Políticas de Estado para los jóvenes

Redacción

Por Redacción

BAUTISTA MENDIOROZ (*)

Los jóvenes han sido y son un gran motor en la historia de las transformaciones políticas, sociales y culturales. Sobran ejemplos a través de los siglos. Hoy mismo, en todo el mundo, son responsables, directos o no tanto, de los cambios globales que se están produciendo. Son, simbólicamente hablando, la transgresión bien entendida que posibilita que la historia dé saltos cualitativos y cuantitativos hacia el progreso. Nuestra región, Latinoamérica, y por supuesto Argentina no escapan a esta afirmación. De hecho, también lo son y deben serlo en nuestra provincia de Río Negro. Sin embargo, también son la masa de población (junto a las mujeres y los niños) que se considera más vulnerable, en un tiempo en el que la creación de derechos los tiene, paradójicamente, como uno de sus principales objetivos. La OIT (Organización Internacional del Trabajo) proyecta que en el 2013 serán más de 200 millones los jóvenes sin empleo y, por lo tanto, sin ingresos, sin sustantividades básicas, sin futuro, sin movilidad social ascendente. En nuestro país, la tasa de desempleo abierto de los jóvenes de entre 18 y 24 años más que duplica la media de desocupación, llegando a entre 16% y 18% del total de la población económicamente activa. Por supuesto que la informalidad y el trabajo en negro son otra patología laboral preocupante, que va in crescendo. Es cercana al 40% y, mientras el tipo de cambio siga siendo poco competitivo, este fenómeno puede incrementarse, entre otras causas. Asimismo, tenemos el tremendo fenómeno de los “ni-ni”, los jóvenes que no trabajan ni estudian. Éstos son hoy, aproximadamente, unos 800.000, aunque algunos hablan de hasta un millón. Una cifra espeluznante. Son básicamente tres los problemas que afectan a esta franja etaria: a) los jóvenes que no terminan la escuela, b) los que no acceden a su primera vivienda y c) quienes no pueden conseguir su primer empleo (o por lo menos su primer empleo digno, de calidad, en blanco). El Estado no puede permanecer impasible ante dicha situación de exclusión y cercenamiento de derechos porque, de seguir esta tendencia, las más graves situaciones de abulia, adicción y delincuencia continuarán siendo un flagelo cada vez mayor y de más dificultosa solución. Las políticas públicas (sociales, económicas, laborales, educativas, deportivas y culturales) deben mancomunarse y converger hacia un punto de quiebre de statu quo. Si no, los jóvenes en lugar de sujetos de derechos serán cada vez más objetos de exclusión e indiferencia. Sabemos asimismo que, hasta el 2007, la creación de empleo siguió la velocidad de crecimiento del PBI, cuestión que ya no sucede; es más, es probable que se estén destruyendo puestos de trabajo o que se estén creando cada vez más empleos en negro o de baja productividad. Desde el parlamento rionegrino hemos propuesto una política (parcial, va de suyo, pero un paso, un mojón) que, entendemos, contribuye y mucho al comienzo del fin de una de las problemáticas señaladas más arriba: la creación del Sistema de Incentivos Fiscales para las pymes y para la obtención del primer empleo joven y de calidad. Dicho proyecto ha sido aprobado por unanimidad en primera vuelta. El mismo consiste en un sistema de incentivos tributarios para aquellos empresarios de la pequeña y mediana empresa, del sector privado de la economía, que se encuentren radicados en la provincia, que ofrezcan empleo remunerado de calidad a jóvenes de entre 18 y 29 años que estén en situación de paro o desempleo o bien que su empleo esté en negro, sin cargas sociales. El incentivo posee una tasa general de 50% del total de cargas sociales, a través de un crédito fiscal de los impuestos provinciales sobre los Ingresos Brutos, Inmobiliario y Automotor, ligados a la actividad de la empresa y por el término de dos años, por cada nuevo empleo generado o bien por aquellos que se “blanquean”. Más y mejor empleo, que redundará en mayor demanda efectiva, más recaudación fiscal, más producción, menor pobreza y desigualdad, más dignidad y esperanza, más ciudadanía, mayor empoderamiento para los jóvenes, son algunos de los objetivos que se lograrán de ser efectiva la propuesta y que vivificarán algunos de los fines más nobles de la política. No sólo se trata de ser jóvenes por transitar un tiempo biológico y ser rebeldes; se trata, ante todo, de resignificar la idea de juventud como portadora de fuerzas de cambio y proyecciones hacia un futuro de desarrollo, en paz, democracia e igualdad. (*) Presidente del bloque de legisladores de la UCR-Alianza Concertación para el Desarrollo. Río Negro


BAUTISTA MENDIOROZ (*)

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora