Presupuesto para otro país
Es factible, si bien poco probable, que haya uno o dos diputados oficialistas que realmente crean que el año que viene la tasa de inflación se aproximará al 10,2% y el producto bruto nacional crecerá el 6,2%, como se prevé en el presupuesto 2014, pero los demás habrán entendido muy bien que sólo se trata de otro aporte imaginativo al relato que están escribiendo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y ciertos integrantes de su entorno. Así y todo, por motivos que podrían calificarse de políticos, el bloque oficialista, robustecido por siete aliados inesperados, entre ellos un radical, logró aprobarlo con facilidad. También fue prorrogada una vez más la ley de emergencia económica; parecería que, a juicio del gobierno mismo, “la década ganada” no sirvió para que el país volviera a la normalidad y por lo tanto hay que permitir que Cristina, Guillermo Moreno, Axel Kicillof, Hernán Lorenzino, Mercedes Marcó del Pont y compañía sigan manejando la economía con la libertad a la que se han acostumbrado, sin verse constreñidos a perder el tiempo negociando acuerdos con sujetos resueltos a poner palos en la rueda. La voluntad de los legisladores de cohonestar así lo que todos saben que es sólo una fantasía puede atribuirse a la conciencia de que, desde su punto de vista personal, importa menos la realidad económica que su propia relación con el Poder Ejecutivo actual y que, de todos modos, a esta altura sería inútil tratar de obligar a Cristina a adoptar una actitud más realista. Mal que bien, los dados ya están echados y, con las elecciones legislativas a un mes de distancia, un eventual cambio de rumbo dependerá de la situación creada por los resultados que, de confirmarse las previsiones de los encuestadores, serán muy negativos para el gobierno nacional. Aunque algunos suponen que en tal caso la presidenta no tendría más alternativa que tomar medidas destinadas a reducir las gravísimas distorsiones provocadas por subsidios insostenibles, un déficit energético cada vez más alarmante, la sangría de capitales y así por el estilo, otros vaticinan que procurará “profundizar el modelo”, emprendiendo una fuga desesperada hacia adelante con el propósito de imputar el fracaso previsible de su intento de dejar atrás la debacle que con toda seguridad se produciría a un “golpe de mercado” impulsado por “las corporaciones” y sus socios. Puesto que Cristina sigue insistiendo en que nunca se le ocurriría aplicar algo tan feo como “un ajuste”, es posible que éstos hayan acertado. Al gobierno kirchnerista le fue fácil privar al país de estadísticas confiables. Le bastaron una orden del entonces presidente Néstor Kirchner y la colaboración vigorosa de Moreno. Lo que no ha podido hacer es forzar la realidad subyacente a adaptarse a las estadísticas confeccionadas por el Indec intervenido. Mientras que, según los números oficiales, en el transcurso de la gestión de Cristina la tasa de inflación apenas ha superado el 10% anual, en el país que efectivamente existe se ha mantenido por encima del 20%. También se han alejado de la verdad kirchnerista los índices correspondientes a la pobreza y al crecimiento global que, en opinión de virtualmente todos los economistas independientes, ha sido decididamente inferior al insinuado por aquellas relucientes “tasas chinas” del relato oficial. No se trata de un detalle menor. De aferrarse el gobierno al 5,1% para el 2013 que figura en el presupuesto 2014, el país tendría que dar a los bonistas mayormente extranjeros casi 4.000 millones de dólares más de lo que sería el caso si aceptara que están en lo cierto las consultoras privadas que dicen que será del 2,8%. En el exterior, el que un gobierno tan preocupado por la falta de dólares como el de Cristina haya estado dispuesto a pagar un precio tan alto por una cuestión de orgullo ha motivado estupor, pero sucede que, a ojos de los kirchneristas más fervorosos, el relato triunfalista que han inventado vale muchísimo más que las decenas de miles de millones de dólares que ya han despilfarrado en su nombre, de suerte que no extrañaría demasiado que prefirieran gastar algunos más a confesar que se basa en una mentira y que, desgraciadamente para el grueso de los habitantes del país que pronto tendrá que pagar los costos de “la década ganada”, el saldo de su “modelo” difícilmente podría ser peor.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Lunes 30 de septiembre de 2013
