“Perversa casa de Gran Hermano”

Redacción

Por Redacción

Seguramente mis cercanos 60 años van a desacreditar mi visión y opinión sobre los contenidos del ahora llamado formato del programa televisivo “Gran Hermano”. Siempre me pareció que los realities que se mostraban por televisión contaban con un grado de perversidad hacia los integrantes y hacia los mismos televidentes que consumen esos programas, que también sé que no son pocos. En estos formatos los valores humanos de los integrantes son destrozados mediante un juego de competitividad sin principios; se fomenta el desgraciado ejercicio del vale todo y prevalece la destrucción de quienes compiten o conviven en la casa, pues al final todos son enemigos. Se observa un protagonismo sobreactuado del conductor y de los invitados a opinar, muchos de los cuales me sorprenden por su historia en los medios y su perfil actoral lejos de este tipo de programas, pero declinan su voluntad al ser empleados del canal que ofrece este producto. Lo más llamativo es que los que producen estos programas para jóvenes son gente grande, de mi edad, y resaltan en sus dichos y acciones el premio al desatino, pues predican los valores de la mujer y en el programa las muestran como objeto sexual –y hablo de lo que se ve, pues creo que hay más de lo que no vemos–. El formato selecciona jóvenes que tengan crisis familiares o conflictos sexuales, sociales o personales donde lo más destacado de los participantes es cómo lo comentan en público; mientras más tenebroso y revuelto, mejor. Además, si involucran a terceros mejor, pues lo llevan al canal de televisión a ampliar el sarcasmo que se produjo por ese tema. Pero lo más lamentable es cómo fomentan el sexo en público, rozando la acción prostituida, pues el que hace ese acto en la casa tendrá mayor puntaje. Me llama la atención que los grupos de defensoras de la mujer no se hayan manifestado por el tratamiento que recibe el sexo débil a cambio de una prolongada estadía en la casa. Lamento que esta juventud que participa, por voluntad propia pero con muchas necesidades económicas, se ilusione con un futuro mejor y crea que este camino fácil es el mejor. Quizá para unos pocos sea así, ya hay ejemplos, mujeres que salieron de este tipo de programas y lograron casarse con empresarios, futbolistas, etcétera. Este resultado y ejemplo banal también me desacredita, pero apuesto a que el resto de los jóvenes que no están en la casa piensa que el mejor camino y seguro para un real futuro es el estudio, el trabajo, el deporte, una vida sin ocio las 24 horas, teniendo una vida privada junto a sus seres queridos. La televisión es una máquina de picar carne y cerebros, pero los productores de este tipo de programas se escudan bajo la excusa de la libertad de expresión y reivindican el poder del control remoto para cambiar de canal, poniendo en esa posición solamente a los mayores. Esa libertad de opinión, que respeto, me permite decir estas cosas, que la juventud es la otra, la que no está en la perversa casa de “Gran Hermano”… es la que en un futuro puede contarles a sus hijos sin vergüenza su pasado. Este mes se concentra el país por la causa #niunamenos, a la cual acompaño, por ello lo escrito tiene que ver: no al abuso de las mujeres y los jóvenes en forma encubierta por la televisión. Hugo Alberto Righetti DNI 12.258.374 Neuquén

Hugo Alberto Righetti DNI 12.258374 Neuquén


Seguramente mis cercanos 60 años van a desacreditar mi visión y opinión sobre los contenidos del ahora llamado formato del programa televisivo “Gran Hermano”. Siempre me pareció que los realities que se mostraban por televisión contaban con un grado de perversidad hacia los integrantes y hacia los mismos televidentes que consumen esos programas, que también sé que no son pocos. En estos formatos los valores humanos de los integrantes son destrozados mediante un juego de competitividad sin principios; se fomenta el desgraciado ejercicio del vale todo y prevalece la destrucción de quienes compiten o conviven en la casa, pues al final todos son enemigos. Se observa un protagonismo sobreactuado del conductor y de los invitados a opinar, muchos de los cuales me sorprenden por su historia en los medios y su perfil actoral lejos de este tipo de programas, pero declinan su voluntad al ser empleados del canal que ofrece este producto. Lo más llamativo es que los que producen estos programas para jóvenes son gente grande, de mi edad, y resaltan en sus dichos y acciones el premio al desatino, pues predican los valores de la mujer y en el programa las muestran como objeto sexual –y hablo de lo que se ve, pues creo que hay más de lo que no vemos–. El formato selecciona jóvenes que tengan crisis familiares o conflictos sexuales, sociales o personales donde lo más destacado de los participantes es cómo lo comentan en público; mientras más tenebroso y revuelto, mejor. Además, si involucran a terceros mejor, pues lo llevan al canal de televisión a ampliar el sarcasmo que se produjo por ese tema. Pero lo más lamentable es cómo fomentan el sexo en público, rozando la acción prostituida, pues el que hace ese acto en la casa tendrá mayor puntaje. Me llama la atención que los grupos de defensoras de la mujer no se hayan manifestado por el tratamiento que recibe el sexo débil a cambio de una prolongada estadía en la casa. Lamento que esta juventud que participa, por voluntad propia pero con muchas necesidades económicas, se ilusione con un futuro mejor y crea que este camino fácil es el mejor. Quizá para unos pocos sea así, ya hay ejemplos, mujeres que salieron de este tipo de programas y lograron casarse con empresarios, futbolistas, etcétera. Este resultado y ejemplo banal también me desacredita, pero apuesto a que el resto de los jóvenes que no están en la casa piensa que el mejor camino y seguro para un real futuro es el estudio, el trabajo, el deporte, una vida sin ocio las 24 horas, teniendo una vida privada junto a sus seres queridos. La televisión es una máquina de picar carne y cerebros, pero los productores de este tipo de programas se escudan bajo la excusa de la libertad de expresión y reivindican el poder del control remoto para cambiar de canal, poniendo en esa posición solamente a los mayores. Esa libertad de opinión, que respeto, me permite decir estas cosas, que la juventud es la otra, la que no está en la perversa casa de “Gran Hermano”... es la que en un futuro puede contarles a sus hijos sin vergüenza su pasado. Este mes se concentra el país por la causa #niunamenos, a la cual acompaño, por ello lo escrito tiene que ver: no al abuso de las mujeres y los jóvenes en forma encubierta por la televisión. Hugo Alberto Righetti DNI 12.258.374 Neuquén

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