Cuando ganar, no es ganar del todo: la UCR tiene nuevo presidente en Chubut
El gobernador Ignacio Torres impuso a su candidato como nuevo presidente de la UCR. Será el intendente de Trelew. Los “rebeldes” del interior anunciaron que serán oposición. Los costos políticos.
El intendente de Trelew Gerardo Merino fue consagrado como el nuevo presidente de la Unión Cívica Radical de Chubut. La Convención se realizó este sábado en Esquel con una importante concurrencia. Este es el escueto resumen de la noticia. Pero quedó mucha tela para cortar. Merino pudo llegar a la cabecera de la mesa sin despeinarse. Pero lo hicieron transpirar demasiado. Y no los de afuera. Sino los de adentro. Elevaron a la categoría de “adversario peligroso” a un dirigente del interior profundo solo por el hecho que había pegado dos gritos en una reunión del partido.
Con el apoyo de dirigentes históricos y otros con un fuerte sentido de pertenencia interna como el intendente de Rawson Damián Biss, ese adversario peligroso tomó las armas y ni bien terminó la Convención anunció la creación de un espacio opositor dentro de la misma UCR al que llamará Radicalismo Federal.
De más está decir que Merino tendrá que batallar mucho para alcanzar la unidad de un partido que tras la reunión de este sábado y los vertiginosos días previos quedó resquebrajado. Y también quedó colgando sobre los hilos la alianza con el gobierno. Una cosa es el radicalismo fuerte y aglutinado que llegó en 2023 a formar una alianza con Ignacio Torres y colaborar de gran manera a que gane la gobernación. Y otra es este partido, golpeado en la frente con su propia frente.
Las primeras palabras del flamante presidente eran las que se esperaban de un dirigente preparado para guiar a un partido con historia propia, con pasado glorioso: “Hay que dar vuelta la página. El enemigo no está adentro sino afuera. Vamos a trabajar por la unidad del partido”. Merino lo hará, de eso no hay dudas. Hay que ver hasta dónde llegan sus deseos.
En el medio de la parafernalia de los últimos días apareció el gobierno provincial. El gobernador Ignacio “Nacho” Torres hizo saber su preferencia por Merino cuando percibió la aparición en el firmamento partidario de Sergio Guajardo, aquel dirigente del interior profundo de los dos gritos. Entonces aquel Merino que no tenía que mover un pelo para ser presidente, debió transpirar en vano, más de la cuenta.
Hubo denuncias de aprietes y ofrecimientos de trabajo a cambio de votos, algo, claro, jamás comprobado. El “uso del aparato” provincial empezó a circular de manera imparable por las siempre dispuestas redes sociales y hasta hubo efectos colaterales no deseados que pusieron al gobierno de Torres en el peor lugar. Hay que recordar que Torres es del PRO, que el radicalismo fue su principal aliado en 2023, que lo llevó a la victoria y que por entonces, el presidente era Damián Biss. Hoy Biss es el enemigo público número uno. Del gobierno y de Merino. Lo despidieron de la Convención con cánticos obscenos y sonrisas socarronas y lo vincularon con el kirchnerismo en todos esos sitios sospechados de pertenecer al poder provincial.
En la “muñeca” de Merino estará poner punto final a esos enfrentamientos estériles que a través de los años tanto daño les hicieron al partido de Alem quien pidió en su testamento político “que se rompa pero que no se doble”.
La herencia de la última interna dura que se remonta a 1999 es clara: el radicalismo no gana desde entonces una elección provincial por si solo. Debió recurrir a esta última alianza para volver a sentir el olorcito fresco de un poco de poder porque de lo contrario hubiera chocado dos veces con la misma piedra.
Que no pase lo mismo está en manos de la flamante conducción. Merino hizo los méritos necesarios para demostrar que puede hacerlo. Pero el primer problema a resolver no se le presenta afuera sino adentro. En aquellos que, en poco tiempo, crearon una inestabilidad partidaria que de no corregirse puede debilitar la alianza.
Una parte, la de Sergio Guajardo y Damián Biss ya anunció que hará rancho aparte. Habrá que ver si eso también significa sacar los pies del plato y emigrar hacia otros espacios tentadores. Es que su mensaje siempre fue que no quieren un radicalismo que sea vagón de cola en las alianzas sino uno que tenga identidad propia y que, sobre todo, no se doble.
Merino ganó y buscará un radicalismo fuerte. Se puede decir que Torres también ganó porque apostó abiertamente por Merino. Igual que sus adláteres, más papistas que el Papa y que mediante el uso de la fuerza del poder, provocaron daños fuertes que las redes sociales se encargaron de replicar. Y en las redes se puede quedar enredado. Guste o no.
El gobernador hizo una apuesta fuerte para asegurar una alianza que ya tenía asegurada. Quizá su intención fue fortalecerla. Por eso, estuvo este sábado en Esquel, al mismo tiempo que se realizaba la Convención de un partido al que no pertenece. Los resultados no tardarán en verse.
Se dice que muchas veces hay victorias “a lo Pirro”. La frase hace referencia a una historia muy lejana en el tiempo, tanto que se produjo antes de Cristo.
Tiene que ver con la victoria de Pirro, rey de Epiro, sobre los romanos en una batalla que le costó la muerte de miles de sus hombres. Tanto fue el costo de aquella lucha que el mismo Pirro dijo: “Con otra victoria como esta, estoy perdido”.
Ergo: hay luchas que acaban arruinando al vencedor.
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