Empezaron con una chacra de cinco hectáreas en la Patagonia y hoy venden casi 4 millones de kilos de fruta al año

Lo que comenzó como una pequeña chacra familiar en Regina hace más de siete décadas, hoy procesa cerca de cuatro millones de kilos de peras y manzanas al año, abastece mercados de distintas provincias argentinas y exporta gran parte de su producción a Bolivia. La familia Stelzer apuesta por diversificar la actividad con pistachos, frutales de carozo, snacks y proyectos de turismo rural en la Patagonia.

Por Mara Diaz

La fruticultura forma parte de la familia hace décadas, pero la empresa comenzó a consolidarse a partir del 2000. Foto: Alejandro Carnevale.

La fruticultura forma parte de la familia hace décadas, pero la empresa comenzó a consolidarse a partir del 2000. Foto: Alejandro Carnevale.

Hace más de siete décadas, una chacra de apenas cinco hectáreas marcó el comienzo de una historia que hoy mueve casi cuatro millones de kilos de fruta por año en la Patagonia. Lo que empezó como una pequeña producción familiar en Regina se transformó en una empresa integrada que produce, empaca, conserva y comercializa fruta para el mercado interno y externo. “Siempre tratamos de dar un paso más y mejorar”, resumió Marco Stelzer, mientras observaba el galpón donde cada cosecha se convierte en el resultado de décadas de trabajo.

La historia de la familia Stelzer en Regina comenzó en 1953, cuando el abuelo de Marco, Guido Stelzer, heredó una chacra de cinco hectáreas en la tercera zona. La oportunidad lo llevó a dejar su trabajo en el Pozo 1 de Plaza Huincul para radicarse en la región junto a su familia. El papá de Marco, Arturo Stelzer llegó a la ciudad con apenas ocho meses y prácticamente se crio entre frutales en la Patagonia.

De joven Arturo trabajó en distintas chacras y en un galpón de empaque hasta que, en 1975, ingresó como portero de la Escuela Nº 85. Durante años combinó ese empleo con el trabajo en la chacra familiar. “Siempre me gustó la producción. El sueldo de la escuela nos daba estabilidad, pero la chacra era nuestro proyecto”, recordó el productor.


De una chacra familiar a una empresa que produce, empaca y exporta fruta a Bolivia


Guido Stelzer junto a sus hijos en la chacra familiar. Foto: gentileza.

La empresa fue creciendo de manera gradual. Primero alquilaron chacras, luego en 2004 compraron el establecimiento donde hoy funciona Frutas Stelzer y, tras varios años de inversiones, en 2011 inauguraron el galpón de empaque que terminó de integrar la producción, el acondicionamiento y la conservación de la fruta. Hoy la familia trabaja 55 hectáreas distribuidas en seis chacras: cuatro propias, una en comodato con opción de compra y otra perteneciente a un hermano de Marco.

En el galpón cuentan con maquinaria de alta tecnología para sanitizar y empacar las frutas. Foto: Alejandro Carnevale.

En esas chacras producen alrededor de dos millones de kilos de fruta por año, aunque el movimiento del empaque es mucho mayor. También reciben producción de otros establecimientos y, entre fruta propia y de terceros, procesan casi cuatro millones de kilos por año. La actividad genera trabajo para 22 personas de manera permanente, número que durante la cosecha sube a unas 50.

La infraestructura también acompañó esa evolución. Hoy la empresa cuenta con cinco cámaras frigoríficas con una capacidad de frío de 5400 bins, capacidad que les permite conservar la fruta y abastecer a sus clientes durante gran parte del año. “Antes vendíamos toda la fruta en cosecha. Después entendimos que guardar calidad y salir más adelante hacía la diferencia”, afirmó Arturo.

Actualmente trabajan peras y manzanas, pero ya comenzaron a probar cultivos de pistacho y carozo. Foto: Alejandro Carnevale.

El manejo de las chacras se realiza principalmente con riego por manto, aunque dos de las chacras cuentan con aspersores para la protección contra heladas. Si bien todavía no instalaron mallas antigranizo, la familia ya proyecta avanzar de manera gradual con esa inversión para reducir el impacto de los eventos climáticos.

