Llegó desde Chile siendo un niño, empezó trabajando a porcentaje y hoy cultiva 100 hectáreas de cebolla en la Patagonia

Llegó desde Chile cuando tenía tres años y hoy produce unas 100 hectáreas de cebolla en el Valle de Viedma. Con trabajo familiar, tecnología y exportaciones a Brasil, construyó una empresa que nació trabajando "a medias" en campos ajenos.

Por Auribel Zuarce

Los rindes actuales se ubican entre 70.000 y 80.000 kilos por hectárea, aunque el objetivo es alcanzar los 100.000 kilos. Fotos: Pablo Leguizamon.

Los rindes actuales se ubican entre 70.000 y 80.000 kilos por hectárea, aunque el objetivo es alcanzar los 100.000 kilos. Fotos: Pablo Leguizamon.

La historia de Javier Salvador Novoa Barreras es, en buena medida, la historia de muchos productores que hicieron grande al Valle de Viedma. No nació en la Patagonia, pero lleva prácticamente toda su vida trabajando la tierra rionegrina. Llegó desde Chile en 1974 junto a sus padres, cuando apenas tenía tres años, y desde entonces la producción de cebolla se convirtió en el proyecto de vida de toda su familia.

«Soy chileno, llegué en el 1974. Yo nací en el 1971, así que prácticamente tengo más años acá que en Chile», contó a RÍO NEGRO RURAL entre risas.


La llegada desde Chile al Valle de Viedma: una familia que buscó empezar de nuevo


La decisión de emigrar fue de sus padres. «Mi viejo y mi vieja vinieron de Chile buscando una oportunidad.»

El primer destino no fue inmediatamente Viedma. La familia pasó primero por Médanos, en el sur bonaerense, y desde allí continuó camino hasta instalarse definitivamente en la zona del Valle de Viedma.

Aquellos primeros años fueron de mucho sacrificio. No tenían tierras propias ni maquinaria, como tantos inmigrantes que llegaron a la región, comenzaron trabajando para otros productores.

«Empezamos trabajando con un hombre, él nos daba un porcentaje de la producción y trabajábamos a medias», contó Javier.

Hace tres años incorporaron riego por goteo, una tecnología que permitió mejorar los rendimientos y la productividad del cultivo. Fotos: Pablo Leguizamon.
Hace tres años incorporaron riego por goteo, una tecnología que permitió mejorar los rendimientos y la productividad del cultivo. Fotos: Pablo Leguizamon.

Ese sistema, conocido por muchos productores de la zona, consistía en que el dueño del campo aportaba la tierra y la familia el trabajo, para luego repartir la producción.

«Ahí empezamos, de a poquito. Fueron muchos años. Poco a poco fuimos creciendo», relató.


La cebolla cambió la vida de la familia Novoa en el Valle de Viedma


Con el paso de los años, el trabajo permitió que la familia dejara atrás aquellos primeros acuerdos «a medias» y pudiera consolidar su propio emprendimiento productivo.

Hoy Javier trabaja junto a su hermano y también comparte parte de la producción con un socio. En conjunto, manejan alrededor de 100 hectáreas dedicadas a la cebolla, entre tierras propias y otras que producen mediante distintos acuerdos.

Para ampliar la superficie cultivada también recurren al trabajo sobre campos de terceros. En esos casos, el pago no se realiza mediante un alquiler fijo, sino con un porcentaje de la producción. «Pagamos el 15% de la producción», explicó.

Según contó, esa modalidad también favorece la rotación de los lotes. Una vez finalizada la campaña, los propietarios utilizan los campos para otras actividades o los dejan descansar antes de volver a sembrar cebolla. «Después ellos los usan para otra cosa o los dejan descansar y más adelante nosotros volvemos», relató.


La tecnología llegó a la cebolla de la Patagonia con el riego por goteo


Durante años, la familia Novoa regó los cultivos con métodos tradicionales. Sin embargo, hace tres temporadas incorporó el riego por goteo, una tecnología que, según Javier, marcó un antes y un después en la producción.

«Antes sacábamos entre 2.000 y 3.000 bolsas por hectárea. Ahora sacamos más de 4.000«, aseguró, al destacar el impacto que tuvo el nuevo sistema sobre los rendimientos.

