Queríamos tanto a Audrey

Se cumplen 20 años de la muerte de la actriz que enamoró desde la pantalla grande a una generación.

Por Redacción

Barbara Munker (dpa)

El papel de princesa inglesa que se enamora en Roma de un periodista estadounidense le iba como anillo al dedo a la grácil y elegante Audrey Hepburn. Hace casi 60 años que la recién llegada a Hollywood saltaba de repente a la fama junto a Gregory Peck con la comedia romántica “Vacaciones en Roma”. Sus grandes ojos y su garbo enamoraron a los votantes de la Academia de Hollywood y se hizo con el Oscar a la mejor actriz. Hace 20 años, un 20 de enero, moría la inolvidable princesa a los 63 años en Suiza, el país donde eligió vivir y donde está enterrada. “Ella no era una criatura angelical. Era una mujer vigorosa con un fuerte sentido del humor”, dijo el actor holandés Robert Wolders a la revista “People”. Wolders fue la pareja de la actriz en los últimos 13 años de su vida. En su opinión, además de hermosa, tenía un aura especial. En la segunda mitad de 1992, Hepburn se encontraba ya débil debido a su última gran “aparición”, en Somalia, a donde había acudido como embajadora especial de Unicef. Apenas le quedaban unos pocos meses de vida, cuando los médicos le diagnosticaron un cáncer de estómago e intestinal. Acerca de su colaboración con la agencia de Naciones Unidas dedicada a la infancia, la actriz aseguró que durante 45 años había estado buscando un papel como ese y que finalmente lo encontró en la labor con los niños más necesitados en zonas de conflicto o asoladas por el hambre. Ella misma sufrió muchas privaciones como niña durante la Segunda Guerra Mundial. La actriz, hija de una baronesa holandesa y un banquero británico-irlandés, nació en Bruselas en 1929. Tras la separación de sus padres, entró a los 10 años en un internado en Londres, donde descubrió su amor por el ballet. Los años del conflicto mundial los pasó con su madre en Holanda, donde ganaba dinero como bailarina para la resistencia contra la ocupación alemana. Tras la guerra, trabajó como modelo y comenzó a actuar con pequeños papeles hasta que en 1951 fue descubierta cuando protagonizaba el musical de Broadway “Gigi”. Su carrera se disparó. Tras ganar el Oscar con “Vacaciones en Roma”, la joven morena se abrió un hueco en Hollywood, donde sus rasgos delicados contrastaban con los de Marilyn Monroe y Jane Mansfield. El director Billy Wilder la fichó junto a Humphrey Bogart para que hiciera de la hija del chófer en “Sabrina”, papel que le reportó uno de las cuatro nominaciones al Oscar que obtuvo. Las otras las obtuvo por encarnar a una monja belga en “Historia de una monja”, como la encantadora Holly en “Desayuno en Tiffany’s” y como ciega que vive amenazada “ “Sola en la oscuridad” . También cosechó un gran éxito como la vendedora de flores Eliza Doolittle en el musical “My Fair Lady”. Pero cuando rondaba los 40 Audrey Hepburn se retiró casi por completo del negocio del cine. La actriz regresó en 1976 a la gran pantalla junto a Sean Connery con “Robin y Marian”. Su último papel fue a las órdenes de Steven Spielberg, que la convirtió en un ángel en “Always”. En ese momento ya se había metido en su papel de embajadora de Unicef. Su implicación social le reportó también su último premio, que no pudo recoger. En marzo de 1993 se le otorgó de forma póstuma un Oscar su sus labor humanitaria.


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