Perico, la dura historia de vida detrás de un gran gesto

El peón rural que devolvió gran parte de una colecta con la que lo habían ayudado los vecinos de Maquinchao trabaja desde los 9 años y nunca pudo ir a la escuela. Tiene 48 y recién hace 11 está en blanco. Su padre era alcohólico y su familia se desperdigó cuando era chico. Su sueño: que su hija siga estudiando.

Redacción

Por Redacción





Me salió del alma devolverla. Esa plata no era mía. La gente había hecho un gran esfuerzo para ayudarme. Algún día otro podía necesitarla”, dice. Hace dos semanas, su nombre -Atilio “Perico” Lipiante- estuvo en boca de muchos. El gesto de este humilde peón rural de Maquinchao de devolver gran parte del dinero que la comunidad había reunido para ayudarlo, fue tan conmovedor como ejemplificador. Es la esencia de “una gran persona”, como lo califican quienes lo conocen. De alguien que a lo largo de su vida padeció muchas privaciones y que se muestra agradecido con quienes le tendieron la mano para ayudarlo.

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Perico es una persona muy sencilla y conocida en Maquinchao y la zona. Con gran amabilidad y un exquisito mate, recibió a “Río Negro” en Puesto Sur, el lugar donde pasa la mayor parte de sus días criando unas 1800 ovejas y unas 300 vacas. El campo está ubicado a 75 km al sur de Maquinchao, casi en el Paralelo 42. Una zona alta, muy fría en época invernal, de gran belleza. El ruido del motor de la pick up que estaciona lo despierta de la siesta. Abre la puerta, saluda e invita a pasar. Saca agua del aljibe, llena una vieja pava enlozada y la pone al fuego mientras le cambia la yerba al mate. Apoya el pie derecho en el leñero y mira la inmensidad de la meseta.

Su vida no ha sido fácil. Cuenta que su “papá tomaba mucho” y su mamá se enfermó cuando él y sus cinco hermanos eran muy chicos. La situación llevó a la familia a tener que separarse. “Somos seis hermanos y mi mamá no nos pudo criar. Mis hermanas se fueron a una guardería a Bariloche y los varones nos quedamos en Maquinchao. Pasé una vida muy mala, hasta que me hice grande. Cuando era muchachito trabajaba, pero me pagaban muy poco, casi no me alcanzaba para vivir. A los 17 o 18 años cambié de lugar de trabajo y ahí empecé a salir adelante”, afirma Perico con lágrimas en sus ojos.

Nació hace 48 años en un campo del paraje Yamaniyeu y empezó a trabajar a los 9 años. No pudo ir a la escuela: “Había que trabajar… No nos quedaba otra”. Desde entonces se desempeña como peón de campo, una tarea que describe así: “No es fácil, pero si no tenés otro oficio…”

Ya le dije al patrón que cuando me jubile me voy. Me gustaría ser cocinero en una comparsa de esquila del sur y conocer la Patagonia”.

“Perico” Lipiante es un peón que trabaja en el campo lanero “Don Horacio” – (Foto: Andrés Maripe)

“Perico” Lipiante es un peón que trabaja en el campo lanero “Don Horacio” – (Foto: Andrés Maripe)

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Siempre desempeñó tareas en el campo. Vivió épocas buenas y otras no tanto, pero nunca bajó los brazos ni perdió de vista el objetivo de tratar de ser una persona de bien. Formó una familia a la que, por cuestiones de trabajo, ve cada quince o veinte días. Su esposa tampoco tuvo la oportunidad de escolarizarse y su única hija Leonor, de la que se siente muy orgulloso, tuvo que alojarse desde los 6 años en residencias estudiantiles. Hace pocos días pasó a quinto año del CEM 57. “Quiero que pueda estudiar. Que pueda tener la oportunidad que no tuve yo. Voy a hacer lo posible” dice y vuelve a emocionarse.




Perico no tiene grandes ambiciones. Afirma que con lo que cobra como peón de campo “vive bien, con lo justo. Tengo todo… mi familia bien, una hija que estudia. Acá en el campo no me falta nada, vivo bien”. Y ya piensa en lo que hará cuando se jubile. “Me quedan 8 años y ya le dije al patrón que cuando me jubile me voy. Me gustaría conseguir un trabajo de cocinero en alguna comparsa de esquila del sur y conocer la Patagonia”.

El puesto. Aquí pasa sus días Atilio “Perico” Lipiante, 75 km al sur de Maquinchao, en la Línea Sur rionegrina.

El camino de Perico

“Me salió del alma: esa plata no era mía, otro la podía necesitar…”

Hace dos meses, Antonia Cañunguir (73), la mamá de “Perico” se cayó y se fracturó la cadera. Fue trasladada a General Roca y se tramitó ante el PAMI la prótesis. Pasaban los días y la prótesis no llegaba, situación que preocupaba cada vez más a “Perico”. Fue así que tomó la decisión de acudir al director de FM La Voz del Sur, Sebastián Elías. Periódicamente la emisora realiza distintos tipos de campañas solidarias. En dos horas, los vecinos de Maquinchao donaron $ 13.576. “Mi mamá había viajado acompañada por una mujer y estaba cubierta por la obra social. Pasaban los días y yo no quería ver a mi mamá en la cama, mi intención era comprar una prótesis. Tenía unos manguitos guardados pero no me alcanzaba. Por suerte la gente me ayudó y pude viajar a Roca”.

“Perico” detalla que estuvo trece días en Roca. “La plata que tenía me alcanzó para ocho días. Después pague el alojamiento y la comida con la plata que había puesto la gente para que yo pueda viajar. Gasté 3000 y algo de pesos y el resto lo devolví. No hallaba que hacer con la plata que me dieron y que no era mía. Entonces fui a la radio y le dije a Sebastián que se la devolviera a la gente. Algunos vecinos habían puesto $ 50, $ 100 ó $ 500 pesos y era justo que si yo no lo había utilizado que se la devolvieran. De lo que había gastado tenía las boletas. Quizá ellos o algún otro vecino la podían necesitar. Uno tiene que ser agradecido en la vida”, afirmó.

“Me ayudaron a ir a Roca para la operación de mi mamá. Era justo que devolviera lo que no había gastado. Hay que ser agradecido”.

A Perico le dieron $ 13.576 y devolvió $ 10.510.

El gesto de este humilde peón rural de Maquinchao de devolver gran parte del dinero que la comunidad había reunido para ayudarlo, fue tan conmovedor como ejemplificador. Es la esencia de “una gran persona”, como lo califican quienes lo conocen.

Datos

Ya le dije al patrón que cuando me jubile me voy. Me gustaría ser cocinero en una comparsa de esquila del sur y conocer la Patagonia”.
Con Leonor,su única hija, de la que se siente muy orgulloso. “Quiero que pueda estudiar. Que pueda tener la oportunidad que no tuve yo. Voy a hacer lo posible”, dice.
“Me ayudaron a ir a Roca para la operación de mi mamá. Era justo que devolviera lo que no había gastado. Hay que ser agradecido”.
El gesto de este humilde peón rural de Maquinchao de devolver gran parte del dinero que la comunidad había reunido para ayudarlo, fue tan conmovedor como ejemplificador. Es la esencia de “una gran persona”, como lo califican quienes lo conocen.

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