Política y escena

Por Alicia Miller

Redacción

Por Redacción

Tanto a nivel nacional como provincial, se hace difícil ver que los políticos digan lo que piensan, hagan lo que dicen o que actúen de acuerdo con lo que han jurado: el respeto a la Constitución y las leyes.

Pero también es cierto que las críticas al accionar de gobierno suelen estar teñidas también por tanta hipocresía como la que se alberga en los despachos oficiales. También los críticos -y en ocasiones como ningún otro- parecen guiados por la conveniencia o el rédito que tal actitud pueda acarrearles, más que por la convicción de que -puestos en situación de resolver- harían efectivamente lo que pregonan.

En ese extraño juego de máscaras, lo que sobran son las paradojas y esta semana ha sido rica en representaciones en la escena política de Río Negro y del país.

Amanda Isidori nunca mostró ser una pensadora de la política. Llegó al Senado por el cupo femenino y por su lealtad a Verani.

Tal vez su único minuto de «gloria» en la acción política fue cuando, en abril de este año y junto con la diputada neuquina Teresa Savrón, inició una «cruzada» contra el «seguro de desempleo» que se había organizado en el Parlamento nacional como un beneficio residual más para quienes dejaran una banca.

Sin embargo, el análisis de su decisión de dejar el recinto para permitir la derogación de la ley de Subversión Económica no puede hacerse desde su condición individual como política o como persona.

Isidori actuó allí como pieza de una estrategia que el gobernador rionegrino diseñó a partir de su necesidad imperiosa de obtener favores políticos del gobierno nacional. Pero, aun admitiendo que no lo guió la convicción sino la conveniencia, debe decirse que no fue el único en actuar de ese modo. Sólo que le tocó quedar en la mira.

Verani consiguió hace un mes que la Nación le reconociera una acreencia que él ubica en 120 millones de pesos. Aun considerando que exagere, la cifra es la diferencia entre gobernar o salir del gobierno en medio del escarnio y la anarquía.

La actitud de Isidori no es más que un gesto para lograr que Duhalde obtenga un plan de desembolsos. Y más allá de críticas que puedan hacerse a Verani como administrador, es totalmente cierto lo que dijo respecto de que todos los gobernadores firmaron como él los 14 puntos que incluían la derogación de esta ley.

No pareció muy «constitucional» el vuelo sanitario de Santa Cruz que trajo desde Corrientes al senador Chiappe, que rebozaba de salud. O la anuencia dada por lo bajo por senadores radicales que, en la tribuna, se ofuscaron. Todo muy al estilo de una «puesta en escena» y, más allá de los encendidos discursos, algo pareció evidente: sólo si el país no necesitara imperiosamente la ayuda del FMI podría prescindir de acatar sus condiciones. Es decir, la independencia es un lujo que la Argentina de hoy no puede darse. Causas, aparte.

Algo similar se advirtió, con horas de diferencia, en la Legislatura rionegrina durante la aprobación por el estrechísimo margen de un voto de los bonos Petrom con los cuales se pagará -en forma a todas luces devaluada- la deuda que el Estado mantiene con proveedores y prestadores de servicios.

En realidad, poco quedaba ya del proyecto presentado por el Poder Ejecutivo que, según coinciden oficialismo y oposición, era desprolijo, inviable, inconstitucional y desventajoso para todas las partes. Además, aun cuando hubiera pasado el filtro provincial, la Nación lo hubiera invalidado.

Antes era una emisión por 150 millones que preveía pagar salarios y gastos futuros. Ahora serán certificados de deuda para saldar pasivos consolidados, que no permitirá abonar salarios ni coparticipación municipal salvo -en este último caso- que medie la anuencia expresa de una comuna.

Para comprender la cuestión conviene hacer un análisis: claro que está mal pagar con bonos, ¡es horrible!; ¡claro que es seguir perjudicando al sector privado por los errores del sector público!; ¡claro que las regalías hidrocarburíferas deberían tener otro destino!; pero… pero también es claro que la crisis rionegrina no nació de un repollo y que ninguno de los legisladores o dirigentes que se opusieron a estos bonos esbozó siquiera una alternativa cierta y aplicable de qué hacer para evitarlos y permitir que el poco dinero que entre sea para pagar los sueldos de educación, el gas de las escuelas, los insumos hospitalarios, los reactivos para los laboratorios de Criminalística y la nafta para los patrulleros. Y ninguno de ellos estableció responsabilidades plenas.

En este punto conviene dividir las aguas: el peronismo -independientemente de que, como es habitual en los partidos nacionales, separa su discurso bífido entre lo nacional y lo provincial- siempre se opuso a autorizar endeudamiento en Río Negro y, como nunca fue gobierno aquí desde 1983, no se vio expuesto a las contradicciones que suelen plantear las alternancias. Fue coherente. Lo mismo podría decirse de diputados como Eduardo Chironi.

Distinta pareció la actitud crítica que tomaron Hugo Medina, Olga Massaccesi y Fernando Chironi, quienes -desde la Legislatura o desde el Ejecutivo- han participado activamente en muchas de las acciones de gobierno que causaron la actual situación de desfinanciamiento. Su negativa a aprobar los Petrom pareció, entonces, un intento por instalarse como espacio propio y diferenciado del veranismo y del mendiorismo, ante la perspectiva de la pronta inauguración de una nueva etapa electoral.

Pero para puesta en escena, la representación en varios actos de la concejala Cynthia Hernández en el Concejo Deliberante de Roca no ha tenido desperdicio. Desde algunas lágrimas hasta toda suerte de argumentos improbables, para llegar -como broche de oro- a donar como si fuera propio aquello que está en litigio…

¡Y abajo el telón!

Alicia Miller

amiller@rionegro.com.ar


Tanto a nivel nacional como provincial, se hace difícil ver que los políticos digan lo que piensan, hagan lo que dicen o que actúen de acuerdo con lo que han jurado: el respeto a la Constitución y las leyes.

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