Peligra el esclarecimiento de un terrible crimen
Dejaron libres a los acusados del asesinato de Gómez, en Viedma.
VIEDMA (AV).- Los tres detenidos por el crimen de Osvaldo Gómez, el hombre de 72 años que fue degollado y luego calcinado quedaron ayer en libertad. Así lo dispuso la Sala A de la Cámara en lo Criminal de esta capital al revocar los procesamientos y las prisiones preventivas resueltas en el marco de esta investigación. De esta manera el Tribunal integrado por los camaristas penales Carlos Reussi, Daniela Zágari y Marcelo Chironi revocó esos procesamientos, haciendo lugar a una nueva apelación de las defensas que plantearon la nulidad de lo resuelto por el juez penal Favio Igoldi por ausencia de pruebas. En ese marco la Cámara le pidió al juez de Instrucción que profundice la investigación por el homicidio de Gómez. A fines del año pasado el mismo Tribunal anuló las declaraciones indagatorias de los detenidos ordenando al juez Igoldi que readecuara el hecho con mayor precisión, disposición que el magistrado cumplió y dictó nuevamente los procesamientos con prisión preventiva a Estela Neira (46), Armando Morete (62) y Facundo Morete (24), padre e hijo. Igoldi les imputó a los tres el delito de “homicidio agravado”, en el marco de la investigación sobre lo ocurrido en la noche del primero de setiembre del año pasado en el baldío ubicado detrás del arco de la cancha de fútbol del Club Santos en el barrio Lavalle, donde apareció el cadáver calcinado y mutilado. El juez concluyó que en esas circunstancias, los nombrados ocasionaron la muerte a Osvaldo Gómez mediante degollamiento con arma blanca y que para eliminar evidencias prendieron fuego al cuerpo en el mismo lugar y arrojaron el Astra de la víctima al río Negro en inmediaciones del puente ferrocarretero. Gómez le alquilaba a los Morete un local nocturno conocido como El Bar 14 ubicado en el bulevar Sussini y Mitre de esta capital. La víctima vivía en la casa de al lado de ese comercio. Una gran repercusión en la comunidad generó aquella mañana la aparición de un cadáver calcinado en una cancha, hecho que no tardó en vincularse con un auto que había sido arrojado al río en inmediaciones del puente ferrocarretero y que resultó ser de la víctima. Ahora todo vuelve a foja cero con la diferencia de la vez anterior que en esta oportunidad fue ordenada la libertad de quienes estaban procesados, con el riesgo de que quede impune un hecho aberrante.