88 quintales por hectárea: el agro tiene un cultivo estrella este verano y brilla en la Patagonia
En la campaña récord para un cereal clave en Argentina, una provincia sigue destacando. Los rendimientos altos son estables en el tiempo y se conjugan con buenos contenidos de proteína. Cómo es el manejo y qué condiciones se dan para que el sur del país vuelva a sobresalir.
La campaña agrícola 2025-2026 quedará en la historia del agro argentino por una cosecha récord, impulsada por rindes excepcionales en la zona núcleo y en gran parte de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, mientras esos resultados sorprenden al país, en los valles irrigados del río Negro el fenómeno se vive con otra lógica: allí, los rindes extraordinarios que hoy celebra la pampa húmeda están incluso por debajo de lo que suele lograrse en un esquema productivo que, a diferencia del resto del país, reviste estabilidad tanto en productividad como en estándares de calidad del producto.
Trigo en Argentina: las dos caras de la cosecha récord
Según las últimas estimaciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la Argentina alcanzará en la campaña 2025 una producción de 27,8 millones de toneladas de trigo, el mayor volumen de su historia. Los rindes promedio registrados en gran parte del país se ubican en niveles históricamente elevados, con especial protagonismo de la provincia de Buenos Aires y de la zona núcleo pampeana.
En el centro bonaerense, con el 80% del área cosechada, el rendimiento medio alcanza los 45,5 quintales por hectárea (qq/ha), mientras que en el sur de La Pampa promedian 33,7 qq/ha y la Cuenca del Salado 45,8 qq/ha. A su vez, el sudoeste y sudeste bonaerense superan los 50 qq/ha, y la zona núcleo pampeana marcó los máximos del centro del país, con promedios de 56,5 qq/ha en el norte y 57,9 qq/ha en el sur, con la cosecha ya finalizada.
Pero ese salto productivo tuvo un costo. "A nivel país hubo grandes fallas en lo que es calidad", explicó Alfonso Cerrotta, responsable técnico de la Chacra Vinpa de Aapresid. "Se fertilizó poco, rindió mucho y se diluyó la proteína, lo que hizo que hoy haya poca calidad panadera disponible", señaló.
Cerrotta remarcó que la combinación de rindes inesperadamente altos con esquemas de fertilización conservadores terminó afectando los parámetros industriales del trigo, especialmente el contenido proteico, un fenómeno que se repite cada vez que la producción supera lo planificado.
Trigo en Río Negro: superficie, rindes y potencial
En contraste con la pampa húmeda, el trigo en Río Negro ocupa todavía una superficie reducida, aunque en crecimiento. En la campaña actual se sembraron 3.950 hectáreas, según datos de la Secretaría de Agricultura provincial. De ese total, 2.000 hectáreas corresponden a secano (principalmente en zonas cercanas a la costa atlántica), mientras que el resto se distribuye bajo riego en distintas regiones: Valle Medio (600 ha), Guardia Mitre (550 ha), Negro Muerto (400 ha), Idevi (200 ha) y el valle de Conesa (200 ha).
Históricamente, el trigo no fue un cultivo central en los valles. "Durante muchos años ni siquiera lo contabilizábamos como trigo, sino dentro de lo que llamábamos verdeos de invierno", recordó Lucio Reinoso, secretario de Agricultura de Río Negro. "Recién hace dos años el negocio empezó a cambiar y se comenzó a evaluar seriamente la posibilidad de hacer trigo bajo riego, pensando en altos rendimientos", explicó.
"En promedio, bajo riego en Río Negro se obtienen normalmente entre 70 y 80 qq/ha."
Lucio Reinoso, secretario de Agricultura de Río Negro.
Esta semana finalizó la cosecha en un campo de 450 hectáreas en el Valle Medio del río Negro, donde se lograron 88 qq/ha con una variedad de ciclo largo. Un hito productivo de la provincia lo marcó el establecimiento Kaitacó, en el valle de Negro Muerto, donde hace cinco campañas se alcanzaron 100 qq/ha en un lote de 50 hectáreas.
"En promedio, bajo riego en Río Negro se obtienen normalmente entre 70 y 80 qq/ha", precisó Reinoso. A diferencia de otras regiones, esos rindes se repiten con mayor estabilidad en el tiempo y con un rasgo distintivo: alto peso de mil granos, generalmente por encima de los 45 gramos, un indicador de granos bien llenos y uniformes, permitiendo ese plus de rendimiento.
Para Cerrotta, allí radica una de las grandes ventajas comparativas: "Este año, como fue tan bueno a nivel país, los valles quedaron un poco opacados. Pero tienen algo que los demás sitios no: la estabilidad de esos rindes altos".
Además del rol central de la siembra directa, tales resultados son posibilitados por las excelsas condiciones agroclimáticas de los valles rionegrinos. En ese sentido, destacan la abundancia y alta calidad (baja salinidad) del agua del río Negro, empleada para el riego, y también el alto nivel de radiación solar y de heliofanía (los días son largos y con escasa nubosidad en primavera).
El trigo cumple, además, una función clave en la rotación. "En los valles se emplea como un cultivo de servicio, pero con renta", explicó Cerrotta. "Aporta raíces, mejora la estructura del suelo y permite después volver a cultivos de mayor valor, como maíz, alfalfa o los hortícolas".
Manejo intensivo bajo riego: la clave del trigo en la Patagonia
El desempeño del trigo en los valles del río Negro no es casual. Responde a un manejo agronómico intensivo, ajustado a las condiciones climáticas y edáficas de la región.
Para evitar heladas tardías, las fechas de siembra se concentran en julio en el Valle Medio, mientras que en el Valle Inferior pueden adelantarse levemente, desde fines de junio. "Usamos ciclos largos e intermedios, y los cortos los dejamos para agosto, principalmente para esquivar el pastoreo de la avutarda", explicó Reinoso.
La densidad de siembra ronda las 350 semillas por metro cuadrado, con un objetivo de entre 700 y 850 espigas, según el comportamiento de cada variedad. El rendimiento objetivo es claro: alrededor de 8.000 kilos por hectárea.
La fertilización es otro pilar central. "Aplicamos fósforo a la siembra, principalmente fosfato monoamónico, tratamiento de semillas con insecticidas, fungicidas y micronutrientes, y luego fertilización foliar con zinc, porque la alcalinidad de nuestros suelos limita la absorción de este elemento", detalló Reinoso. El nitrógeno se aplica en dosis elevadas, entre 400 y 450 kilos de urea por hectárea.
"En Río Negro ya estamos acostumbrados a estos altos rendimientos, por eso los planes de fertilización están más adaptados y la calidad no suele caerse tanto."
Alfonso Cerrotta, RTD de la Chacra Vinpa de Aapresid.
"La fertilización es clave no solo para el rendimiento, sino para sostener la proteína", subrayó el funcionario. "Si no, con estos rindes tan altos la calidad se diluye". Justamente allí aparece otra diferencia con la pampa húmeda: "En Río Negro ya estamos acostumbrados a estos altos rendimientos, por eso los planes de fertilización están más adaptados y la calidad no suele caerse tanto", concluyó Cerrotta.
En el año del trigo récord argentino, los valles del río Negro confirman así un mensaje silencioso pero contundente: producir mucho es importante, pero hacerlo con estabilidad y calidad puede ser el verdadero diferencial.
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