Riesgos y ensueños
Weretilneck sigue lejos de Bariloche y haría próximos cambios.
ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar
El Frente para la Victoria se mueve hacia octubre y arrastra el desafío de arraigar el triunfo de agosto, cercano al 42% de los votos válidos. Hay pavor de que la ola nacional crítica con el kirchnerismo alcance a Río Negro. Otra época se delineará después de octubre, partiendo de cambios en el gobierno de Alberto Weretilneck. El oficialismo está atento al futuro kirchnerista. Hay incipientes muestras que vislumbran nuevos tiempos. “Es un reconocimiento. Lo hicimos solos, con nuestra identidad y personalidad. No vino ningún ministro”, ponderó su triunfo Miguel Pichetto. También se acercan a Weretilneck y a Martín Soria allegados con propuestas de conexiones con Sergio Massa. Nada ocurrió en esa dirección, sólo insinuaciones. Pero son las luces del poskirchnerismo. Faltan las vivencias de octubre. Temeroso, el FpV podría favorecerse si hay paridad entre el radical Miguel Saiz y la arista Magdalena Odarda. Recientes sondeos aseguran que el radicalismo –potenciado en agosto con tres listas– decrecerá y eso beneficiará a la legisladora frentista (también al Partido Obrero y votos en blanco). Ya no existirá aquella brecha en la que la UCR aventajó al Frente Progresista con más de 25.000 votos en el Senado y 27.000 en Diputados entre sus tres listas. Saiz descree de una fuga masiva de radicales y exagera en los prometidos aportes del PPR histórico, desalojado de la candidatura peperreísta por el justicialista gastronómico Ovidio Zúñiga. Odarda tiene un dilema: mantener su discusión con el kirchnerismo o virar hacia Saiz en la búsqueda de los votos posibles para su consagración. ¿Se animará a una profunda incursión contra los radicales? ¿O aferrará su suerte al mensaje anti-K? El resultado opositor está abierto. Un equilibrio electoral entre esas fuerzas podría terminar en que el oficialismo duplique a la segunda lista más votada y se quede con los dos diputados, Emilia Soria y Luis Bardeggia. No existe esa posibilidad monopólica para el Senado porque su reparto es fijado en la Constitución: dos para la mayoría y uno para la primera minoría. Octubre renovará pugnas internas. En Roca el FpV obtuvo el 43,5% de los votos válidos al Senado y llegó al 47% en Diputados, lista encabezada por la hermana del intendente Martín Soria. El corte perjudicó a Pichetto por casi 1.800 votos. Pero la rencilla se mostró con el mensaje de festejo. El roquense ignoró al gobernador y al senador, quienes habían optado por celebrar juntos en Viedma. Nada es inadvertido entre ellos y cada suceso acentúa su distanciamiento. También molestó a Weretilneck la arenga de María Emilia Soria en Bariloche en el acto de proclamación de María Martini y frente al mandatario, que derivó en abucheos en su contra. Soria, con su estilo, reivindica su fortaleza territorial. Esa difusa posesión propia que desvela al gobernador. Su figura está consolidada, pero ligada a la percepción cotidiana o a sondeos de opinión. Ansía un directo respaldo electoral que lo legitime. Así lo pensó al idear su inclusión en la lista al Senado, pero desertó frente a los exagerados temores de los suyos. Pregonó sí que las PASO constituían un plebiscito a su administración. Y lo capitalizó después, pero aún es poco. Para peor, en la sucesión de las miradas parciales Cipolletti reflejó una victoria acotada al 36,2%. Erosiona al jefe local Abel Baratti y también al gobernador, alejado de su terruño y del intendente. El magro porcentaje cipoleño es igual al de Bariloche, siempre con expectativas más reducidas. El resto de las ciudades logró guarismos mejores: Roca (43,5%), Regina (42,7%) y hasta el conservado bastión radical, Viedma (37%). Weretilneck valora el impacto general del triunfo. “Tranquiliza y aquieta internamente” y “consolida al gobierno”, transmitió. No es poco para él. Su estado está amarrado al volátil ánimo de sus