Poder y saber, poder y Derecho

Redacción

Por Redacción

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Hace algunos años comenzamos a discutir fuertemente -en escenarios diferentes de los habituales espacios académicos- la relación entre poder y Derecho. En otras palabras, la vinculación entre política y Derecho (comprensiva de producción y ejercicio normativo) comenzó a ser parte esencial de la agenda pública.

En los últimos cinco años la democratización del Poder Judicial, los paquetes de leyes destinadas a tal fin, el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en relación con el Consejo de la Magistratura nacional, las discusiones en torno a leyes de hidrocarburos y jurisdicciones, entre tantos temas, y como referencias paradigmáticas la vinculación entre la sociedad civil, el orden económico y la dictadura por un lado y todo lo sucedido en torno a la deuda, sus acreedores y fondos buitre por el otro, no dejan margen de dudas de que el Derecho y el Poder Judicial se mueven en espacios de altísima disputa política. A esta altura, una discusión -a mi criterio- superada.

Aceptar esta premisa posiblemente sea un muy buen comienzo. Luego vendrán los títulos: politización de la Justicia, judicialización de la política; legalidad y legitimidad; mayores espacios de construcción social y menos Poder Judicial; relaciones entre espacios de justicia locales, nacionales e internacionales y otros tantos.

Y afirmo que es un buen comienzo, porque en estos tiempos con tantos debates e ideas sobre la mesa comenzar a ver el Derecho y el Poder Judicial desde el paradigma de la gestión de la conflictividad en términos amplios seguramente provoque miradas con un lente más profundo y de mayor aumento que las habituales discusiones académicas superficiales y cómodas.

Y es desde este contexto o cosmovisión que creo profundamente, sin perjuicio de otras tantas acciones que puedan generarse, que hay dos cuestiones que no deben dilatarse. Por un lado, generar una usina de pensamiento que comience a desmitificar, criticar y discutir el paradigma del Derecho liberal, aséptico, pretendidamente neutral y formal; comenzar a pensar el Derecho en términos de conflicto y, al decir de Boaventura de Sousa Santos, en términos plurales y emancipatorios.

Basta con pensar sólo un minuto tomando los ejes paradigmáticos referidos. ¿Puede escindirse la decisión de un juez de Nueva York de los intereses de parte del sistema financiero internacional y sus defensores? ¿Puede alguien pensar honestamente que pudo juzgarse lo sufrido en la dictadura sin enormes resistencias de sectores que pretendían la impunidad?

Y en este marco, la segunda cuestión sobre la que venimos insistiendo. Muchas carreras universitarias, y claramente las facultades de Derecho, exigen una urgente, necesaria y profunda reforma de los planes de estudio. Para comenzar, una visión crítica del Derecho en términos de conflicto para el siglo XXI. No debemos olvidar que los que estudiamos en la universidad somos privilegiados que como contrapartida tenemos la gran responsabilidad de colaborar en la discusión pública de intereses generales.

Entre la usina de pensamiento y las universidades debe profundizarse el ámbito de producción de conocimiento con neto corte plural, democrático e inclusivo, instalando el Derecho en marcos de análisis políticos, económicos y culturales; dar batalla, en definitiva, a quienes se sirven de las normas para disfrazar la voluntad de los poderosos.

MARCELO MEDRANO

Miembro de la organización civil Convocatoria Neuquina por la Justicia y la Libertad. Abogado por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, Neuquén

MARCELO MEDRANO


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