El potencial del maíz en la Patagonia Norte: entender el cultivo para maximizar el rendimiento

El maíz llegó a los valles de Río Negro para quedarse. Con rendimientos que le sacan varios cuerpos de ventaja al promedio nacional, la región tiene todo para convertirse en una zona maicera de primer nivel. Pero los números no se logran solos: hay que entender qué necesita la planta y cuándo lo necesita para apuntar a maíces de alto rendimiento en forma sostenida y sustentable.

Por Verónica Favere*

El maíz en la Patagonia se posiciona como una alternativa productiva cada vez más relevante. Foto: archivo Juan Thomes.

La Norpatagonia ha sido una región tradicionalmente vinculada a cultivo intensivos (fruticultura, horticultura), mientras los cultivos forrajeros (alfalfa y maíz) ocupaban un lugar secundario. Si bien el maíz se cultiva hace ya muchos años en la región, en los últimos años ha comenzado a posicionarse como una alternativa productiva cada vez más relevante. Tal posicionamiento no es casual, sino que responde a una combinación de factores productivos, económicos y ambientales que favorecen su adopción.

Desde el punto de vista agroecológico, los valles irrigados de Río Negro presentan condiciones particulares que los hacen privilegiados respecto a otras regiones productivas del país para la producción de maíz. Todo indica que hay mucho para crecer en superficie y rendimiento, haciendo que finalmente ocupe un lugar de importancia, dinamizando el sector agropecuario de toda la región.

Hoy encontramos productores que obtienen en promedio más de 13 toneladas por hectárea de grano de maíz (el promedio nacional no supera las 9 tn/ha), lo que evidencia el alto potencial de los sistemas bajo riego en la región. Pero, aunque la zona presenta condiciones excelentes para el cultivo, alcanzar altos rendimientos de forma estable y sostenible requiere ir más álla de la “receta” y comprender cómo la planta de maíz interactúa con el ambiente para transformar los recursos (energía solar, agua, nutrientes) en grano.

Maíz: entendiendo el cultivo que no para de crecer


Para comprender cómo el maíz fabrica sus granos, hay que imaginar que la planta es una fábrica que funciona principalmente con energía solar y transforma la luz, el agua y los nutrientes (provenientes del suelo) en “comida”. El rendimiento final de la cosecha depende, básicamente, de dos cosas: cuántos granos logramos por metro cuadrado de superficie y cuánto van a pesar esos granos a la cosecha.

Sabiendo entonces que lo importante pasa por el número de granos y el peso de los granos, es indispensable repasar los conceptos clave para maximizar estas variables.

  1. La fábrica y sus «paneles solares». En primer lugar, para que la planta crezca, necesita capturar luz solar con sus hojas (análogo a un panel solar), ya que esa energía captada es finalmente traducida en crecimiento. Por lo tanto, la acumulación de biomasa o material vegetal va a depender de cuán rápido las plantas cubran el suelo para de esa forma interceptar la mayor cantidad de radiación y por ende convertir esa energía proveniente de la luz en materia seca.
  2. El período crítico o momento de la verdad. No todo tiempo es igual de importante en el crecimiento de la planta. Hay una “ventana” que es clave: es de aproximadamente un mes (15 días antes y 15 días después de floración), cuando aparecen las “barbas” o estigmas. En este momento se va a definir cuántos granos se van a fijar porque es cuando se fecundan las flores que van a dar origen a los granos. Si en este momento la “fábrica” está funcionando al 100% de su potencial (buena provisión de luz agua y nutrientes) vamos a tener muchos granos. Pero, si por el contrario en este momento hay una situación de estrés (falta de agua, déficit de nutrientes, calor extremo) la planta usará los recursos para su supervivencia pasando a un segundo plano la formación de granos. Si llegamos tarde con los nutrientes y el agua, no habrá vuelta atrás y la planta ya no puede fijar más granos. El rendimiento queda definido en gran medida en este momento.
  3. El peso de los granos o el llenado de los bolsos. Cuando ya sabemos cuántos granos por unidad de superficie (granos por espigas y espigas por hectárea) tenemos, el paso siguiente es que esos granos se “llenen”. Los granos actúan como si fueran contenedores que se cargan de almidón, principalmente, que es producido tanto por las pantallas actuales (cantidad de hojas verdes y activas haciendo fotosíntesis) y eventualmente reservas de los tallos. Finalmente el peso final de cada grano depende de qué tan bien siga funcionando este sistema (fotosíntesis y reservas)

El manejo del maíz en la Patagonia Norte


Por todo lo que hemos mencionado es que las prácticas de manejo son fundamentales para poder maximizar los rendimientos del cultivo y para que su potencial genético se exprese. Ahí tenemos que hacer foco en tres herramientas fundamentales:

  1. Densidad de plantas: debe ajustarse a la calidad del ambiente y de recursos que vamos a tener disponibles, sobre todo agua y nutrientes. Si bien uno se puede ver tentado por el hecho de que mayores densidades cubren el suelo más rápido y esto se traduciría en mayores rendimientos, puede suceder que, si luego no llegamos con el abastecimiento de cada planta en agua y nutrientes, nuestro rendimiento decaiga, ya que vamos a tener plantas estériles o que no producen espigas. Conclusión: si ponemos muchas plantas, generamos competencia entre ellas y no producen espigas. Pero si ponemos pocas plantas, nos sobrarán recursos. El ajuste de la densidad en el caso de nuestros valles (pensando que tenemos asegurada el agua) debe hacerse básicamente pensando en los nutrientes.
  2. Fecha de siembra: sembrar lo más temprano posible dentro del período libre de heladas (primera quincena de octubre) hace el cultivo pueda aprovechar de mejor manera toda la luz o radiación, y llegar al momento de mayor horas de luz con las “antenas” (hojas) totalmente desplegadas.
  3. Nutrición balanceada: el nitrógeno y el fósforo son los motores del crecimiento de las hojas. En nuestros suelo en general el fósforo puede ser suficiente con el agregado de fertilizantes de síntesis química pero el nitrógeno que utiliza el cultivo proviene de la materia orgánica del suelo, muy deficiente en nuestros suelos. Esto quiere decir que casi la totalidad de las unidades de nitrógeno que necesito para cosechar una tonelada de grano debo aportarla en forma de algún fertilizante. Hacer un diagnostico basado en el rendimiento objetivo y en un análisis de suelo es fundamental para cerrar la brecha de rinde de forma rentable y responsable.

Hacer maíz de alto rendimiento es posible en los valles de Río Negro


Mensaje final: si queremos intensificar los sistemas, debemos hacer un ajuste del manejo y tener en cuenta las particularidades del ambiente. Comprender la interacción entre el cultivo y su entorno será determinante para transformar su potencial en resultados concretos a campo. En los valles irrigados del río Negro, es conveniente hacer un check-list de todos los factores que podemos revisar y hacernos una serie de preguntas: 

  • ¿Cómo es la calidad de la siembra?
  • ¿Estoy sembrando en fecha?
  • ¿Se riega el lote de forma uniforme?
  • ¿Tengo medida mi lámina de riego? 
  • ¿Cómo gestiono la fertilización?

Y un sinnúmero de preguntas más que pueden ayudar a ajustar la sintonía fina del manejo. Seamos cuidadosos, porque es muy fácil fracasar cuando queremos ir más rápido de lo que nuestro sistema puede dar.

(*) Ing. Agr. Jefa de la Agencia de Extensión de INTA Valle Medio.
Email: favere.verónica@inta.gob.ar


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