“Que no haya nunca más un David menos”
Fui operador del Ministerio de Desarrollo Social hasta febrero de este año, cuando me echaron sin notificar por escrito el despido pese a mi trabajo y a los cursos realizados. Tuve la alegría de conocer por el órgano proteccional a un ser especial llamado David Oyarzo y, en estos días, la tristeza de enterarme por los diarios sobre su muerte y, me animaría a decir, su abandono. Pero esta carta pretende que jueces, organismos y todos en general reflexionemos sobre cuestiones sencillas y muy humanas. En marzo, ya supuestamente echado del Ministerio de Desarrollo Social, mi familia se ofreció como familia solidaria para David. Había generado un vínculo, sabía que podía contenerlo y protegerlo. Cumpliendo mis funciones como operador, había viajado con él a Las Grutas de vacaciones y lo había acompañado en Viedma. Había preparado el lugar donde alojarlo. Todos estábamos ilusionados con su venida. El equipo profesional de Cipolletti rechazó a mi familia como familia solidaria y, según explicaron, los motivos se debían al “material ignífugo” que había en mi casa. David estaba de acuerdo en venir, según me lo había expresado en forma reiterada telefónicamente desde Viedma, y se angustiaba por la demora en conceder el pedido de familia solidaria. Sin embargo, nadie lo escuchó y las exigencias requeridas en las evaluaciones de familias solidarias o adoptivas, a veces de carácter material, resultan casi absurdas. Lo cierto es que pasados unos meses ya no contamos con David. Me enteré por este diario que “al chico lo mataron de un disparo de grueso calibre”. No significa que todo fue o bien hoy es negativo. Valoro lo hecho por Jeannette Lamouniere, Guillermina Petit y demás trabajadores de Bariloche; las directoras y los trabajadores del Caina de Sierra Grande; la directora, Soledad Carro, y demás trabajadores del Caina de niños y niñas de Viedma, sean del equipo profesional, sean los operadores, porque me consta por los dichos de David, como de otros niños y niñas que conocí en 2012 y 2013, que han trabajado bien. Pero objeto la labor realizada en este caso puntual. Solicito al ámbito judicial, a autoridades del organismo proteccional y a la comunidad en general que haya una mirada más justa y equitativa para evaluar a las familias solidarias como a las adoptivas, celeridad en las definiciones, para evitar la angustia de niños, niñas y adolescentes y, sobre todo, que los escuchemos. Lo pido para que no haya nunca más un David menos y ruego que Dios proteja y cuide a quien no pudimos proteger ni cuidar. Alejandro Simón Jaramillo DNI 24.581.450 Cipolletti
Alejandro Simón Jaramillo DNI 24.581.450 Cipolletti