socios justicialistas. Por eso la elección de Bariloche conforma un capítulo especial con la confrontación de la justicialista Martini y el frentista Carlos Valeri. El gobernador pidió otro relevamiento a Eco Consultores. Era la última revisión a su prescindencia. Trascendió que el resultado ratifica la ventaja en favor de Martini, seguida –casi iguales– por Gustavo Gennuso y Valeri. Otra encuesta (de Gustavo Waldman) también daría ganando a la intendenta, por más de diez puntos. Suficiente. Weretilneck no se moverá de su apartamiento. Para él no hay riesgos y Martini vencerá el domingo. Su temor radica en que la candidata del PJ no llegue y ese fracaso del PJ recaiga sobre su humanidad, superando cualquier costo inevitable por la derrota de Valeri. Ya desparramado en Bariloche, el FpV sufrió otro contrasentido: la inclusión del mercantil Walter Cortez en la campaña de Martini. Esa aparición revela una vieja relación entre ambos, sostenida por el concejal Alejandro Ramos Mejía. La intendenta se aferró a las ventajas que le acerca esa potente estructura sindical y relativizó otras alianzas, como La Cámpora, su primer pilar en su postulación. Esa fuerza K se fastidió y se distanció. A Weretilneck lo protege su distancia. Cinco meses atrás el gobernador acusó a Cortez de participar en la organización de los saqueos de diciembre, que eyectaron del municipio a Omar Goye. Nadie por entonces dijo lo contrario. El FpV cobija esas rarezas, de sindicado partícipe de la desestabilización a consorte del nuevo proceso. Soria silenció su malestar porque privilegió su sociedad con Martini, ideal para su proyección. El intendente calló su valoración de los preceptos de su padre, Carlos Soria, lapidarios contra los dirigentes Cortez y Zúñiga, lo que derivó en que fueran expulsados del PJ. Pasará la elección de Bariloche y, después, Río Negro atravesará también la compulsa de octubre. Entonces, la carga gubernamental volverá al oficialismo, que eterniza falencias de conducción. Agricultura es el caso más claro. Alfredo Palmieri recibe respeto de la Federación de Productores, pero esta dirigencia admite su insuficiente intermediación. Reclama, otra vez, dialogar con Weretilneck para destrabar aportes prometidos. El reciente arribo de Javier Diomedi a la Secretaría de Agricultura poco aportó, salvo la designación de media docena de funcionarios y la disputa con su par Andrea Confini. Norberto Delfino fue persistente y tolerante en Salud. Resistió desplantes y, finalmente, el tiempo sirvió para que Weretilneck mudara sus censuras a Ernesto Paillalef. En realidad, más allá de otras diferencias, su desencanto con este ministro –extensivo a Fernando Vaca Narvaja– corresponde al comprobado y reducido vínculo con el núcleo kirchnerista. Ambos llegaron al gabinete porque el gobernador creía, o le hicieron creer, en sus lazos nacionales. Estas condiciones eran prioritarias en septiembre, después del quiebre con Pichetto. Aquello no era como parecía; tampoco existen más escaramuzas entre el senador y el gobernador. Vaca Narvaja, además, inquieta a Weretilneck por otro motivo: autonomía y encadenamientos ajenos, especialmente al presidente de la Legislatura, Carlos Peralta. Esa suspicacia se potencia porque involucra el manejo de las obras públicas. Una anécdota exhibió ese recelo. La escena fue en el despacho de Peralta y Weretilneck lanzó un comentario jocoso pero incriminatorio a Vaca Narvaja. “No voy a las aperturas de licitaciones porque no me invitás”, dijo cuando el ministro reportó al vicegobernador que estaba todo listo para el acto del centro médico de J. J. Gómez. Se hizo y el mandatario no estuvo. Igual, el ministro organiza dos aperturas licitatorias –en Viedma y Roca– y lo hace consultando la agenda de Weretilneck. Nada importante ocurrirá hasta octubre. Ni nadie sabe qué vendrá después en el FpV, menos qué proyectos se vislumbrarán.
DE DOMINGO A domingo
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