Por el Acuerdo de París
Cuando en la Cumbre sobre el Cambio Climático, celebrada en París en diciembre pasado, se aguardaba la aprobación del Acuerdo contra el calentamiento global, un grupo de delegados de los pequeños Estados insulares cantaban: “No te preocupes… porque cada pequeña cosa va a estar bien”. Era el estribillo del reggae “Tres pequeños pajaritos” de Bob Marley. Así mantenían viva la esperanza de que el pacto contemplaría su principal planteo durante las negociaciones: limitar la temperatura media global a 1,5 grados en vez de 2 grados como era la opinión de la mayoría de los países.
En la historia de las negociaciones climáticas se habló mucho de que dos grados de aumento de temperatura es el punto máximo para no poner en riesgo la vida humana. Ese límite, sin embargo, no refleja la situación de los pequeños países insulares y de los más vulnerables, porque superar el umbral de los 1,5 grados presenta serias amenazas: crisis migratorias y alimentarias, epidemias o incluso la inexorable desaparición bajo el mar.
Tuvalu, por ejemplo, es considerado uno de los países del mundo más vulnerables al cambio climático. Sus nueve grupos de pequeñas islas, ubicadas en la Polinesia, tienen una altitud promedio de sólo dos metros sobre el nivel del mar. Levantado sobre una serie de atolones de coral, bastaría con un pequeño aumento del nivel del mar para que una gran parte del territorio quedara sumergida.
Las inquietudes por el cambio climático de los pequeños Estados insulares son lógicas y han dejado de ser una eventualidad futura. Hace algunas semanas, el archipiélago de las Marshall, las Salomón y otros países insulares de resonancias tan exóticas como Vanuatu y Kiritabi sufrieron los estragos de ciclones y tifones y sienten ya los efectos de la erosión costera, la degradación de los hábitats marinos y la salinización del agua dulce. Todo como consecuencia del cambio climático.
Estas situaciones, que pueden parecer lejanas, se hacen más próximas si se advierte que el calentamiento global no es ajeno a la repetición y agudeza de otros fenómenos climáticos, como El Niño, que están provocando la delicada situación de inundaciones en el litoral y en otras zonas del país y del continente.
Estos fenómenos podrían adquirir aun mayor gravedad. Un informe de expertos de las Naciones Unidas en octubre del 2015 advirtió que, si se analizaran en conjunto los planes nacionales de reducción actual de gases de efecto invernadero y se extrapolaran sus efectos hasta final de siglo, el resultado sería que la temperatura media global aumentaría cerca de tres grados o más. Las consecuencias serían devastadoras.
Es cierto que expresar la temperatura de la Tierra con sólo un número tal vez no sea muy adecuado, pues los diferentes lugares del planeta se calientan de manera distinta, como sucede con las capas de la atmósfera. Pero aun así resulta en un enfoque bastante práctico, ya que simplifica las complejidades del sistema climático en una sola cifra y es un referente para medir los mayores o menores esfuerzos realizados.
El Acuerdo de París definió como meta mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 grados e incluyó la demanda de los Estados insulares: “…proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 grados con respecto a los niveles preindustriales”.
Mañana se realizará en Nueva York, en la sede de Naciones Unidas, una ceremonia de alto nivel que reunirá a jefes de Estado y de gobierno. En ese momento se espera que más de 140 países, incluyendo al nuestro, firmen el pacto, el primer paso para su entrada en vigor. También lo harán Estados Unidos y China, las dos economías que más gases de efecto invernadero emiten a la atmósfera, y los demás miembros del G20.
Pero los Estados insulares –como las islas Marshall, Fiji, Palau y Maldivas– se convertirán en los primeros en firmar y ratificar el acuerdo entre 195 países. En el ámbito internacional, la firma y la ratificación son dos actos distintos y sucesivos. La ratificación, generalmente, sigue a la aprobación por los parlamentos nacionales. Es el número de ratificaciones lo que determina la entrada en vigor de un compromiso internacional.
Para que el Acuerdo de París sea una realidad requiere que lo ratifiquen al menos 55 países que, en conjunto, representen el 55% de las emisiones globales de dióxido de carbono. Por ello, a pesar de sus claros objetivos y del mensaje de esperanza contenido en la canción de Bob Marley, los Estados insulares y también el mundo tienen aún bastante de qué preocuparse.
(*) Abogado y diplomático
Se espera que mañana en Nueva York más de 140 países, incluyendo –además del nuestro– a EE. UU. y China, firmen el pacto. Es el primer paso para su entrada en vigor.
Opiniones
Eduardo Tempone (*)
Datos
- Se espera que mañana en Nueva York más de 140 países, incluyendo –además del nuestro– a EE. UU. y China, firmen el pacto. Es el primer paso para su entrada en vigor.