«El límite es Neuquén»: Julieta Corroza explicó los motivos de su rechazo a la ley de tierras

Julieta Corroza explicó el rechazo a la ley de tierras: "No somos oficialistas ni opositores, defendemos el suelo y los recursos neuquinos".

La senadora nacional explicó los entretelones del proyecto de tierras en el congreso (Emiliano Ortiz)

La senadora nacional del bloque Comunidad/La Neuquinidad reveló los entretelones de la negociación en la Cámara Alta. Aseguró que la provincia no acompañará iniciativas que atenten contra el cuidado de sus recursos naturales y respaldó la postura fijada por el gobernador Rolando Figueroa.

El tratamiento del proyecto de ley nacional en el Senado de la Nación volvió a colocar a Neuquén en el centro de la escena política. En una sesión precedida por intensas negociaciones y cambios de último momento —que incluyeron la quita del capítulo de tierras y la modificación del artículo sobre manejo del fuego—, la postura de la representación neuquina resultó determinante para marcar el rumbo de la discusión a nivel país.

La senadora nacional Julieta Corroza fundamentó las razones por las cuales el espacio no acompañó esas modificaciones al texto original. La legisladora remarcó la necesidad de proteger el territorio, consolidar el ordenamiento del suelo provincial y priorizar las necesidades locales por sobre las presiones de la política central.

La parlamentaria repasó las tensiones previas al debate, los planteos técnicos elevados desde la provincia y el mandato político con el que se posiciona en el Congreso.

—¿Cómo fue el proceso que llevó a retirar el capítulo de extranjerización de tierras y el de manejo del fuego en el Senado?

—Esta ley se venía trabajando desde fines de marzo. Tuvo dictámenes de mayoría y minoría, este último con disidencias de senadores que teníamos dudas con extranjerización y manejo del fuego. Tuvo 17 modificaciones desde que entró hasta que llegó al recinto. Nosotros integramos un grupo de senadores dialoguistas que buscamos consensos. No somos ni opositores cerrados ni oficialistas a ciegas; representamos a Neuquén. Teníamos una postura clara, reforzada por el gobernador Rolando Figueroa tanto en la Legislatura como en Varvarco, donde anunció que la neuquinidad no iba a acompañar la venta de tierras a extranjeros.

—¿Esa postura explícita del gobernador le generó presiones o alivio antes de la votación?

—A mí me dio alivio. Tengo un solo jefe político que es Rolando Figueroa, y el jefe de nuestro equipo son los neuquinos. No hay otra persona que condicione nuestro voto. Votamos en pos de que a Neuquén le vaya bien. Fue un tema controversial, de enorme trascendencia nacional, donde se involucró el ciudadano de a pie que no suele opinar de política.

—¿Cómo evaluó el desempeño del oficialismo nacional en la conducción de la ley?

—Hubo mucha falta de información. No se explicó ni se promocionó bien de qué se trataba. La gente opinaba sobre el proyecto inicial, pero nosotros desde el primer día pedimos que no se eliminara el capítulo del Renabap, porque iba en contra de lo que hacemos en Neuquén con la regularización de barrios como 2 de Mayo, 7 de Mayo o El Nido. En manejo del fuego aportamos nuestro marco regulatorio, como la Ley 3555, para que se delegue en las provincias la aplicación de sus propias normas.

—¿Por qué era inadmisible para Neuquén el apartado de extranjerización de tierras?

—Primero, porque no tiene sentido elevar el cupo cuando en el país ni siquiera se alcanzó el porcentaje permitido. En Neuquén, según datos del Conicet, el 54% del departamento Lácar y el 11% de Catan Lil están en manos extranjeras. Había margen suficiente dentro de la ley actual. Pero además, por una cuestión de principios: la banca representa un modelo de gobierno que predica el cuidado de los recursos naturales. Era incongruente acompañar una medida que afectaba el costo patrimonial y ambiental de la Patagonia.

—Suele sostenerse que un solo voto define la balanza. ¿Cómo vivió la exposición mediática y las críticas previas?

—Aprendí a mantener la calma y a no reaccionar de manera impulsiva. Escuché barbaridades de gente que daba cosas por hechas cuando ni el gobernador ni yo nos habíamos manifestado públicamente hasta el lunes previo. A veces hay que votar cuestiones con las que una no coincide en lo personal; en esta coincidí alineadamente lo que siento, lo que pienso y lo que hice. Hay un objetivo más grande, que es la transformación de la provincia.

—¿Se busca monetizar la actividad de Vaca Muerta sin descuidar el desarrollo social?

—Exactamente. La relación y el diálogo entre el gobernador y el Gobierno Nacional garantizan que el desarrollo energético e hidrocarburífero beneficie tanto a Neuquén como al país. Vaca Muerta requiere estabilidad jurídica y resguardo para las operadoras, pero eso sirve en la medida en que impacte en el metro cuadrado del neuquino: en los 1.000 kilómetros de rutas nuevas, en los 100.000 metros cuadrados de escuelas y en las obras esenciales que estamos ejecutando.

—En el plano político local, ¿esta construcción implica una distancia definitiva de la estructura del MPN?

—No hay que renegar de las raíces ni de dónde venimos; hubo cosas que se hicieron bien y otras muy mal. La ciudadanía dio la oportunidad de gobernar con un nuevo modelo a través del frente Comunidad y La Neuquinidad. Ya no sirven los sellos partidarios ni las miradas sesgadas; existen las personas y los equipos. En Buenos Aires, si votás a favor de una ley, te dicen «mileísta», y si votás en contra, «kirchnerista». No pertenezco a ningún partido nacional; mi única respuesta es hacia Neuquén.

—¿Qué conducta adoptará el bloque de cara a los próximos proyectos legislativos del Ejecutivo Nacional?

—Mantendré siempre la discreción y la responsabilidad de no opinar de las leyes antes de tiempo. Hablar antes genera desinformación y violencia en redes sobre textos que después cambian. Hay que dejar que el Senado trabaje en comisiones, discuta y consensúe. Voy a seguir del lado del diálogo, llevando con humildad el modelo Neuquén, convencida de que los desafíos actuales requieren superar las barreras partidarias.


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