La producción mantiene la esencia del Alto Valle. Las peras representan el 60% del volumen y las manzanas el 40% restante, con un fuerte perfil exportador: alrededor de la mitad de las manzanas y entre el 60% y el 70% de las peras tienen como destino mercados externos. Parte de esos envíos se realiza mediante una exportadora regional y llegan hasta Bolivia, mientras que en temporadas anteriores también comercializaron fruta en Brasil y Perú.

“La exportación nos obliga a mejorar todos los años y eso termina beneficiando también al mercado interno”,

Marco Stelzer, productor de Regina.

En cuanto al mercado interno la producción llega a mercados concentradores de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Córdoba, además de abastecer distintos puntos de Río Negro.


Fruticultura en la Patagonia: innovación, nuevos cultivos y proyección


El hijo más chico de Arturo, Santiago sumó una nueva visión a los proyectos a partir de viajes a Europa que brindaron nuevas formas de mirar el negocio. Allí conoció nuevas tecnologías de clasificación y empaque, pero, sobre todo, otra forma de pensar la fruticultura. “Te das cuenta de que siempre hay algo para mejorar. No podés quedarte con lo viejo, porque el mercado cambia permanentemente y uno tiene que acompañar ese cambio”, sostuvo Santiago.

La empresa comenzó a consolidarse hace dos décadas. Foto: Alejandro Carnevale.

Esa experiencia los llevó a incorporar nueva maquinaria y a proyectar futuras inversiones para seguir modernizando el galpón. Para la familia, el desafío ya no pasa únicamente por producir buena fruta. “Antes alcanzaba con tener la chacra. Hoy tenés que producir, empacar, tener frío, comercializar y, si podés, agregar valor. Hay que cerrar todo el círculo para que el negocio sea más rentable”, explicó Marco.

Esa búsqueda los llevó a proyectar más allá de las peras y las manzanas, llegando a plantar una hilera experimental de pistachos y proyectar con frutales de carozo. Además, participan en un proyecto para desarrollar snacks elaborados con fruta y analizan iniciativas vinculadas al turismo rural.

Durante muchos años nos encerramos en la fruta fresca y nos olvidamos de todo lo que podía hacerse alrededor. Hoy hay universidades, tecnología y conocimientos que nos permiten pensar en nuevos productos”, afirmó Marco.

Cuentan con cinco cámaras de frío con capacidad para 5.400 bins. Foto: Alejandro Carnevale.

A pesar de los desafíos propios de la actividad, Marco mantiene una mirada optimista sobre el futuro del sector. “Es una actividad con mucha adrenalina. Hay días malos y días buenos, pero el trabajo de la tierra nunca se va a reemplazar. Lo importante es seguir innovando, porque el que entiende los cambios encuentra nuevas oportunidades”, sostuvo.


«El que entiende los cambios encuentra nuevas oportunidades»: la visión de una fruticultura que mira al futuro


Más allá de cada campaña, los Stelzer aseguran que todas las decisiones tienen un objetivo común: construir una empresa preparada para el futuro. Marco considera que la fruticultura todavía tiene enormes oportunidades si logra combinar tradición con innovación, sumar tecnología y agregar valor a la producción.

«Queremos que la próxima generación encuentre una empresa mejor que la que recibimos nosotros. Ese es el sentido de cada inversión y de cada proyecto que encaramos»,

Marco Stelzer, productor de Regina.

De aquella chacra de cinco hectáreas heredada en 1953 quedan los mismos valores que impulsaron a la familia desde el primer día. Lo que cambió fue la escala. Hoy son millones de kilos de fruta, nuevos cultivos y proyectos que miran mucho más allá de la próxima cosecha, pero con una convicción que sigue intacta: crecer sin perder el vínculo con la tierra que dio origen a toda la historia.


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Hace más de siete décadas, una chacra de apenas cinco hectáreas marcó el comienzo de una historia que hoy mueve casi cuatro millones de kilos de fruta por año en la Patagonia. Lo que empezó como una pequeña producción familiar en Regina se transformó en una empresa integrada que produce, empaca, conserva y comercializa fruta para el mercado interno y externo. “Siempre tratamos de dar un paso más y mejorar”, resumió Marco Stelzer, mientras observaba el galpón donde cada cosecha se convierte en el resultado de décadas de trabajo.

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