“¿Por qué nos emocionamos tanto cuando juega la selección?”

Por Redacción

Muchos no deben entender esta, llámese “locura”, “pasión”, “amor”, “estupidización”, “ignorancia”, etcétera. Muchos nos miran como bichos raros porque quieren creer que esto sólo se limita al mundo de lo deportivo y al mundo de lo futbolístico.

Muchos creen y entienden que hay cosas mucho más importantes por las que preocuparse que la selección que nos distrae con su estrategia de “once ‘personas’ corriendo atrás de una pelota” (sic). Muchos creen pocas cosas.

Lo cierto es que somos muchos los bichos raros, millones, propagados por las calles, las veredas, los barrios y las casas, en los campos y en las ciudades, en los llanos y en las montañas. No somos una plaga porque, cuando la selección juega, no avanzamos, nos petrificamos. Ese reflejo de petrificación es quizá la mejor defensa que tenemos ante los depredadores que amenazan nuestros ideales de libertad y justicia. Libertad que nos da cada grito de gol y justicia que se imparte en noventa minutos. Quizá es la selección el mejor arma que tenemos para atacar el dolor, el desgano, el día a día, y la impotencia de sentirnos estafados por quienes nos gobiernan como si fuesen los árbitros mejor “comprados” del mundo.

Guste o no, es el deporte lo único que nos hace sentir ese sentimiento “del ser”, lo único que no nos avergüenza de decirlo ni menos de gritarlo, lo único que nos hace sentir unidos y fuertes, lo único que nos proporciona ese empuje para aguantar con el cuerpo la cotidianidad de nuestras vidas, lo único que nos hace llorar en el hombro del otro.

No creo que quienes no entiendan de pasiones se atrevan a decir que no se pueden emocionar cuando juega la selección, porque quienes sí nos emocionamos sólo sabemos de una pasión: la selección.

Oscar D. Vásquez

DNI 32.695.036

“Somos muchos los bichos raros, millones, propagados por las calles, las veredas, los barrios y las casas, en los campos y en las ciudades”.

Oscar D. Vásquez

DNI 32.695.036

Chos Malal

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“Somos muchos los bichos raros, millones, propagados por las calles, las veredas, los barrios y las casas, en los campos y en las ciudades”.

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