Junto a su familia trabaja un campo de 600 ha en secano y hoy tiene la mejor cabaña Hereford Puro de Pedigree de la Patagonia

Gabriel Jaca es el titular de cabaña La Txapela, en Carmen de Patagones, un emprendimiento familiar que nació en los 90 y a fuerza de trabajo familiar se posicionó en el sector ganadero con la calidad y la genética de sus animales. El reconocimiento quedó plasmado en las últimas dos temporadas donde obtuvo el premio Niágara Sur, de la Asociación de Criadores Argentinos de la raza.

Gabriel Jaca, titular de cabaña La Txapela y su familia que lo acompaña en el trabajo del día a día.

En el sur bonaerense, en Carmen de Patagones, la cabaña La Txapela muestra orgullosa el resultado de más de tres décadas de trabajo constante y profundamente ligado al territorio.

Al frente del proyecto está Gabriel Jaca, segunda generación de una familia ganadera que hizo de la adaptación al ambiente semiárido y de la mejora genética una verdadera filosofía de trabajo productivo a lo largo de varias temporadas.

Los resultados están a la vista. La cabaña fue nombrada por segundo año consecutivo como la mejor en la cría de Hereford Puro de Pedigree de la Patagonia, un logro que no muchos pueden ostentar.

La historia de La Txapela comienza a principios de la década del 90, cuando la familia decidió conformar un rodeo base de vacas madres de la raza Polled Hereford.

“Cuando mi papá empezó a alquilar, sacábamos gordos para exportación de alrededor de 580 kilos, que surgían de una multiplicidad de razas que se criaban en ese momento, pero siempre vimos en el rodeo Hereford mucha rusticidad y adaptabilidad al ambiente, con lo cual algunas madres fueron quedando en el campo. A partir de ahí nos vinculamos con la Asociación Hereford para empezar a meter presión de selección y buscar calidad racial”, cuenta Jaca sobre los comienzos de La Txapela.

Apuesta a nuevas tecnologías desde el inicio de la cabaña



En una época en que la inseminación artificial era una práctica novedosa y poco usada, la cabaña apostó desde el inicio a las nuevas tecnologías para crecer en calidad antes que en cantidad. “Como no podíamos crecer en número, buscamos crecer en calidad, innovando con tecnología”, resume el productor, una premisa que acompaña a la cabaña hasta la actualidad y sigue más vigente que nunca.

El nombre de la cabaña no es casual. “La Txapela es una palabra en euskera que significa boina vasca”, explica Gabriel Jaca a Río Negro Rural.

Gabriel Jaca con uno de los tantos ejemplares premiados de la cabaña.


La referencia remite directamente a la ascendencia familiar: sus bisabuelos llegaron desde el País Vasco y se asentaron en Macachín, provincia de La Pampa, una comunidad profundamente ligada a la ganadería. “Esto de alguna manera se lleva en la sangre. Fue mi papá el que empezó alquilando campos y, de a poco, pudo comprar algunas hectáreas. Hoy estamos trabajando unas 600 hectáreas de secano, que en esta zona semiárida no es mucho pero es nuestro”, cuenta el productor ganadero.

Desde sus comienzos La Txapela incorporó tecnologías reproductivas de punta teniendo claros los objetivos a los que apuntaban como cabaña de reproductores.

Gabriel Jaca y cabaña La Txapela, siempre presentes en las exposiciones regionales.


Actualmente trabajan con inseminación artificial a tiempo fijo (IATF), transferencia embrionaria mediante MOET y fertilización in vitro (FIV). El resultado es un plantel de alto valor genético, con material genético congelado y vitrificado que permite proyectar el trabajo a largo plazo.

A la par de la genética, el manejo del campo es un eje central dentro de los planes de la cabaña. La producción se desarrolla en un predio relativamente chico, pero con una intensa división interna: 14 potreros, cuatro reservorios de agua y acceso permanente en toda la superficie.

Un sistema en expansión



Este esquema de trabajo que ya demostró sus virtudes en cuanto a resultados continúa en expansión, con nuevas divisiones en ejecución y un horizonte de manejo aún más eficiente del suelo. El pastoreo rotativo y no selectivo, junto con la mínima intervención del suelo, son pilares del sistema que adoptó La Txapela.

Hereford de La Txapela se destacan en las exposiciones regionales.


En años puntuales la cabaña recurre al destete precoz e hiperprecoz y a la suplementación estratégica, ya sea en el último tercio de gestación, en la recría o mediante sales nitrogenadas para aprovechar pastos secos. También se realizan verdeos de invierno, aunque la tendencia es reducir al máximo las labores para preservar el recurso suelo, fundamental en este tipo de terrenos de secano donde todo se hace un poco más difícil de resolver.

Un Hereford hecho para la Patagonia



Genéticamente, La Txapela se apoyó inicialmente en líneas de reproducción de cabañas reconocidas como La Legua, Antiguas Estancias Don Roberto, Cabaña Santa Rita y Jotace.

Sin embargo, el objetivo nunca fue multiplicar otros modelos, sino construir una identidad propia. “Buscamos lograr un tipo de animal hecho en Patagonia y para la Patagonia, sabiendo que si funciona acá, funciona en cualquier parte del país”, afirma Jaca.

