Política y gestión

El gobernador y sus aliados tienen mucho que hacer en gestión.

Por Redacción

ALICIA MILLER amiller@rionegro.com.ar

El kirchnerismo logró en Río Negro un triunfo importante en las PASO. Fue de los más amplios, en medio de una derrota generalizada que golpeó a la presidenta y a su círculo político. En el país, fue apenas una anécdota. Río Negro representa el 1,6% de los electores, cuando la provincia de Buenos Aires concentra ¡el 37,3%! Para el peronismo rionegrino, un envión a la mística partidaria, abollada por la realidad de tener gobierno propio con gobernador de otro signo político. Y para Miguel Pichetto, un espaldarazo. En Viedma, en el festejo, el senador aseguró que “el Frente para la Victoria en Río Negro, unido, es indestructible”. Aun así, sabe muy bien que el poder en el FpV tiene consistencia líquida. Le cuesta consolidarse. En estos dos años, Pichetto ha ido de la gloria al destierro, de ida y vuelta. Ahora marcha de la mano con Weretilneck y con casi todos. También Martín Soria sabe de tal inconsistencia cuando pendula entre la adhesión y la crítica al gobierno provincial. Y el gobernador Alberto Weretilneck acaba de recordar la complejidad del poder. Sabe que los votos que cosechó Pichetto no le son coparticipables. Su sector sólo llevó en las listas de titulares a Luis Bardeggia, que no fue incluido en los afiches de campaña en los que aparecieron junto a la presidenta Pichetto, Silvina García Larraburu y María Emilia Soria. El cipoleño asumió el trago amargo: declaró que en las PASO se plebiscitaba el gobierno y se asoció al resultado. El radicalismo, la fuerza política que, de la mano de Ernesto Sanz, confía en convertirse en la alternativa a la multiplicidad de matices del peronismo, llevará en octubre como candidato a un radical K. Miguel Saiz procurará no parecerlo y reforzar la estructura del partido para garantizarse los votos históricos. Aun así, está en duda que logre evitar un destino de dispersión. El resultado también fue bueno para el Frente Progresista. Sus votos, en relación con los del radicalismo, le aconsejan a Magdalena Odarda trabajar fuerte, ya que dos elementos móviles jugarán en octubre en torno a su lista: • perderá los votos que históricamente siguen a los aparatos electorales tradicionales; • ganará votos radicales anti-K y de quienes se resistan a votar a Saiz por considerarlo responsable de perder el gobierno. Irónicamente, Odarda, que votó gran parte de las iniciativas que propuso Saiz, no parece verse afectada por su desprestigio. En lo que respecta al gobierno provincial, los resultados ratificaron las encuestas: aun con lo que le costó arrancar, el gobierno de Weretilneck es mejor valorado que sus inmediatos anteriores radicales. Lo saben quienes –desde el justicialismo y desde el Frente Grande– buscan retener el gobierno en el 2015. Sin una buena gestión, no hay horizonte para ninguno de ellos. Para Weretilneck, es claro que podrá avanzar mientras siga firme el acuerdo explícito para sostener su gestión, pero sus pretensiones de sucesión dependerán de voluntades ajenas. En tanto, en el peronismo el distanciamiento entre el pichettismo, el sorismo y los peronistas integrados al gobierno se ha reducido a niveles mínimos después de las elecciones. También los enlaza fuertemente la próxima elección de intendente en Bariloche. Lo que suceda en la ciudad cordillerana resultará clave para saber cómo se ubica el FpV en la ciudad –golpeada por varias crisis económicas y políticas en los últimos años– y cuál es el peso relativo de los socios de la coalición gobernante. Pero, como suele suceder cuando en política no existe un mando único, todo es allí motivo de discusión. La prescindencia de Weretilneck y la presentación de un candidato del Frente Grande –Carlos Valeri– hace que el PJ asuma otra posibilidad, pero también otro riesgo. No sólo requiere ver qué aval logra Valeri, sino también el radical Hugo Castañón, Gustavo Gennuso de Pueblo, Adolfo Fourés de Sur y Claudio Lueiro del PPR-PRO. Bariloche tiene una tradición de un voto pensado y, en muchas ocasiones, diferente de las mayorías constituidas en la provincia e incluso en el país. Además, esta elección tiene un contenido esencialmente local y unipersonal que limita la influencia de los aparatos políticos y privilegia las características individuales y la confiabilidad de cada candidato. No casualmente nadie resigna ningún esfuerzo. Martini esgrime los meses que lleva al frente de la gestión. Pero el déficit de servicios e infraestructura en la ciudad es grande. Y esto vuelve más cómoda la posición de la oposición, con las manos más libres para cuestionar y proponer. De la dispersión de la oposición depende que gane o no alguno de los candidatos que presentan los partidos del FpV. Desde Pueblo, ven con expectativa el crecimiento de Gennuso. Y en el FpV temen que esto pueda comprometer el resultado. En el acto del viernes, Pichetto se presentó como el gestor de obras y contactos nacionales y el representante de la “bendición” de la presidenta Cristina Fernández en favor de la intendenta interina María Eugenia Martini. También insistió una y otra vez con su discurso de unidad frentista. Y Martín Soria se mostró liderando el vínculo con los intendentes y con un discurso mucho más confrontativo frente a la declaración de prescindencia del gobernador . Por la tarde, la conflictividad en la Liga de Intendentes había tensado la cuerda en una sucesión de reclamos hacia el gobierno provincial. La presencia del ministro Ernesto Paillalef en el acto de la noche permitió atenuar las quejas. Aun así, el gobernador y sus aliados tienen mucho que hacer para reforzar la gestión. Sólo en algunas áreas se advierten buenos resultados. En otros –como Seguridad– los problemas son tantos que ninguna estrategia intentada hasta ahora parece encaminada a lograr efectos firmes.