Poder ser




El hombre originalmente fue un “poder ser”. Es el único ser de la creación que puede sentirse irrealizado, insatisfecho, frustrado.

Y por eso es, entre los seres creados, el único que tiene capacidad para superar las barreras de sus limitaciones.

Por otra parte es también el único ser capaz de tener autotransparencia, de trascendencia y libertad.

En una palabra, es un ser abierto, capaz de un encuentro personal con Dios, de un diálogo con su creador.

El Concilio presenta al hombre como un ser magnífico, “centro y cima de todos los bienes” (Carta Encíclica Gaudium et Spes 12), que lleva en sus profundidades la imagen de Dios, portador de gérmenes ilimitados de superación y, sobre todo, “con capacidad de conocer y amar a su Creador”.

El hombre se distingue particularmente de los demás seres en que lleva una zona interior de soledad, que es el “lugar” del encuentro con el absoluto y trascendente.

Por su interioridad es superior al universo entero. A estas profundidades de sí mismo retorna cuando entra dentro de su corazón, donde Dios le aguarda, escrutador de los corazones, y donde él, personalmente, decide su propio destino.

Alberto Félix Suertegaray

DNI 14.169.481

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