“Receta tóxica”

Redacción

Por Redacción

Origen: la autoría de esta receta magistral es de la clase dirigente, que entiende desde su concepción doctrinaria que “la política es el arte de sacarles el dinero a los ricos y el voto a los pobres, haciéndoles creer a ambos que es en beneficio propio”. Ingredientes: a) Corrupción: requiere de una buena dosis, ya que debe comprometer a gran parte de la sociedad para darle mayor consistencia. De gusto agridulce (agria para quien la padece y dulce para quien la practica). Es incolora e inodora, por lo que –aunque su “sabor” es inconfundible– resulta imposible probar su existencia. Despierta un apetito insaciable, que permite a sus actores apropiarse de porciones infinitamente mayores que el resto de la sociedad. b) Impunidad: este ingrediente es esencial. Opera como conservante y garantiza que el producto se mantendrá vigente de por vida. Y si algún germen o bacteria osaran atacar la corrupción, la impunidad desplegará su batería de antídotos protectivos, preservando inalterable su composición. c) Indiferencia: la indiferencia social es un ingrediente curioso que el ingenio de “la clase dirigente” ha sabido incorporar a esta receta, desalentando toda reacción adversa e instalando en el ideario colectivo la convicción –y con ella la resignación– de que no importa quién sea el chef, el producto final será el mismo siempre. Tal vez sólo pueda variar el tamaño del molde. Modo de preparación: Se mezclan los tres ingredientes, se amalgaman con porciones de despotismo, infamia, narcisismo, soberbia, desprecio y otros varios aderezos del mismo “paladar”. No agregar jamás una pizca de vergüenza, ética ni remordimiento. Finalmente, se cubre todo con una gruesa capa de desfachatez e hipocresía. El resultado es el más apetitoso manjar de “la clase dirigente”. Lo curioso de este preparado es que no requiere cocción. Extrañamente, los “cocinados” terminarán siendo quienes queden fuera de la receta. Contraindicaciones: Si se consume ininterrumpidamente por un período más o menos prolongado genera adicción, produce una inmensa fábrica de pobres, enquista en la sociedad los peores hábitos e instala un tenebroso cementerio de ilusiones y esperanzas. Nota: tengo muy claro que quien se sepa parte de la receta al leerla esbozará una sonrisa y el más complaciente me tildará de ingenuo o aun de estúpido. Julio Chiacchiarini, LE 7.568.769 Neuquén

Julio Chiacchiarini LE 7.568.769 Neuquén


Origen: la autoría de esta receta magistral es de la clase dirigente, que entiende desde su concepción doctrinaria que “la política es el arte de sacarles el dinero a los ricos y el voto a los pobres, haciéndoles creer a ambos que es en beneficio propio”. Ingredientes: a) Corrupción: requiere de una buena dosis, ya que debe comprometer a gran parte de la sociedad para darle mayor consistencia. De gusto agridulce (agria para quien la padece y dulce para quien la practica). Es incolora e inodora, por lo que –aunque su “sabor” es inconfundible– resulta imposible probar su existencia. Despierta un apetito insaciable, que permite a sus actores apropiarse de porciones infinitamente mayores que el resto de la sociedad. b) Impunidad: este ingrediente es esencial. Opera como conservante y garantiza que el producto se mantendrá vigente de por vida. Y si algún germen o bacteria osaran atacar la corrupción, la impunidad desplegará su batería de antídotos protectivos, preservando inalterable su composición. c) Indiferencia: la indiferencia social es un ingrediente curioso que el ingenio de “la clase dirigente” ha sabido incorporar a esta receta, desalentando toda reacción adversa e instalando en el ideario colectivo la convicción –y con ella la resignación– de que no importa quién sea el chef, el producto final será el mismo siempre. Tal vez sólo pueda variar el tamaño del molde. Modo de preparación: Se mezclan los tres ingredientes, se amalgaman con porciones de despotismo, infamia, narcisismo, soberbia, desprecio y otros varios aderezos del mismo “paladar”. No agregar jamás una pizca de vergüenza, ética ni remordimiento. Finalmente, se cubre todo con una gruesa capa de desfachatez e hipocresía. El resultado es el más apetitoso manjar de “la clase dirigente”. Lo curioso de este preparado es que no requiere cocción. Extrañamente, los “cocinados” terminarán siendo quienes queden fuera de la receta. Contraindicaciones: Si se consume ininterrumpidamente por un período más o menos prolongado genera adicción, produce una inmensa fábrica de pobres, enquista en la sociedad los peores hábitos e instala un tenebroso cementerio de ilusiones y esperanzas. Nota: tengo muy claro que quien se sepa parte de la receta al leerla esbozará una sonrisa y el más complaciente me tildará de ingenuo o aun de estúpido. Julio Chiacchiarini, LE 7.568.769 Neuquén

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