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Redacción

Por Redacción





Como siempre sucede cuando se celebran manifestaciones multitudinarias, los organizadores de la movilización gremial del 29 del mes pasado, convertido en “Día del Trabajador” porque este año el 1º de mayo fue un domingo, procuraron inflar la cantidad de personas que se congregaron en la avenida Nueve de Julio de la Capital Federal hablando de más de medio millón, mientras que otros, incluyendo a los especialistas en estos asuntos de la Policía Federal, estimaron que la asistencia apenas llegó a 50.000. Sea como fuere, parecería que si bien hubo mucho menos de lo que había esperado el camionero Hugo Moyano, hubo bastantes como para impresionar a quienes le temen. Entre éstos figuran los militantes de la agrupación “nacionalista y popular” La Cámpora cuya influencia ha aumentado de manera notable a partir de la muerte súbita, hace ya seis meses, del ex presidente Néstor Kirchner. Formalmente, se trató de una manifestación a favor del gobierno, pero muchos kirchneristas la vieron como una amenaza, como un intento por parte de Moyano de advertirle a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que cometería un error muy grave si se le ocurriera procurar poner límites a su voracidad de poder. Para que no quedaran dudas, el sindicalista insistió nuevamente en que el oficialismo encuentre un lugar mayor en las listas para “los trabajadores”, una pretensión que, claro está, no motiva el entusiasmo de los estrategas del oficialismo que entienden muy bien que Moyano, como señaló el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, es un “piantavotos” y que por lo tanto resultaría contraproducente la presencia de personajes vinculados con él en la oferta electoral kirchnerista. Cristina, pues, se ve frente a un dilema. Le conviene tener a Moyano como aliado, aunque sólo fuera porque de lo contrario sería un enemigo muy peligroso, pero a buen seguro preferiría que mantuviera su distancia, razón por la que se negó a asistir a un acto que fue convocado con el presunto propósito de homenajearla en que –esperaban los sindicalistas– anunciaría ante una multitud enfervorizada su intención de buscar la reelección. Consciente de que no sería de su interés que la clase media la tomara por “la candidata de la CGT”, cuando no de Moyano mismo, la presidenta optó por alejarse varios miles de kilómetros, pero dejó que buena parte del gobierno llenara el podio y envió una carta un tanto anodina en que ensalzó su propia gestión y la de su marido pero no hizo mención de ningún aporte del camionero o de las organizaciones que encabeza. La frialdad evidente de la presidenta hacia Moyano puede atribuirse tanto a la diferencia entre sus respectivos “estilos” cuanto a cálculos políticos. Moyano procede de la derecha autoritaria del peronismo, mientras que Cristina se ve como representante de las corrientes más progresistas del movimiento. Por lo demás, no puede sino entender que le sería riesgoso que se difundiera la impresión de que Moyano lleva la voz cantante, que el “fifty-fifty” de que se ha puesto a hablar tiene que ver con casi todo y que, al aludir a su voluntad de que “la compañera Cristina” vaya a la reelección “como reclama la inmensa mayoría de nuestro pueblo”, virtualmente le ordenaba postularse ya. Al fin y al cabo, en los casi seis meses que nos separan de la fecha fijada para las elecciones, los líderes opositores no carecerán de oportunidades para reiterar una y otra vez que “Cristina es Moyano”, de tal modo privando a la presidenta de una proporción significante de votos. Así las cosas, si lo que más quiere el camionero es prolongar el statu quo y ubicar a personas que supone le son leales en puestos clave, además de continuar llenando su propia “caja”, le sería mejor obrar de forma mucho menos visible, pero parecería que no puede con su genio, que para asegurar su propia hegemonía sobre sus partidarios se siente obligado a adoptar una postura combativa –según sus muchos críticos, prepotente– que alarma no sólo a quienes lo consideran el hombre más peligroso, y más antipático, del país sino también a muchos oficialistas, comenzando con la mismísima presidenta Cristina que, por cierto, no podrá sentirse agradecida por las manifestaciones efusivas de apoyo que con frecuencia excesiva le propina Moyano.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 860.988 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Miércoles 4 de mayo de 2011


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