Problema de familia
Un gobierno resuelto a combatir en serio la corrupción debería comenzar asegurando que ningún clan familiar lograra enquistarse en las reparticiones.
Puede que resulte tener razón la ya ex presidenta del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes), la frepasista Mary Sánchez, al atribuir la causa por presuntos pedidos de coima contra su hijo, Rodrigo Alemán, a las intrigas de una «red mafiosa que estafa a los jubilados en complicidad con las mutuales». Como sabemos, son muchas las «mafias» que se dedican a esquilmar a los miembros más vulnerables de la comunidad. También sabemos que es raro que sean fructuosos los intentos de investigar lo que ha sucedido en entidades como el Inaes. Sin embargo, es evidente que la defensa apasionada de Alemán por parte de quien durante años lideró el gremio docente CTERA se debe menos a la información cierta de la cual dispone, que a su relación familiar con «la otra parte de mí». Después de todo, sería natural que el íntimo lazo personal le impidiera reaccionar de forma severamente objetiva frente a un caso de esta naturaleza. Antes bien, se inclinaría por dar a su hijo el beneficio de toda duda concebible, jurando que es inocente aunque la Justicia fallara lo contrario sobre la base de datos considerados contundentes.
En los años últimos han abundado los episodios de presunta corrupción que se originaron en la propensión al parecer irresistible de funcionarios ya encumbrados a dar una mano a sus parientes, amigos y aliados políticos, favoreciéndolos con contratos, empleos o jubilaciones de privilegio. Asimismo, incluso cuando el familiar de un político importante no desempeña ninguna función oficial, la convicción de que debería estar en condiciones de determinar el resultado de una licitación o de simplificar trámites engorrosos suele ser tan fuerte, que la hipotética influencia así supuesta ha brindado una fuente de ingresos nada despreciable a ciertos individuos inescrupulosos. Lo entiendan o no los dirigentes políticos, para que la ciudadanía se acostumbre a confiar más en las instituciones del país les será forzoso librar una batalla sin cuartel contra el nepotismo y el amiguismo.
Por cierto, un gobierno que realmente esté resuelto a combatir en serio la corrupción tendría que comenzar asegurando que ningún clan familiar lograra enquistarse en cualquier repartición, en especial en una que podría resultar tentadora para un coimero o un vendedor de influencias. Pero, claro está, al presidente Fernando de la Rúa nunca se le ocurrió intentar enfrentarse con la tradición premoderna así supuesta. Por el contrario, el primer colaborador jerárquico al cual nombró resultó ser su propio hermano, Jorge, gesto que sirvió para enviar una señal nada ambigua al resto del país. No es que Jorge de la Rúa haya sido tildado de corrupto o de incompetente, es que nadie imagina que de no haber sido el hermano del presidente electo hubiera tenido la más mínima posibilidad de ocupar uno de los puestos más importantes en el gobierno nacional. Así, pues, en aquel momento se hizo previsible que andando el tiempo habría tantos casos de corrupción en la administración De la Rúa que la ciudadanía no tardaría en olvidar los producidos por la encabezada por aquel otro amigo de la familia, Carlos Menem, aunque no era de prever que tantos escándalos tendrían que ver con miembros notorios, para no decir emblemáticos, del Frepaso como Graciela Fernández Meijide, la cual fue salpicada por las denuncias contra su cuñado, Angel Tonietto, y la ex gremialista Sánchez.
Por ser Mary Sánchez una figura de cierto renombre y la Justicia desprestigiada, muchos estarán dispuestos a atribuir el eventual desenlace de la causa contra su hijo a factores políticos. De ser condenado, dirán que fue a raíz de la astucia de las «mafias» o de la complicidad de jueces «menemistas»; si la Justicia decide que no cometió delito alguno, se hablará de las presiones del gobierno o de la supuesta voluntad de ciertos jueces a congraciarse con el poder. Acertadas o no tales opiniones, será lógico que tantos, acaso la mayoría, las compartan porque, al fin y al cabo, nadie ignora que en nuestro país sería realmente insólito que una persona antepusiera el respeto por la ley a la lealtad presuntamente debida a la familia o a los amigos y que sería igualmente sorprendente que la Justicia lograra separarse por completo de la política con la cual desde hace mucho tiempo vive en una simbiosis que es sumamente malsana.
Puede que resulte tener razón la ya ex presidenta del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes), la frepasista Mary Sánchez, al atribuir la causa por presuntos pedidos de coima contra su hijo, Rodrigo Alemán, a las intrigas de una "red mafiosa que estafa a los jubilados en complicidad con las mutuales". Como sabemos, son muchas las "mafias" que se dedican a esquilmar a los miembros más vulnerables de la comunidad. También sabemos que es raro que sean fructuosos los intentos de investigar lo que ha sucedido en entidades como el Inaes. Sin embargo, es evidente que la defensa apasionada de Alemán por parte de quien durante años lideró el gremio docente CTERA se debe menos a la información cierta de la cual dispone, que a su relación familiar con "la otra parte de mí". Después de todo, sería natural que el íntimo lazo personal le impidiera reaccionar de forma severamente objetiva frente a un caso de esta naturaleza. Antes bien, se inclinaría por dar a su hijo el beneficio de toda duda concebible, jurando que es inocente aunque la Justicia fallara lo contrario sobre la base de datos considerados contundentes.
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