Reproductores con identidad propia, un objetivo de La Txapela.


Ese camino convirtió al proyecto en una de las primeras Cabañas de Puro Registrado de la zona y en la única que hoy produce toros S/ en el área, con los cuales reflejaron resultados en las pistas: Grandes Campeones en exposiciones locales y nacionales, y dos reproductores inscriptos como “machos dadores” en importantes centros genéticos, con alcance nacional e internacional, que han multiplicado la genética de La Txapela en todo el país.

Pero en los últimos años el foco giró principalmente hacia el plantel Puro de Pedigree, y en ese sentido los logros se empezaron a acumular, ya que La Txapela obtuvo el premio Niágara Sur en las dos últimas ediciones realizadas. Este premio distingue a la Mejor Cabaña de Pedigree de la Patagonia en la raza Hereford.

Ángel Jaca, quien inició la cabaña. Primera y tercera generación junto a uno de los reproductores. (Foto de 2012).


La sumatoria de puntos obtenidos tras su participación en el circuito de exposiciones realizadas en la Patagonia le otorgaron en noviembre del año pasado el primer lugar a La Txapela con 3.511 puntos, seguida por la Cabaña Río Frío de la provincia de Chubut. Todo esto con un plantel de apenas 140 vacas madres, entre pedigree y registradas, en un contexto climático siempre desafiante.

Lo que a primera vista parece una debilidad, para nosotros se transformó en una fortaleza”, sostiene Jaca respecto del ambiente donde se crían sus reproductores y destaca que “este ambiente nos obligó a seleccionar animales funcionales, productivos, con alta resiliencia en las crisis y muy explosivos en los períodos de bonanza”.

Filosofía productiva y vínculo con los animales



Hoy la cabaña se dedica exclusivamente a la cría y producción de reproductores. “Nosotros decimos que hacemos animales destinados a vivir”, explica sobre su filosofía de trabajo. Se venden toros y hembras con fuerte orientación carnicera, pero el foco está puesto en aportar genética que potencie otros rodeos.

Una selfie en un breve descanso en el trabajo en el campo donde nacen los reproductores de La Txapela.


El vínculo con los animales es parte central del proyecto. “Nuestros animales están muy personalizados. Conocemos a las abuelas, a los abuelos y a los tatarabuelos”, cuenta Jaca.

Vivimos de esto y vivimos en el campo, somos un equipo familiar integrado también por mi señora, Carolina Amadeo, y mi hija Justina. Lo hacemos con mucha pasión, de manera artesanal y cuidando el medio ambiente”.

En términos comerciales, la cabaña mantiene criterios históricos: los toros se comercializan al equivalente de entre 1.000 y 1.200 kilos de ternero, mientras que los reproductores de pedigree alcanzan valores superiores, más orientados hacia los 1.500 kilos de ternero.

En las exposiciones de los últimos años los precios acompañaron los resultados en pista, con varios récords locales, regionales e incluso nacionales.

“Este ambiente nos obligó a seleccionar animales funcionales, productivos, con alta resiliencia en las crisis y muy explosivos en los períodos de bonanza”.

Gabriel Jaca, cabaña La Txapela.

Sin embargo, Jaca aclara que el objetivo no es meramente económico. “Compensamos mucho con sacrificio de trabajo, no nos damos grandes lujos. Perseguir ganancias no es lo prioritario en nuestro caso, pero si nos sirve para seguir mejorando y viviendo de lo que nos gusta”.

Reconoce, además, la fragilidad del sistema ante las sequías prolongadas, que obligan a destinar ahorros e inversiones simplemente al mantenimiento del rodeo.

Mirada de largo plazo



Como toda empresa ganadera, La Txapela piensa a varios años vista. “Para 2026 y 2027 ya estamos proyectados”, señala. La estrategia genética apunta a consolidar líneas propias que aporten facilidad de parto, buen desarrollo posterior y mejoras en ubres y calidad de leche, manteniendo las virtudes funcionales y carniceras ya logradas.

“Hoy hay cabañas que compran nuestros toros, nuestro semen y embriones. Tenemos reproductores en centros de inseminación que se usan tanto en la Patagonia como en el norte del país. Eso es muy gratificante, porque quiere decir que lo que hacemos es útil”.

Gabriel Jaca, cabaña La Txapela.

La presión de selección es la principal herramienta, complementada con la incorporación cuidadosa de genética externa, siempre evaluando su adaptación al ambiente. En paralelo, la cabaña avanza en la diversificación, con los primeros pasos en la formación de un plantel Angus, trasladando la misma filosofía aplicada históricamente en Hereford.

El cierre del círculo llega cuando la genética de La Txapela se incorpora en otros rodeos del país. “Hoy hay cabañas que compran nuestros toros, nuestro semen y embriones. Tenemos reproductores en centros de inseminación que se usan tanto en la Patagonia como en el norte del país. Eso es muy gratificante, porque quiere decir que lo que hacemos es útil”.

Cabaña La Txapela se consolida a través de una fuerte identidad regional y una mirada de largo plazo en una muestra de cómo la genética, el manejo y la pasión familiar pueden construir valor aun en los ambientes más exigentes e inhóspitos de la Patagonia.


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