Redención en primera persona
A propósito de su inminente visita para participar del Filba, se reedita por estos días “Vida de este chico”, la obra autobiográfica del escritor Tobías Wolff que fue llevada al cine en 1993 con Leonardo Di Caprio en el rol protagónico, y está considerada una joya de la literatura norteamericana. La escuela no le interesaba, se emborrachaba con frecuencia y no dejaba de meterse en problemas: a comienzos de la década de los sesenta, Tobias Wolff era un adolescente desorientado tratando de escapar de una familia disfuncional en un pequeño pueblo norteamericano. Autor de varios libros de relatos (“La noche en cuestión”, “Cazadores en la nieve”), novelas (“Vieja escuela”, “Ladrón de cuarteles”) y libros autobiográficos (“En el ejército del faraón”), el escritor nacido en Alabama en 1945 es uno de los más dignos exponentes de la nueva narrativa de la región, un hombre que supo reinterpretar con sutileza el legado de sus escritores predilectos, Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway. “Era el año 1955 y viajábamos en coche desde Florida a Utah para escapar de un hombre al que mi madre temía y para hacernos ricos con el uranio. Íbamos a cambiar nuestra suerte”. Así inicia Wolff el relato de uno de los períodos más sombríos de su vida, cuando tenía diez años y aceptaba a regañadientes la vida itinerante que había dejado como marca el divorcio de sus padres. El escritor presenta un relato potente centrado en esos años de inestabilidad, cuando su madre lo llevó a Salt Lake City para huir de un exnovio, Roy. Más adelante, el hombre los encuentra y ellos vuelven a escaparse, esta vez a Seattle, para acabar viviendo en un pequeño poblado rural con Dwight –el nuevo padrastro– y Pearl, Skipper y Norma, sus hijos. A pesar de que las dificultades y el desamparo que campean en este itinerario errabundo que describe en “Vida de este chico” –flamante relanzamiento de Alfaguara– el autor no se conforma con una visión atormentada de la vida y opta por cruzar el tono de crónica desolada con un humor recurrente con el que recrea anécdotas y situaciones que desafían el pesimismo de una autobiografía cruda. Toby o Jack –como le gusta llamarse a sí mismo a Wolff en homenaje a Jack London– recrea entre mapas, whisky, peleas, amistades y traiciones la esencia de la América de los años cincuenta, que marcará decididamente su juventud y prefigurará un futuro ligado a la literatura. Y lejos de mostrarse concesivo o indulgente, el escritor testimonia con mirada impiadosa los errores del chico que alguna vez fue, con la exagerada noción de su culpabilidad y la aceptación de su incapacidad para ser mejor, pese a sus intentos. Toby da a entender que desea cambiar de vida y ascender en la escala social y, según confiesa él mismo en varias ocasiones, desea ser un buen estudiante, ir a la universidad y vivir una vida convencional, pero en vista de que no logra destacarse en los estudios –primer paso para alcanzar lo que busca– opta por disimular esta incapacidad revistiéndose de un aire rebelde, y acabará mintiendo, robando y viviendo, en definitiva, en una impostura. Wolff forma parte de una interesante generación de autores que junto a Raymond Carver y Richard Ford actualizó a partir de los 80 el realismo de Hemingway y Cheever, a partir de historias pequeñas construidas de silencios inquietantes. Su singularidad es que logró imponer un estilo propio a partir de la resignificación de su biografía, ya que además de publicar en 1989 “Vida de este chico” (llevada al cine con Robert de Niro y Leonardo Di Caprio), escribió “En el ejército del faraón” (1994), sobre su experiencia en la guerra de Vietnam. (Télam).