Roces por la forma de promover a la mujer en el mundo empresario
Una controvertida propuesta que se discutía en el seno de la Comisión de la Unión Europea, que apuntaba a obligar a todas las empresas que cotizan en sus bolsas y mercados a tener, por lo menos, un 40% de mujeres en sus respectivos directorios antes del 2020, ha sido finalmente abandonada. Aunque sólo después de algunas discusiones tan ásperas como acaloradas. En rigor, porque los asesores legales de la organización dictaminaron que imponer a todas esas empresas esa “obligación” bajo pena de duras sanciones era simplemente ilegal. Sus miembros no llegaron, en consecuencia, a tener que votarla, con resultados inciertos. Una nueva propuesta dispondrá –según se anuncia– a la brevedad que ese porcentaje es sólo un “objetivo” genérico a cumplir sin que se impongan penalidades en caso de no alcanzarse, lo que es bien distinto. Y menos discutible, según algunos. Entre los 11 países que conformaron un grupo claramente opositor al establecimiento de una “obligación” estaba Gran Bretaña, que lo lideraba. Para otros, en esto una simple “recomendación” hubiera sido –de inicio– suficiente. Richard Milne, en paralelo y desde las columnas del influyente “Financial Times”, agrega algunos datos de interés sobre la experiencia de Noruega en este mismo tema, precisamente. Hablamos de uno de los países más progresistas del mundo en lo que a la situación de la mujer en general y en el mundo empresario en particular se refiere. Este ejemplar país nórdico ha tenido en vigor esa norma desde el 2003. Por ello, desde el 2008, la obligación de contar con un 40% de directoras en las empresas estuvo siempre vigente. El objetivo se alcanzó silenciosamente, sin mayores debates ni problemas y ya nadie “habla” de esto. Es un hecho consumado y una pauta aceptada por todos sin dificultades. Hay incluso importantes mujeres que se desempeñan en los directorios de grandes empresas del país nórdico que, preguntadas que fueron, no conocían siquiera la existencia de la norma. Ni la obligación que ella impone. Notable. No obstante, la proporción de mujeres noruegas que hoy se desempeñan en cargos empresarios “ejecutivos”, por oposición a puestos “no ejecutivos” en los directorios de las empresas, es mucho menor: de apenas un 15%. De alguna manera, ante la opción, pareciera que las mujeres se sienten más cómodas con la segunda variante. Lo que queda claro es que el tema es más una discusión sobre la necesidad de “obligar” o no a que exista un porcentaje razonable de mujeres en los directorios de las empresas que una que tenga que ver con conductas y actitudes sociales. Cuando existe apertura, este tipo de temas se resuelve sin dificultades con conducta y el mero paso del tiempo. Cuando, en cambio, hay cerrazón, ignorancia, complejos o resentimientos, o simplemente indiferencia, las cosas no son tan simples, lamentablemente. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
EMILIO J. CÁRDENAS (*)