Personajes del lugar

Redacción

Por Redacción

La antesala de la Caleta de los Loros parece un lugar detenido en el tiempo. Es más, si no fuera por el casco de un viejo colectivo, ese lugar podría enmarcarse en cualquier siglo. La representatividad de la escasa civilización en casi 20 kilómetros cuadrados de esa tremenda boca del continente la ostentan José Calderón y su familia, un camionero viedmense quien desde hace 18 años veranea allí.

Como prueba de que el hombre ya echó raíces, es que en el lugar que acampa desde 1984 construyó un horno de barro junto a un reparador médano, y hasta descubrió un pozo de agua que mantiene en secreto para que nadie lo usurpe.

Su hospedaje es un camión Ford V8 modelo 1957 que parece recién sacado de fábrica. La caja son las habitaciones y en el lateral derecho levantó una antecarpa que se usa como cocina-comedor y donde su esposa fríe una exquisita marinera de lenguado, recién extraído del agua mediante el uso de arpones fabricados especialmente.

«Nosotros sacamos del mar lo suficiente como para vivir un mes, a veces comemos róbalo, otras pejerreyes y nos divertimos bastante arponeando los lenguados que cazamos a un metro de profundidad, gracias a que aquí el agua es muy cristalina», explicó.

Calderón llegó a ese lugar por indicación de viejos pescadores conocidos suyos de San Antonio Oeste. Lo defiende a muerte, al punto tal que mantiene una permanente cólera hacia los pescadores furtivos.


La antesala de la Caleta de los Loros parece un lugar detenido en el tiempo. Es más, si no fuera por el casco de un viejo colectivo, ese lugar podría enmarcarse en cualquier siglo. La representatividad de la escasa civilización en casi 20 kilómetros cuadrados de esa tremenda boca del continente la ostentan José Calderón y su familia, un camionero viedmense quien desde hace 18 años veranea allí.

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