Aun así, considera que todavía hay margen para seguir creciendo. La meta es alcanzar los 100.000 kilos por hectárea, mientras que actualmente obtienen rindes de entre «70.000 y 80.000 kilos por hectárea«.

«La calidad viene bastante bien. Nos falta mejorar un poco más, pero la calidad es buena», afirmó.

La producción del establecimiento se destina principalmente a Brasil, uno de los principales mercados para la cebolla del Valle de Viedma. Fotos: Pablo Leguizamon.
La producción del establecimiento se destina principalmente a Brasil, uno de los principales mercados para la cebolla del Valle de Viedma. Fotos: Pablo Leguizamon.

Para el productor, una de las claves para continuar mejorando está en la calidad de la semilla. En ese sentido, explicó que las semillas híbridas permiten obtener mejores resultados, aunque representan una inversión considerable. «Valen casi siete veces más», señaló.


Brasil concentra las exportaciones de la cebolla producida en el Valle de Viedma


Gran parte de la producción tiene como destino Brasil, el principal mercado para la cebolla que se produce en el Valle de Viedma.

Según explicó Novoa, además de la mercadería que se exporta, también llegan compradores brasileños directamente al establecimiento para adquirir cebolla. «También viene gente de Brasil a comprar acá», señaló.

Solo una pequeña parte de la producción se comercializa en el mercado interno, principalmente cuando bajan los precios o cambia la demanda externa.

El productor recordó que años atrás la cebolla que producían en la zona también se exportaba a Europa, un mercado que luego se cerró. «Antes mandábamos a Europa. Se había cerrado, pero yo pienso que con el tiempo se va a abrir de vuelta», expresó.

Para Novoa, recuperar ese destino dependerá de que vuelvan a aparecer empresas interesadas en exportar. «Necesitamos empresas que vengan a comprar«, afirmó.


La cebolla recuperó precio y volvió el optimismo en la Patagonia


Después de atravesar una de las campañas más difíciles que recuerda, Novoa asegura que este año la actividad recuperó el optimismo gracias a una fuerte mejora en los precios.

«El año pasado no valía nada. Vendíamos una bolsa de cebolla a 500 pesos«, recordó.

El panorama actual es muy diferente. Según explicó, el kilo se comercializa entre 250 y 350 pesos, una diferencia que modificó por completo la rentabilidad de la actividad. Tomando esos valores de referencia, una bolsa ronda hoy los 5.000 pesos, muy por encima de los valores registrados durante la campaña anterior.

Para el productor, este cambio permitió que el sector volviera a trabajar con mejores perspectivas después de un año especialmente complejo para la producción cebollera.

Javier Novoa llegó desde Chile cuando tenía tres años y hoy produce cebolla en el Valle de Viedma, donde trabaja junto a su familia. Fotos: Pablo Leguizamon.
Javier Novoa llegó desde Chile cuando tenía tres años y hoy produce cebolla en el Valle de Viedma, donde trabaja junto a su familia. Fotos: Pablo Leguizamon.

Una producción que no dejó de evolucionar en el Valle de Viedma


A diferencia de los primeros años, cuando gran parte de las tareas se realizaban de manera manual, hoy el establecimiento incorporó maquinaria para buena parte de las labores productivas. «Trabajamos con maquinaria», resumió Novoa.

En el establecimiento, largas tiradas de cebolla permanecen sobre el campo mientras esperan la clasificación, el embolsado y la carga con destino a distintos mercados, principalmente Brasil.

Hoy la empresa familiar produce unas 100 hectáreas de cebolla y buena parte de la cosecha cruza la frontera hacia Brasil. Sin embargo, Javier no olvida aquellos primeros años trabajando «a medias» en campos ajenos.

«Fuimos creciendo de a poquito», dice. Y cuando repasa más de cinco décadas en el Valle de Viedma, asegura que no solo cambió su historia, «también cambió la producción cebollera de toda la región».


La historia de Javier Salvador Novoa Barreras es, en buena medida, la historia de muchos productores que hicieron grande al Valle de Viedma. No nació en la Patagonia, pero lleva prácticamente toda su vida trabajando la tierra rionegrina. Llegó desde Chile en 1974 junto a sus padres, cuando apenas tenía tres años, y desde entonces la producción de cebolla se convirtió en el proyecto de vida de toda su familia.

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