Es factible, si bien poco probable, que haya uno o dos diputados oficialistas que realmente crean que el año que viene la tasa de inflación se aproximará al 10,2% y el producto bruto nacional crecerá el 6,2%, como se prevé en el presupuesto 2014, pero los demás habrán entendido muy bien que sólo se trata de otro aporte imaginativo al relato que están escribiendo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y ciertos integrantes de su entorno. Así y todo, por motivos que podrían calificarse de políticos, el bloque oficialista, robustecido por siete aliados inesperados, entre ellos un radical, logró aprobarlo con facilidad. También fue prorrogada una vez más la ley de emergencia económica; parecería que, a juicio del gobierno mismo, “la década ganada” no sirvió para que el país volviera a la normalidad y por lo tanto hay que permitir que Cristina, Guillermo Moreno, Axel Kicillof, Hernán Lorenzino, Mercedes Marcó del Pont y compañía sigan manejando la economía con la libertad a la que se han acostumbrado, sin verse constreñidos a perder el tiempo negociando acuerdos con sujetos resueltos a poner palos en la rueda. La voluntad de los legisladores de cohonestar así lo que todos saben que es sólo una fantasía puede atribuirse a la conciencia de que, desde su punto de vista personal, importa menos la realidad económica que su propia relación con el Poder Ejecutivo actual y que, de todos modos, a esta altura sería inútil tratar de obligar a Cristina a adoptar una actitud más realista. Mal que bien, los dados ya están echados y, con las elecciones legislativas a un mes de distancia, un eventual cambio de rumbo dependerá de la situación creada por los resultados que, de confirmarse las previsiones de los encuestadores, serán muy negativos para el gobierno nacional. Aunque algunos suponen que en tal caso la presidenta no tendría más alternativa que tomar medidas destinadas a reducir las gravísimas distorsiones provocadas por subsidios insostenibles, un déficit energético cada vez más alarmante, la sangría de capitales y así por el estilo, otros vaticinan que procurará “profundizar el modelo”, emprendiendo una fuga desesperada hacia adelante con el propósito de imputar el fracaso previsible de su intento de dejar atrás la debacle que con toda seguridad se produciría a un “golpe de mercado” impulsado por “las corporaciones” y sus socios. Puesto que Cristina sigue insistiendo en que nunca se le ocurriría aplicar algo tan feo como “un ajuste”, es posible que éstos hayan acertado. Al gobierno kirchnerista le fue fácil privar al país de estadísticas confiables. Le bastaron una orden del entonces presidente Néstor Kirchner y la colaboración vigorosa de Moreno. Lo que no ha podido hacer es forzar la realidad subyacente a adaptarse a las estadísticas confeccionadas por el Indec intervenido. Mientras que, según los números oficiales, en el transcurso de la gestión de Cristina la tasa de inflación apenas ha superado el 10% anual, en el país que efectivamente existe se ha mantenido por encima del 20%. También se han alejado de la verdad kirchnerista los índices correspondientes a la pobreza y al crecimiento global que, en opinión de virtualmente todos los economistas independientes, ha sido decididamente inferior al insinuado por aquellas relucientes “tasas chinas” del relato oficial. No se trata de un detalle menor. De aferrarse el gobierno al 5,1% para el 2013 que figura en el presupuesto 2014, el país tendría que dar a los bonistas mayormente extranjeros casi 4.000 millones de dólares más de lo que sería el caso si aceptara que están en lo cierto las consultoras privadas que dicen que será del 2,8%. En el exterior, el que un gobierno tan preocupado por la falta de dólares como el de Cristina haya estado dispuesto a pagar un precio tan alto por una cuestión de orgullo ha motivado estupor, pero sucede que, a ojos de los kirchneristas más fervorosos, el relato triunfalista que han inventado vale muchísimo más que las decenas de miles de millones de dólares que ya han despilfarrado en su nombre, de suerte que no extrañaría demasiado que prefirieran gastar algunos más a confesar que se basa en una mentira y que, desgraciadamente para el grueso de los habitantes del país que pronto tendrá que pagar los costos de “la década ganada”, el saldo de su “modelo” difícilmente podría ser peor.
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