Puso a prueba a CFK
No se puede ser ingenuo. Esta suerte de enfrentamiento final, a más de un año y medio de la muerte de Néstor Kirchner, entre la presidenta Cristina Fernández y Hugo Moyano, responde más a una pelea por el poder político que a una disputa gremial. Es que, en medio de las discusiones paritarias del sindicato de los camioneros (los trabajadores reclaman un aumento del 30 por ciento y sus empleadores ya aceptan pagar el 21 y no cierran la negociación), los rudos chóferes que responden a Pablo, el hijo del hasta aquí secretario general de la CGT, empezaron afectando los cajeros automáticos, actualmente generan inconvenientes en la distribución de combustible y amenazan con paralizar todas las actividades de servicio y productivas del país la semana próxima. “Si Cristina va por todo, nosotros vamos por todos”, se desbocó Pablo Moyano antes de que la presidenta resolviera anticipar su regreso desde Brasil y conformar un comité de crisis, con participación activa de la Gendarmería, para “no dejarse amedrentar, ni extorsionar” por un sindicalista que durante nueve años fue un fervoroso defensor del “modelo K”, pero que ahora ha osado desafiar su autoridad. El gobernador Daniel Scioli, de viaje por Italia y con aspiraciones par 2015, había lisonjeado a la familia Moyano durante un promocionado partido de futsal en su quinta de “la Ñata”, en el Tigre. Sin embargo, ayer fue conminado por Cristina, a definirse ante un problema que atañe a toda la población, en especial a la clase media que se espanta cuando se desatan protestas “salvajes”. Siempre ubicuo, lo que le granjea una ponderada aceptación pública, Scioli demandó “responsabilidad” al mandamás cegetista, cuya conducción será puesta en juego el próximo 12 de julio en un congreso que marcha inexorablemente a la fractura. A través del vicepresidente Amado Boudou y el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, Cristina avisó que aplicará la ley de abastecimiento, lo que podría implicar duras sanciones al gremio de los camioneros e incluso la prisión de sus principales dirigentes. No es un secreto que la jefa de Estado brega por el desplazamiento de Moyano de la CGT. Su favorito para reemplazarlo, es Antonio Caló, de la UOM, quien acaba de declarar que daría la vida por defender el proyecto abierto el 25 de mayo de 2003. Esa manifestación habría minado sus chances, pero podría compartir un triunvirato. De avanzar esta idea (que integraría a exmoyanistas, a los “Gordos”, independientes y seguidores de Luis Barrionuevo), la Casa Rosada les abriría las puertas, hoy cerradas para Moyano. En ese caso, habría buenas noticias en materia de asignaciones familiares y elevación del monto no imponible a las ganancias. Anoche, Moyano seguía empeñado en “hacer capitular” al gobierno. Y Cristina, decidida a bajarle las ínfulas.
Análisis
Arnaldo Paganetti