Para Sergio Wolf el Bafici promueve la educación cinéfila
El crítico, docente y director Sergio Wolf preside por quinto año consecutivo el Buenos Aires Festival de Cine Independiente (Bafici), que hoy inicia su 14ta. edición que se desarrollará en una veintena de salas porteñas.
La etapa que le toca no es sencilla: tras casi una década en la que logró consolidar su identidad como festival, el Bafici hace frente al recambio generacional y a una transición clave del cine, tanto en lo tecnológico como en lo comunicacional y en lo formal.
“Un festival debe ser vivo, burbujeante y apostar incluso a riesgo de equivocarse, aún con directores que más tarde decepcionan o esos otros que nunca van a hacer una obra maestra pero siempre van a ser interesantes”, reflexiona Wolf en charla con Télam.
“En 1999 el Bafici era un festival sin internet, sin HD, y sin saber lo que ocurría en otros lados, y uno de los desafíos de esta nueva etapa es estar en discusión con eso, sobre todo seguir buscando en todas las zonas”, asegura.
“Los festivales son lugares de encuentro y este festival intenta reinventarse en la medida de lo posible, con las dificultades de un cine que es muy permeable a la velocidad con que las cosas llegan por distintos medios”, dice quien fuera codirector del documental “Yo no sé que me han hecho tus ojos”.
“Para mí, uno de los secretos del festival es la diversidad del público, y creo que ese trazado transversal por diferentes generaciones es lo que lo hace diferente”, agrega en referencia al camino recorrido en esta década y media por el Bafici.
Wolf nunca patea la pelota afuera y asegura que incluso festejaría la presencia de Steven Spielberg, Martin Scorsese o Johnny Depp, “aunque no van venir pero me encantaría”, y aclara que “el perfil de un festival no puede medirse sólo por ese tipo de invitados”.
“Nosotros tenemos nuestras propias estrellas, y alguna vez conseguiremos a Werner Herzog o a John Waters” asegura, refiriéndose a cineastas que él mismo aclara “a esta altura sólo quieren hacer películas y no ir de paseo por festivales”.
“El cine vuelve a tener salas y pantallas más chicas, como cuando nació”, dice sonriendo tras reconocer que ya no hay salas grandes en el circuito del festival, como las del complejo Santa Fe 1 y 2, pero que eso no impide que la programación siga siendo fuerte.
“No fueron los únicos cines que cerraron” aclara, y piensa que la incorporación de las dos pequeñas nuevas salas subterráneas del Centro Cultural San Martín, entre otras alternativas, pueden ayudar a compensar la pérdida de espacios.
En cuanto a la programación reconoce que el resultado de toda la selección argentina fue, finalmente, mucho mejor de lo que desde el mismo Bafici se esperaba, “más diversificada”, dice, y asegura, que también lo es fuera de la selección oficial.
“Hay muy buenos títulos argentinos repartidos en otras secciones, y hasta polémicos”, dice al citar el caso del documental “Cuentas del alma, confesiones de una guerrillera”, de Mario Bomheker, que se vera en la sección “La tierra tiembla”.
En ese documental, una ex integrante del ERP cuenta su muy singular historia de encierro durante la última dictadura militar y cómo se convirtió en “arrepentida pública” funcional al régimen, solo para poder sobrevivir y marchar a un forzado exilio.
Pero no es la única, porque Wolf también está muy orgulloso de haber conseguido para la apertura “El último Elvis”, de Armando Bó (nieto), un tipo de película que, dice “en otros tiempos el Bafici difícilmente podría haber incluido”.
“Hay otros festivales latinoamericanos que han crecido con el modelo del Bafici, como el de Valdivia, el Sanfic, algunos chicos del Brasil, como el de Belo Horizonte. El Bafici es un faro de otras muestras que después encuentran sus propios caminos”, dice.
“Este año el Bafici fue elegido por el Festival de Viena, una muestra adonde no hay competencia y el público va por el simple hecho de disfrutar del cine, para compartir los festejos de su cincuentenario con cinco películas”, explica Wolf.
“Es común que en la sección Trayectorias haya directores que pasaron su ópera prima aquí mismo y en muchos casos el festival fue acompañando ese crecimiento, lo que habla de continuidad y de un público que lo sigue de cerca”, asegura Wolf.
Uno de los muchos cineastas descubiertos por el Bafici es el portugués Miguel Gomes, quien en 2009 presentó “Aquel querido mes de agosto”, que fue premiada como la mejor de la competencia internacional, quien esta vuelta es jurado y que además trae su última película, “Tabú”.
“Los cambios tecnológicos son grandes, y esta vez sólo el 40 por ciento de lo que se verá viene en soporte fílmico” dice, y explica que en esta edición los formatos son múltiples, desde el Digibeta y Media Player hasta el 35 y el 16 mm. y el Súper 8.
“Hay quienes piensan que nosotros prescindimos de las películas en 35 mm. pero la realidad está dejando al formato en el pasado, es decir que cuestionan sin tener en cuenta que la digitalización es un signo de los tiempos que corren”, explica Wolf.
El director artístico de la muestra recuerda su concepto de festival: “Siempre digo que un festival se hace para `dar a ver` y `ayudar a hacer`, expandir el campo de la visión y ponerlo en discusión, algo que venimos haciendo desde el primer Bafici”.
Este año la muestra porteña vuelve a superar los 400 filmes: “Hay ciertas películas que no pueden faltar, como las de Herzog o Gomes, pero el festival también funciona como plataforma formativa, y a ese concepto responde la variedad y cantidad”, explica.
Para Wolf: “El cine está en estado de mutación, y creo que el público que durante el año con esfuerzo y disgusto paga una entrada por una oferta que no lo convence, que descarga películas o las ve online sin pagar, es el que viene al Bafici”.
Télam