Paradojas de la educación

Redacción

Por Redacción

Comparto plenamente los conceptos de Laura Rosso, vicerrectora de Asuntos Académicos de la Universidad Siglo XXI (revista “Nueva” 1/10), en lo referente a la era digital como modernización de la enseñanza: “ La tecnología nos acerca. Al estudiante sin barreras geográficas mejora la motivación y el clima para aprender, permite usar interfaces amigables que simplifican lo complejo e incorpora herramientas para el manejo de la información, procesarla, representarla y compartirla”.

Sin perjuicio de ello, y espantada por lo acontecido en una escuela argentina, mostrado por los noticieros de la semana pasada (una niña de nueve años que deseaba suicidarse porque no soportaba más el continuo y persistente acoso de sus compañeros por su gordura, sufriendo golpes, derribos al piso, arrojo de objetos e insultos al grito de “terremoto”), me pregunto: ¿en qué momento de ese “superavance” los docentes hemos perdido la capacidad de mirar a cada uno de nuestros alumnos, advertir sus pesares, acudir a sus desesperados llamados de atención, enjugar sus lágrimas a veces ni siquiera explícitas y abrazar, abrazar, abrazar?

¿Qué pasa en esas superaulas que a la vez que dinamizan la enseñanza parecen desterrar esa sensibilidad que es condición sine qua non de nuestra profesión, que nos hace el “brazo largo” de la familia, el segundo hogar, los destinatarios de un amor incondicional que los hace casi nuestros hijos, a los que no podemos descuidar en ningún momento del acto educativo que comprende desde el ingreso diario a la escuela, su estadía, sus recreos, su salida hasta verlos perderse en manos de sus padres, como acto compartido, nunca delegado?

No me parece incompatible una cosa con la otra. Si así lo fuera, si ser tecnológicos nos hace eso, precisamente técnicos y no docentes, creo que nos espera una generación de “genios” cuyos sentimientos se irán adormeciendo en la medida que sus mayores los dejen librados a las maquinitas que, de última, nunca podrán –como dice Facundo Manes– sentir por nosotros porque les falta el instinto, el contexto emocional que nos hace dueños del libre albedrío, de elegir u optar por nosotros mismos… de decidir, en fin .

De todo corazón quisiera equivocarme, porque sentiría que todos los abrazos que di, todas las lágrimas que enjugué, todos los padres que acompañé, todos los “hola” felices y los adioses emocionados de cada promoción que signaron mi larga carrera profesional (sí, ¡profesional!) fueron innecesarios… Aunque saber que hoy son personas impecables que andan desparramadas por el mundo haciéndome saber de ellas y recordándome que de mí se llevaron todo y me dejaron todo me reconforta y me entibia el alma.

Los signos de pregunta agregados a las expresiones de la profesora Rosso corren por mi cuenta.

Marta I. Verdenelli, docente

Marta I. Verdenelli, docente


Comparto plenamente los conceptos de Laura Rosso, vicerrectora de Asuntos Académicos de la Universidad Siglo XXI (revista “Nueva” 1/10), en lo referente a la era digital como modernización de la enseñanza: “ La tecnología nos acerca. Al estudiante sin barreras geográficas mejora la motivación y el clima para aprender, permite usar interfaces amigables que simplifican lo complejo e incorpora herramientas para el manejo de la información, procesarla, representarla y compartirla”.

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