Poética y ética “Desde la lona”
El grupo Ampoya de Trelew se suma al circuito teatral de la Hormiga Circular
Teatro
El Grupo Ampoya de Trelew regresa al Valle para ser parte del circuito teatral de La Hormiga Circular con “Desde la lona”, obra que representó a Chubut en la 30 Fiesta Nacional del Teatro.
“Desde la lona”, de Mauricio Kartun, fue estrenada en mayo de 2014 con asistencia y operación técnica de Maite Luchelli Fassa, escenografía de Ariel Testin, fotos de Germán Baraibar, diseño de Wally, y elenco conformado por Pilar Murano, José Luis Camiña, Luis Molina, director, y su hijo Ariel, entrevistado por “Río Negro” en su casa de Playa Unión.
“La poética de Mauricio, su dramaturgia, nos parece extraordinaria . No lo vamos a descubrir nosotros -cuenta Ariel Molina-. Tiene una característica particular, épica y ética. En la búsqueda de obras, coincidió el deleite por esta pieza con la cantidad de miembros del elenco que demandaba, junto a una cuestión de edades, de adecuación posible para cada personaje. Nos pareció acorde con lo que pensábamos hacer, destinarla a públicos diversos en Trelew y que pudiera recorrer otros escenarios de gira. Acá tenemos un circuito limitado para las funciones y debemos salir de la ciudad. Reunía todas esas condiciones”.
– Usaste una palabra poco frecuente en el lenguaje y en tantas actitudes humanas, ética.
-Hay distintos planos. La ética de trabajadores de teatro que somos, relacionada con desde dónde deseamos enfocar nuestro oficio. Siempre en las obras de Kartun hay un teatro dentro del teatro, muestran el qué y para qué del arte y la necesidad de encontrarnos. En la dimensión ética de lo social, en el fondo cómo deben organizarse las sociedades, en función de ella o no, la construcción de determinados íconos o no, de sostener la solidaridad o no… “Desde la lona” es muy descarnada, posee personajes que están en la lona y fue escrita en un contexto en el que nuestro país estaba también así. Que no es el actual.
Nos pareció interesante retratarlo para ver qué ocurre hoy en día con esa pintura de quienes somos. La anécdota, como ocurre con Mauricio en general, es muy sencilla y directa, pero tiene una cantidad enorme de significados por mostrar a seres humanos en el borde, en el límite. Pero, a la vez, esa coyuntura en cada una de las vidas que interactúan, es definitoria. Son los que son, pero puestos todos juntos, resulta abrumador. Todo eso, para mí, engloba la palabra ética.
– ¿Cómo está funcionando en la mirada de los espectadores?
– En pocos casos, las devoluciones han tenido que ver con esa historia devastadora, con estar en la lona; las remiten más a los personajes y no a un contexto de país. Y sin duda, fue escrita como metáfora de lo que estaba ocurriendo (1997) y no nos llega eso en los comentarios del público. En casos muy específicos, sirvió para ver cómo estuvimos, no cómo estamos. Cuando encontramos esta obra, me preocupaba que se viera qué consideraba yo se aplicaba a la realidad actual. No fue así, la lectura se reduce más a cómo es de despiadado el hombre con el hombre, cómo puede vivir en tales límites y encontrar allí una continuidad esperanzada.
– Sigue habiendo situaciones muy alejadas de lo ético, más allá de lo político y económico… Por ejemplo, el poco respeto por la vida de tantas mujeres asesinadas o maltratadas.
– Sí, hay cuestiones profundamente humanas que incluyen esos niveles de violencia, no dependen del contexto. Nos han acompañado y seguirán haciéndolo. A partir de ahí, planteaba que “Desde la lona” está creada en un contexto determinado y su resignificación actual tiene un carácter de universalidad, aparte de la anécdota puntual que plantea.
– Mencionaste el qué y para qué del arte. ¿Cómo se ve desde esa zona de Chubut, grandes distancias entre ciudades, pocas salas, mediante?
– Con ventajas y desventajas comparativas con los grandes centros urbanos. Acá tenemos menos posibilidad de contacto con otros hacedores en cualquier disciplina artística, la falta de comparación es una limitante. Se puede transformar en algo autorreferencial y hay que tenerlo claro para ser honestos en la búsqueda. Por lo que yo veo, el público es complaciente, casi en cualquier ámbito; frente al hecho que se le presenta tiene una benevolencia de base. Nuestra referencia, entonces, puede ser hubo aplauso o no, vinieron a no, entre familiares, conocidos y el círculo que hemos podido desarrollar con el paso del tiempo y el logro de determinado norte. Está en uno, encontrar nuevas referencias.
A favor tiene que al estar acá, hay otras urgencias. Teniendo una sala, como en nuestro caso, no dependemos de que nos den espacio para ensayar, estrenar; lo creativo solo tiene el límite de nuestra disponibilidad personal. No nos hace falta un productor u otro tipo de requerimientos. El trabajo artesanal va con más comodidad y esto nos hace absolutamente responsables de lo que producimos. No podemos echarle la culpa a terceros. Damos lo que podemos y son menos los condicionantes. También es poco frecuente que uno pueda vivir exclusivamente de esto, tiene que repartir sus horas en otras tareas. Yo trabajo coordinando el programa del Ministerio de Educación (de la Nación) “Centros de Actividades Juveniles”, CAJ, para jóvenes en escuelas secundarias. A contra turno, los pibes van, eligen actividades para hacer y en la mitad de los establecimientos de Chubut, disponen de esta alternativa. Después me dedico a la sala que demanda labores no relacionadas con actuar o ensayar. En Trelew somos la única sala independiente, en Puerto Madryn hay otra y se acabó, en una provincia tan grande territorialmente.