¿Qué pasa cuando alteramos el orden?

Al igual que ocurrió con nuestras rutinas durante la pandemia, la vuelta a clases se ve rodeada por un cambio de horarios y hábitos que nos deja desorientados. ¿Cómo afrontamos esta nueva modalidad?

Comienzo algo raro, pero esperemos llegar a buen puerto. El 1 tiene un valor diferente a 2; de hecho, es menor. Tiene un orden. El 5 representa cualquier cantidad de elementos, siempre y cuando sean 5. Así sucede con todos los números y lo comprendemos desde muy pequeños. Nos acostumbramos a ese orden y sabemos los valores mayores o menores. Cuando vamos a comprar podemos comparar valores porque tenemos esta situación de mayor y menor resuelta, conocida, incorporada. Es un breve ejemplo que podemos trasladarla a infinidad de situaciones. Cuando utilizamos el concepto que un número representa mayor o menor valor que otro.


Esta introducción es simplemente para graficar la importancia del orden. En los números es simple y lo vemos con claridad. El orden en los números nos organiza y podemos hacer muchas cosas a partir de esta claridad incorporada, ya no debemos pensarla. Surge nuestro razonamiento. Ejemplos como: “Mirá la hora que es, llegamos tarde”, “conseguí los tomates muchos más baratos” y más. Infinidad de ejemplos de nuestro simple y profundo aprendizaje de conocer el valor de los números que se fue complejizando en el transcurrir de nuestro aprendizaje. Desde 1-2-3 hasta raíces cuadradas, cálculos mentales, porcentajes, etcétera.

¿Y si un día se nos dieran vuelta? ¿Y si por alguna extraña razón los números decidieran cambiar el valor de un momento para otro? Solo se me ocurre un caos inesperado, un no saber, un desorden interno de tal tamaño que seguramente todos deberíamos volver a revisar nuestro DNI para saber quiénes somos. Y todo porque hay un orden.

¿Qué pasa cuando un día con mucho tránsito los semáforos de las ciudades deciden no funcionar? ¿Qué pasaría si un día los relojes dejarían de funcionar? Orden, orden y más orden. Es de lo que estamos rodeados. Es parte de nuestra urbanización.

Aunque también en todos los aspectos de la naturaleza vemos orden. Otoño, invierno, primavera, verano. No cambian las estaciones. Así saben las flores cuando florecer y los árboles cuándo reservar energía. Los animales también se rigen por ese orden y se procrean en la estación correspondiente. Hay un orden.


Todas las especies tienen un orden para cazar, buscar alimentos, hasta para seducirse. Si ese simple y profundo orden no está existen consecuencias complejas y hasta trágicas. Ese orden y organización al que muchas veces detestamos y del cual queremos escapar es lo que nos sostiene.

En general nos gusta escaparnos del agobio del orden y responsabilidad de la rutina. Pero sin embargo el orden de acostarnos cuando es de noche y levantarnos de día es lo que nos acompaña en nuestro accionar. Hay oficios y profesiones que necesitan invertir esas horas. En general las personas suelen padecerlo a través del tiempo.

Orden está ligado a organización. Cada uno de nosotros fuimos incorporando por un adulto la sensación de sueño y vigilia. Desde bebés necesitamos aprender cuándo debíamos dormir y cuándo despertarnos y a partir de este hecho pudimos aprovechar los momentos al estar despiertos para relacionarnos, jugar, correr e incorporar nuevos aprendizajes en forma paulatina. Necesitamos también de otro para que nos enseñen los números, aprender a bañarnos, cruzar la calle y demás.

¿A dónde vamos con tantos ejemplos? A que en pandemia los números se nos colgaron en el cuello y los hogares empezaron a funcionar con relojes invertidos.


Algunas rutinas pudieron mantenerse con fuerza y entusiasmo, pero otras se fueron a pique. Nos alimentamos diferente, cambiamos hábitos, costumbres, modos, todo. Nuestro modo de relación también lo hizo. Los adultos menos tiempo o más fuimos recuperando nuestros hábitos desde el trabajo, el cuál ordena. Pudimos recuperar obligaciones y salidas que energizan.

¿Y los chicos? Millones de ellos quedan despiertos mientras todos duermen. Como almas perdidas buscando un rumbo. Sin saber qué hacer. Dejaré para otro momento este tema tan complejo. Ahora sigamos con el tema del orden y organización.

Empiezan las clases. Nos preparamos para la nueva presencialidad. Con un nuevo orden, una nueva rutina. Nuevos aprendizajes. ¿Y cómo hacemos?

Desde mi mirada celebro profundamente que los niños tengan un espacio para ellos. Con todo el escollo que nos vamos a encontrar en el camino, muchos de los cuales ya teníamos. El levantarse e ir al colegio, pensar cuándo si y cuando no es un nuevo orden. Diferente.


En esto no podemos estar ausentes como adultos de referencia. Prestar atención no será igual. La carga de contenidos no podemos pensarla del mismo modo. Tampoco lo será cómo se incorporen los contenidos.

Al igual que enseñamos a partir de la experiencia y no de la palabra cuándo es de día y cuándo es de noche, del mismo modo que enseñamos cómo vestirse, vistiendo; de la misma forma tal vez sea posible acompañar en esta nueva modalidad. Avisando con anticipación los horarios. No enojarnos porque no son adultos y no piensan como nosotros.

Tal vez sea necesario estar más cerca. Seguir revisando la conexión cuando les toque virtual y viendo si tienen que entregar algo, si entendieron. No enojarnos con nadie si no lo hicieron sino ver qué pasó.

Vamos a necesitar ser pacientes y amorosos en este nuevo orden que a todos nos produce cosas diferentes. Donde habita la angustia del no saber, donde dibujamos horizontes de colores diferentes.

Los niños y adolescentes necesitan orden externo. No juicio ni represión. Tampoco descontrol ni caos. Orden que ordena, acompaña, ayuda. El orden está acompañado de anticipación. Dos amigos inseparables. Los chicos, sobre todo los más pequeños (pero también sucede en los adolescentes), necesitan que se les ayude a recordar lo que tienen que hacer, tal vez ahora sea bueno ver si recuerdan cómo.

Paso a paso, ordenados y amorosos. No sabemos si va a ser fácil o difícil, mejor o peor. Transitamos caminos nuevos. Hagámoslo juntos.

Por Laura Collavini.-


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