Quién era “Rafita”, el flaco del Nahuel Hue

Vivía en el barrio más populoso del Alto de Bariloche. Había aprendido soldadura y herrería en el proyecto social Alto Construcciones. Y tenía un gran compromiso social, según coinciden quienes lo conocieron.



Rafael Nahuel había llegado hasta la zona de Villa Mascardi para acompañar a la comunidad de la Lof Lafken Winkul Mapu que se había instalado meses atrás como parte de lo que consideran la recuperación de un territorio ancestral. En el monte, hacia donde presumiblemente había escapado el jueves pasado ante la irrupción de fuerzas federales que desalojaron el lugar, lo encontró el sábado el grupo especial Albatros, de la Prefectura.

Tenía 22 años, vivía con su familia en el populoso barrio Nahuel Hue, y tenía una participación activa en grupos sociales y de contención para jóvenes en situación de vulnerabilidad.

Según recordó Fernando Fernández Herrero, un referente social que lo conoció 5 años atrás en la experiencia Alto Construcciones (un grupo que ofrecía contención y enseñaba oficios a los jóvenes de los barrios), “Rafita” como lo llamaba, era de contextura física pequeña y siempre vestía indumentaria de Boca Juniors.

Por entonces se integró a una escuela de la comunidad Don Bosco, en el barrio El Frutillar, donde a contraturno aprendió el oficio de soldador y de herrero, con los que comenzó a hacer trabajos y changas.

“Siempre estaba cerca de su amigo Facundo Arias (que también perdimos), gran bromista, siempre imitando a un payador”, recordó Fernández Herrero en una semblanza que escribió para evitar que se siga estigmatizando a este joven “flaquito y chiquito”.

Continuó su relato recordando que Rafael “venía todos los días, no faltaba, contento se puso el mameluco cuando los pudimos comprar, dentro de nuestro trabajo de ir integrando a los pibes en grupos con el eje puesto en la cultura del trabajo, Rafita era uno de nuestros referentes, era uno de esos que poníamos con otro al que le costaba más, que tenía menos ganas, Rafita tenía ganas dobles y traccionaba”.

Rafael era un ejemplo para el grupo de chicos. En una oportunidad con un trabajador social viajó a Buenos Aires y ofreció una charla del trabajo del grupo en la Universidad de Madres de Plaza de Mayo: “habló de lo que significaba el poder ver la vida de otro lado, el poder pensar en el otro y en sí mismo, recordó Javier Silva en el relato de Fernández Herrero.

Rafael siguió en contacto con otras organizaciones sociales, se sumó al Colectivo Al Margen y en el último tiempo se comprometió con la causa mapuche, parte de sus raíces familiares.

También el sacerdote Ángel Tissot, que años atrás en su labor en Bariloche conoció a Rafael escribió acerca del “gran dolor” que lo invadió al conocer el trágico desenlace. “Son muchos los chicos que están muriendo en nuestros barrios y esta situación se agrava año tras año. No me puedo sacar la imagen del Rafita que participaba de los campamentos de las comunidades, su triste historia, su lucha por la vida… su fragilidad”, escribió el cura que ahora trabaja con la comunidad de Villa Itatí.

“Simplemente hablo porque conocí a Rafa y me conmovió su historia (…) la historia se repite, se agrava y tenemos que cambiarla”, señaló Tissot y concluyó “que en paz descanses Rafa, tu sangre derramada florecerá en lucha por una vida más digna”.

Tenía 22 años, era de contextura pequeña. No abandonaba nunca su pasión por Boca y conservaba una activa participación en grupos sociales.

“No me puedo sacar la imagen del Rafita, que participaba de los campamentos de las comunidades, su triste historia, su lucha por la vida”.

Ángel Tissot fue sacerdote en Bariloche.

Datos

Tenía 22 años, era de contextura pequeña. No abandonaba nunca su pasión por Boca y conservaba una activa participación en grupos sociales.
“No me puedo sacar la imagen del Rafita, que participaba de los campamentos de las comunidades, su triste historia, su lucha por la vida”.

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