Previsible juego dilatorio del régimen
Dos días antes del esperado inicio del cese de los combates, el régimen sirio hizo estallar una bomba de relojería: el negociador Kofi Annan “interpretó erróneamente” el acuerdo, señaló. El gobierno del presidente Bashar al Assad exige ahora al enviado especial de la ONU y de la Liga Árabe “garantías por escrito”, una serie de condiciones que hacen alejarse el alto el fuego previsto para el martes. Las exigencias que hace ahora Damasco apenas son viables, pues es improbable que los rebeldes dejen sus armas antes del fin de las operaciones militares del régimen. Tampoco la Liga Árabe ni la ONU pueden dar una garantía por escrito del fin de lo que hasta ahora sólo son especulaciones: que los gobiernos de Doha, Riad y Ankara suministran armas a los rebeldes. La marcha atrás en Damasco no llega por sorpresa: el régimen de Al Assad actúa con la comunidad internacional siguiendo modelos ya conocido: hace promesas que luego no cumple. Los críticos aseguran que la cúpula sólo juega para ganar tiempo y continuar su operación militar contra los opositores. Mientras la comunidad internacional necesitará días para responder a la nueva situación, las tropas de Assad logran hechos: activistas colgaron este fin de semana nuevos videos en Internet con atrocidades del régimen.