Peter O’Toole, el astro perdedor

Siempre será “Lawrence de Arabia”.

Redacción

Por Redacción

Peter O’Toole, un actor de enorme talento y un encanto irlandés sin ataduras.

“No seré un hombre común porque es mi derecho ser un hombre poco común”, escribió alguna vez en una poesía el actor irlandés Peter O’ Toole. Y fue un hombre poco común, no temió reconocer los altibajos de su carrera, y de su vida.

El actor, quien murió el sábado en una clínica de Londres, era conocido como “Lawrence de Arabia” y por perder siempre en la noche de los Oscar. Estuvo nominado ocho veces y nunca ganó, un récord en Hollywood.

Recién el año pasado, el irlandés de llamativos ojos celestes se retiró de la actuación e hizo del cricket y el rugby sus principales intereses. “Ya no tengo mi corazón puesto en ello y eso no cambiará”, dijo a principios de julio de 2012 al anunciar su decisión. Se quedó con un Oscar honorario a la trayectoria que recibió tras algunas dudas en 2003 y después de haber rodado casi 70 películas en 50 años.

Se despidió el año pasado con un papel como sacerdote en la película mexicana “Cristiada”, de Dean Wright.

Sobre sus inicios, siempre recordaba cómo había llegado a la of Dramatic Arts de Londres y se había esforzado por conseguir una beca. “No por una pasión desmedida”, dijo. “Sino por las muchas y hermosas chicas”.

Su debut en el teatro fue tan malo que se emborrachó hasta perder el conocimiento y luego tuvo que pagar una multa por disturbios públicos.

Su nombre está asociado sobre todo a un héroe del desierto:. “Lawrence de Arabia”, película con la que ganó fama mundial en 1962. Para ese entonces, ya se había convertido en un amante de Shakespeare, había finalizado sus estudios en la Royal Academy of Arts en Londres y ganado el título de “actor del año”.

Cuando David Lean le ofreció el papel del oficial británico que ayuda a los árabes en su lucha por la independencia y se encuentra consigo mismo en el desierto, O’Toole cambió las tablas por la pantalla grande. Décadas después dijo que su papel en este clásico se convirtió en la vara para casi todo en su vida. Nunca más tuvo un éxito similar.

Eso no quiere decir que no haya brillado en la pantalla: interpretó a reyes, emperadores, maestros y arcángeles. Se lució como Enrique II al lado de Richard Burton en “Becket”, de Peter Glenville (1964) o junto a Peter Sellers en “¿Qué hay de nuevo, Pussycat?”, el filme de Clive Donner y Richard Talmadge con guión de Woody Allen (1965). También se destacó como el ángel caído de “Lord Jim”, de Richard Brooks, basada en la novela de Joseph Conrad, y como el tímido maestro cuyo destino se ve alterado cuando se enamora de una artista de varieté de “Adiós Mr. Chips”, de Herbert Ross (1969).

En 1975, O’Toole fue una de las figuras centrales del drama “Foxtrot”, del cineasta mexicano Arturo Ripstein, el mismo año en el que interpretó a Viernes en “Un hombre llamado Viernes”, basado en el relato “Robinson Crusoe”.

Poco después O’Toole tuvo coraje de participar en la audaz versión de “Calígula” (1979), de Tinto Brass, donde compuso nada menos que a Tiberio y ya en la década del 80 comenzó una intensa relación con la tevé, delante de cámaras y también como relator.

Incluso se lucía en pequeños papeles, como el de maestro en “El último emperador” de Bernardo Bertolucci (1987).

A mediados de los años 70, el actor, que después de la escuela había intentado sin éxito una carrera como periodista, entró en una dura crisis.

Las películas de O’Toole eran consideradas un fracaso en taquilla, su matrimonio de años con la actriz Sian Phillips fracasó y sus padres murieron. “Hasta el perro se murió”, dijo en ese entonces. Bebió sin parar, hasta que una inflamación del páncreas lo obligó a dejar el alcohol. “Una gota más y te mueres”, le dijeron los médicos.

Tuvo su gran regreso con “Profesión: el especialista ”, de Richard Rush (1980) en el papel de un director tiránico, papel que también le valió una nominación al Oscar. En paralelo, este hijo de un corredor de apuestas irlandés nacido en Connemara el 2 de agosto del 1932 continuó con su carrera en el teatro. Bajo la dirección de Laurence Olivier llevó a las tablas “Hamlet” en el National Theatre de Londres en 1963. Como muchas otras veces en su vida, a un gran éxito le siguió un fracaso: más tarde, tuvo mucho menos suceso con su versión de “Macbeth”.

Tuvo un hijo, Lorcan, en 1983 en una breve relación con la modelo estadounidense Karen Somerville. Y si bien ya tenía dos hijas de su único matrimonio -nunca volvió a casarse por sus creencias religiosas- eso significó un cambio en el estilo de vida de O’Toole. Después de una larga batalla para obtener la patria potestad del niño, un juez falló que Somerville debería tener a su hijo durante las vacaciones escolares y O’Toole lo tendría durante el año escolar. “El buque pirata atracó’’, declaró con felicidad de asumir sus responsabilidades de padre. Aprendió a entrenar en cricket a los niños de escuela y, cuando tenía que actuar, sus horarios fueron adaptados a fin de que pudiera pasar las noches en casa con su hijo.

O’Toole intercaló papeles más rutilantes con otros menores. Justificaba su disposición a malgastar su talento con una falta de dinero crónica. “No se puede esperar eternamente el papel justo. Debo pagar el alquiler”, decía. (DPA/AP/Télam)

Su interpretación de T. E. Lawrence le dio reconocimiento.


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