Colonia Nueva Esperanza, en Neuquén: ¿a quién le importa lo que pasa en esta zona de la capital?

¿De qué modo aparece esta lugar en el mapa de los funcionarios del Estado local? Luis Eduardo Ferrari Irisarri, ingeniero agrónomo con especialización en temas de riego, agroecología y planificación y gestión ambiental y docente de la UNCo durante 20 años, alerta del tema. Y plantea un debate.





– “Hay que fortalecer el polo productivo granjero de Colonia Rural Nueva Esperanza, en Neuquén capital, para que pueda dar un salto cuali-cuantitativo en su perfil productivo”.

– “Para ello hay que poner en marcha en este sector neuquino un proceso de gobernabilidad que implique reunir a la comunidad y sus asociaciones con la institucionalidad pública y discutir y proponer ideas fuerza para llevar a cabo un área pulmón de trabajo agrícola- ganadero-apícola y de protección de la naturaleza”.

Pequeños productores, en su trabajo diario, en Colonia Rural Nueva Esperanza.

– “Esta colonia tiene un ecosistema árido que necesita ser preservado como espacio natural, productivo y también cultural y de salud. En consecuencia, hay que promover y fortalecer la vegetación nativa y complementar con vegetación exótica, tareas que vienen haciendo un gran porcentaje de las familias. Hay que considerar que este espacio físico del periurbano se encuentra dentro del ecosistema árido sometido al proceso de desertificación que significa pérdida de suelos”.

Hay una situación conflictiva en referencia al tema de la tierra -uso del suelo para la producción granjera familiar- y también a la discontinuidad en la prestación del servicio de riego necesario para sostener huertas y agua de bebida para animales de granja.

Luis Ferrari, ingeniero agrónomo, investigador y académico de la UNCo

– “Además hay que poner en marcha la política pública de fomento, educación ambiental y aprender de lo que la comunidad también hace sin ningún tipo de incentivo, como sucede en las áreas de protección vegetal y pensar en declarar al periurbano de Neuquén Colonia Rural Nueva Esperanza como un “Área Protegida Natural y Productiva de Generación de Alimentos Sanos y Saludables” para el consumo del mercado local y quizás regional con el apoyo de políticas en ese sentido.

Estos cuatro planteos lo hace, a la luz de la coyuntura y pensando en el futuro, uno de los académicos regionales que más ha puesto su mira y su trayectoria de estudio e investigación en esta área de la capital neuquina. Se trata de Luis Eduardo Ferrari Irisarri, ingeniero agrónomo con especialización en temas de riego, agroecología y planificación y gestión ambiental y docente de la UNCo durante 20 años.

La pelea por la dignidad de los vecinos de Nueva Esperanza

– ¿Colonia Rural Nueva Esperanza (CRNE) está caída del mapa del poder municipal neuquino?

– La CRNE pertenece al ejido municipal de la capital neuquina (750 has.). Es un área periurbana creada para la producción granjera a escala familiar a partir de 1995 y que ocupa el sector noroeste de la ciudad. Los vecinos de este lugar luchan por preservar su dignidad y trabajo como forma de superar el antiguo modo de subsistir a través de la separación de residuos sólidos urbanos domiciliarios. Hay una situación conflictiva en referencia al tema de la tierra -uso del suelo para la producción granjera familiar- y también a la discontinuidad en la prestación del servicio de riego necesario para sostener huertas y agua de bebida para animales de granja.

La generación de alimentos sanos y saludables constituyen un derecho básico que debe fortalecerse y no una simple mercancía. La continuidad y sostenibilidad de este aspecto es estratégica para lograr la seguridad alimentaria a nivel local de la comunidad.

Se debe considerar la activa participación de la comunidad en la conformación de espacios como asociaciones de diversa índole: Asociación de Fomento Rural que opera el Matadero Rural Municipal, la Escuela Técnica de Formación en Oficios a través de la Fundación Hueche, la Feria Comunitaria Komtopayin para intercambio de productos entre miembros de la comunidad, la Comisión de trabajo Interinstitucional creada en el 2006 para coordinar acciones en territorio con todos los actores involucrados… la Escuela Primaria y Jardín de Infantes, Centro de Salud y Comedor Comunitario y el Centro de Fortalecimiento Familiar.

