? La razón es muy sencilla. La única posibilidad que el estado tiene de imponerles un régimen de esta naturaleza, que jurídicamente implica sacarlo de la órbita de la familia para ponerlo bajo tutela del estado, es que haya un delito cometido. Solo por una causa penal podría imponérseles la obligación de someterse al sistema diseñado para ayudarlos.

Existe el castigo en este régimen. De hecho se parte de por lo menos una parcial privación de libertad. Pero lo que hace toda la diferencia es su separación con el régimen de castigos a los adultos. Mientras en este caso el castigo es puramente retributivo, en el de los menores es correctivo y reeducativo. Es en su propio beneficio, como el castigo de los padres a sus hijos, de ningún modo como algo que pueda sospecharse de venganza o represalia.

Todo esto estaba muy claro en el texto que critica Lerner. Se dice con toda claridad que “bajo la condición de la existencia de un régimen como este (protectivo y correctivo), la baja de edad seria en beneficio de los menores”, Solo leyendo muy apurado puede confundirse esto con algo parecido a la finalidad de castigar más dura y tempranamente a los menores.

El gran tema que tiene hoy la sociedad argentina es pensar qué hacer con esa multitud de jóvenes, mayormente pobres, sin trabajo ni estudio, que desde edades cada vez más tempranas, empiezan a incursionar por los senderos el delito, abandonados como están, sin mas guía por la vida que sus iguales y los grupos mafiosos que se valen de ellos. Y que al mismo tiempo pueda ser también una solución a los gravísimos problemas de inseguridad que padecen una enorme cantidad de gente, sobre todo pobres y trabajadores, gente que también tienen derecho a vivir en paz y sin miedo.

Con toda seguridad, el exsecretario del SEDRONAR podría ayudar mucho más aportando su conocimiento, y el de quienes considera referencias valiosas, a la discusión sobre un buen régimen penal juvenil, que resbalando por la pendiente de la descalificación ideológica fácil, cuya finalidad es amurallar toda posibilidad de dialogo. Ya se sabe que en esta agrietada argentina, al enemigo no se lo escucha y se advierte a otros de lo peligroso que es escucharlo. La fórmula ideal para no solucionar nunca un problema.

Pensar qué hacer con esa multitud de jóvenes, mayormente pobres, sin trabajo ni estudio, que desde edades cada vez más tempranas, empiezan a incursionar por el delito.

El círculo queda primorosamente cerrado: hablan los que no saben y encima son de derecha. Con este punto de partida, luego ya no vale la pena argumentar.

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Pensar qué hacer con esa multitud de jóvenes, mayormente pobres, sin trabajo ni estudio, que desde edades cada vez más tempranas, empiezan a incursionar por el delito.
El círculo queda primorosamente cerrado: hablan los que no saben y encima son de derecha. Con este punto de partida, luego ya no vale la pena argumentar.

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