Pablo Fontana, especialista en Antártida: la presencia argentina en el continente “es una cuestión de soberanía”

Pablo Fontana, integrante del Instituto Antártico e historiador especialista en el continente blanco, participó de las actividades por el aniversario del Museo Malvinas de Bariloche con una charla sobre la historia geopolítica de la Antártida.

Por Lorena Bermejo

Pablo Fontana, investigador especialista en Antártida, presentó su libro en el contexto del aniversario del Museo de Malvinas en Bariloche. Foto: Chino Leiva

“Cada vez hay más ciencias sociales en la Antártida”, señaló Pablo Fontana, en diálogo con Diario RÍO NEGRO. Su primer viaje fue en 2015, y desde entonces va cada temporada con la misión de conservar las construcciones en las islas Orcadas y en el cerro Nevado, que fueron bases científicas a principios del siglo XX y hoy son patrimonio histórico del país.

Además de investigador del Conicet e integrante del Instituto Antártico Argentino, actualmente Fontana ejerce como coordinador de Relaciones Internacionales de la Universidad de Tierra del Fuego en Ushuaia, donde vive. “Mi pasión por la Antártida empezó por el montañismo”, admitió el historiador y afirmó que el estudio del continente blanco “tiene un poder muy fuerte motivacional para despertar vocaciones científicas” en los jóvenes.

Su libro “La pugna antártica” recorre el segundo período de llegada de la argentina al continente vecino, entre 1939 y 1959. “No se enseña lo suficiente sobre la Antártida, tendría que estar más profundizada en la currícula escolar el concepto de una Argentina bicontinental”, señaló el historiador. Esta semana ofreció una charla sobre la historia geopolítica de la Antártida, en el contexto del aniversario del Museo de Malvinas en Bariloche.

«La pugna antártica», libro de Pablo Fontana.

Los años que recorre su libro “fueron un período donde Argentina se plantó frente a potencias como el imperio británico, y le fue muy bien”, explicó Fontana, que está convencido de que se trata de un hito histórico: “Es como si nadie supiera sobre el partido de Maradona en el 86’”.

La base Melchior, el inicio de las campañas de verano, y el primer vuelo argentino sobre la región, fueron algunos de los hechos de esa década que marcaron la presencia permanente en la Antártida, previo al Tratado de 1959. “Fue ahí cuando la ciencia adquirió una dimensión política muy clara”, explicó Fontana, y aclaró que “uno de los grandes valores del tratado es la cooperación internacional, al evitar que ciertos intereses de los Estados no se manifiesten en guerras sino en una competencia de tratar de ser los que mejor cuidan y mejor estudian la Antártida”.

En este sentido, mencionó la importancia de la actividad científica para proteger los recursos. “Por ejemplo la convención que regula la pesca de krill y otros peces de la zona. Las cuotas se fijan según las investigaciones científicas sobre cómo afecta la pesca al ecosistema. Esa es una relación directa de todos los años entre la ciencia, la protección del medioambiente y la administración de los recursos vivos”, explicó Fontana.

Cuestión de soberanía


Según el investigador, la presencia argentina en la Antártida “es una cuestión de soberanía”, y señaló que es crucial para el país defender, a través de la ciencia y el cuidado ambiental, un territorio que se supo disputar entre potencias de todo el mundo.

Es un continente prístino, muy poco contaminado. Y que te permite saber cómo era la tierra hace millones de años. Hoy en día su valor científico es lo más importante”, remarcó Fontana y afirmó que el recorte de presupuesto para ciencia y tecnología también impactó en el área: “por más que siga habiendo presupuesto para la logística antártica, hay una serie de fondos que se necesitan para insumos o procesamiento de muestras, por ejemplo, que queda sin cubrir, y el impacto es durísimo”.

Pablo Fontana, investigador especialista en Antártida, presentó su libro en el contexto del aniversario del Museo de Malvinas en Bariloche. Foto: Chino Leiva

Conservar la historia


Cuatro meses fue el tiempo récord que el investigador pasó en la Antártida. Como trabaja en la conservación del patrimonio histórico, suele ir en las campañas de verano, cuando se puede salir al territorio. “Hay momentos apasionantes y también condiciones muy duras. La dimensión humana suele ser lo más frágil y a la vez lo más hermoso”, señaló.

Su proyecto administra dos de las ocho antiguas casas, refugios que a principios del siglo XX se utilizaron como bases científicas y que hoy están protegidos como sitios históricos. La casa Omond, en las islas Orcadas del Sur, que conserva la estructura original de la primera base permanente en la Antártida, y el refugio Suecia, construido en 1902, donde hibernó el primer argentino que hizo ciencia en la Antártida.

“El suelo es de permafrost y por el cambio climático se está viniendo abajo”, relató Fontana, y remarcó que la postura del gobierno nacional al respecto impacta en “un montón de temas de investigación que están relacionados con los efectos del cambio climático y se ven afectados”.


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