En este último centro, CFF, funciona desde 2021 una huerta demostrativa con riego de goteo, siendo una innovación tecnológica para hacer un uso más sustentable y cuidado del agua para riego. Recibe la activa colaboración del coordinador de la producción de plantines de verduras del ministerio de Desarrollo Social de la Provincia que abastece a los comedores comunitarios de toda la ciudad de Neuquén.

– ¿Cómo es que se fue distorsionando el propósito del origen de esta colonia rural?

– El origen fue modificar la disposición final de residuos sólidos urbanos de la ciudad -a cielo abierto y con quemas diarias por parte de los segregadores o cirujas- que contaminaba el aire y afectaba a varios barrios del oeste y gestionar la construcción de un “relleno sanitario con enterramiento y compactación en celdas revestidas con geomembranas, a través de convenio con el CEAMSE” y sin intervención de segregadores (1993-1995). Ello llevó a crear un espacio para que la población pudiera trabajar en la producción granjera familiar.

Ya lo venían haciendo en forma dispersa en una amplia superficie de la meseta en condiciones de extrema pobreza (viviendo en ranchos de cartón o chapas, sin luz, sin agua para riego, solo agua para consumo provista por el municipio). Así lo registran las ordenanzas N° 5846/93 y 8201/98.

«Hay que declarar a la Colonia Rural Nueva Esperanza como “Área Protegida Natural y Productiva de Generación de Alimentos Sanos y Saludables” para el consumo del mercado local y regional», plantea el académico e investigador Luis Ferrari, quien desde hace décadas viene estudiando con seriedad todo lo que ocurre -y no ocurre- en esta zona de la capital neuquina.

¿Qué uso se le está dando a la tierra, aquí en Nueva Esperanza?

La situación actual es preocupante por la falta de intervención y fiscalización del uso del suelo por parte de las áreas municipales pertinentes y que se enumera en los considerandos de la Ordenanza N° 13.736/17 que, como contracara, promueve la generación de políticas públicas con una visión integral y fortalecer el único “polo productivo” en el periurbano, desarrollar la economía local, fortalecer a los pequeños productores, con un enfoque territorial participativo. Hay que recordar que el ejido municipal perdió sus 4 áreas productivas en la zona del valle fluvial de los ríos Limay y Neuquén que ocupaban una superficie de 4.000 has a manos de una urbanización agresiva.

-Esta colonia, ¿hoy es un espacio rural o semiurbano?

– La colonia se encuadra en lo que se denomina periurbano, una interfase entre el campo o ruralidad y la ciudad. Es un territorio que requiere de intervenciones sociales de las distintas organizaciones allí existentes y la institucionalidad pública que garantice la gobernanza, construyendo ciudadanía y articulando las necesidades de la comunidad.

Los mecanismos participativos tuvieron su apogeo con la experiencia de poner en marcha un proyecto de fortalecimiento productivo granjero con inversión del ministerio de Desarrollo Social de la Nación entre 2006 y 2009, gestionado con las 25 familias fortalecidas allí.

– ¿Cómo es la situación urbana hoy de esta colonia rural?

– El uso del suelo asignado por el Plan Urbano Ambiental de 2001 y sus indicadores se refieren a 1) la construcción de una vivienda familiar e instalaciones complementarias vinculadas al uso productivo y el resto para el cuidado del suelo y de la vegetación nativa xerófila; 2) la necesidad de forestar con otras especies para formar cortinas forestales de protección de los vientos y 3) desarrollar espacios físicos para cultivo de huertas agroecológicas y cría de animales de granja.

Actualmente hay un avance no controlado por parte de las áreas pertinentes del municipio neuquino, de actividades totalmente ajenas al uso productivo y donde se ha dejado al azar que se trastoquen los usos del suelo derivados de la actividad hidrocarburífera, tales como torres de perforación para su mantenimiento, corralones de servicios de la construcción, la mecánica ligera y de maquinarias de mayor porte, comercios minoristas de abastecimiento de alimentos y otros rubros como ferretería. Es decir se violan las normas legales vigentes.


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