Una empresa emblemática de Roca que nació con 700 ponedoras blancas y hoy produce casi 38.000 huevos por día
Hace 56 años, un regalo inesperado, una mudanza forzada y el trabajo incansable de una familia dieron origen a una empresa que hoy es referencia de la producción de huevos en Río Negro. Felicitas Llorens repasa la historia iniciada por su padre Juan Manuel y continuada por ella y sus hermanos, y abre las puertas de una explotación donde tradición, innovación y compromiso conviven todos los días en Paso Córdoba, en Roca.
Producción de huevos en Avícola Paso Córdova.
Miles de gallinas ponedoras marcan el ritmo de una producción que nunca se detiene. Los galpones se suceden uno tras otro sobre la chacra ubicada en Paso Córdoba, al sur de General Roca, donde cada jornada comienza mucho antes del amanecer.
Mientras recorre las instalaciones, Felicitas Llorens habla con naturalidad sobre una vida familiar ligada a la producción de huevos. Sin embargo, su historia profesional se desarrolló lejos de la avicultura. Fue maestra jardinera y recién cuando la empresa quedó en manos de su hermana Josefina y su hermano Juan Manuel, y ella se jubiló, pudo acercarse un poco más al emprendimiento. En esta oportunidad quedó como vocera oficial para recibir a Río Negro Rural.
En la avícola Paso Córdova (así con v) cada rincón de la granja guarda un recuerdo. Detrás de las modernas instalaciones, de los sistemas automáticos de alimentación y de los estrictos protocolos sanitarios existe una historia familiar atravesada por decisiones difíciles, de mucho sacrificio y una enorme capacidad para volver a empezar. “Esto viene de familia, mi padre fue quien arrancó con todo”, dice mientras señala los primeros galpones que formaron parte del establecimiento.
La historia no comenzó en Río Negro. Mucho antes de convertirse en productor avícola, Juan Manuel Llorens y su esposa vivían en la provincia de Buenos Aires, donde una serie de hechos de inseguridad modificaron sus planes y convencieron al matrimonio de que era momento de empezar de nuevo.

Felicitas recuerda que el cambio de rumbo fue casi obligado. “Después de varios intentos de asalto, un hermano de papá, que era veterinario, le regaló mil ponedoras blancas y nos fuimos a Tandil a poner en marcha un proyecto que no funcionó”.
Ese regalo no fue solamente un gesto familiar. Representó el capital inicial de una empresa que cinco décadas después continúa produciendo huevos diariamente.
El Alto Valle, un paisaje conocido
Por entonces, Juan Manuel ya conocía el Alto Valle porque años antes había trabajado para Gas del Estado en Cutral Co, Chelforó y Cipolletti.

Cuando una de sus hermanas, radicada en General Roca, le avisó que existía una chacra disponible en Paso Córdoba, la decisión fue inmediata. En abril de 1970 la familia emprendió el viaje definitivo hacia Río Negro.
“Llegamos el 15 de abril a Roca y el primero de mayo ya estábamos instalados en la chacra. Por eso esa fecha quedó como el nacimiento de la avícola”.
Felicitas Llorens, de Avícola Paso Córdova.
“Llegamos el 15 de abril a Roca y el primero de mayo ya estábamos instalados en la chacra. Por eso esa fecha quedó como el nacimiento de la avícola”. En ese momento era una sociedad que se disolvió en 1979 y a través de un crédito Juan Manuel padre compra la chacra, a través de otra sociedad que finaliza en 2007, y allí propone armar una empresa familiar. En esa misma época se reflotó la fábrica de alimentos propia que funciona en el mismo predio, hoy bajo la supervisión de Juan Manuel hijo, quien es zootecnista.
Al principio las 700 gallinas blancas que llegaron a la ciudad andaban sueltas en la chacra mientras con el tiempo se construía el primer galpón. Con el paso de los años comenzaron las primeras inversiones, llegaron nuevos galpones y la empresa fue consolidándose como una referencia para la producción de huevos en el Alto Valle.
Segunda generación
Hoy, a 56 años de sus primeros pasos, la empresa continúa en manos de los hermanos Llorens, donde cada uno asumió una responsabilidad específica.

Juan Manuel dirige toda la producción, calcula los recambios de planteles, formula el alimento balanceado y proyecta la evolución del establecimiento. Josefina administra las ventas y la organización comercial. Y Felicitas colabora en la atención al público, la comercialización y la comunicación de la empresa. “Yo sigo viviendo en Neuquén, pero vengo varios días por semana. Juan Manuel es la cabeza de todo esto. Él hace las proyecciones, el alimento y organiza toda la producción”, cuenta a Río Negro Rural.
El comienzo de todo
A uno de los galpones más cálidos del establecimiento llegan las pollitas de apenas un día de vida. Las pequeñas aves permanecen bajo calefacción constante durante sus primeras semanas mientras aprenden cuestiones elementales. “Hay personas que durante esos primeros días les enseñan a tomar agua, después ya aprenden solas”, explica Felicitas.

Las pollitas permanecen alrededor de tres meses en la etapa de recría. Durante ese período cambian varias veces de galpón, reciben distintas formulaciones de alimento y desarrollan completamente su estructura corporal antes de transformarse en ponedoras. Cuando las pollitas alcanzan la madurez, comienza la etapa más esperada de todo el ciclo productivo: la postura.
No todas empiezan al mismo tiempo. Tampoco todas producen la misma cantidad durante toda su vida. El plantel está permanentemente escalonado para asegurar una oferta constante de huevos durante todo el año.
“La gallina joven pone prácticamente un huevo por día. Después, a medida que envejece, va bajando la producción. Llega un momento en que come más de lo que produce y ahí deja de ser rentable”, explica Felicitas.
“La gallina joven pone prácticamente un huevo por día. Después, a medida que envejece, va bajando la producción. Llega un momento en que come más de lo que produce y ahí deja de ser rentable”.
Felicitas Llorens, Avícola Paso Córdova.
El rendimiento de una ponedora depende de múltiples factores: la genética, la alimentación, la temperatura, el manejo sanitario y hasta el estrés.
Para prolongar la vida productiva existe una práctica habitual en la avicultura denominada “replume”. Consiste en suministrar durante algunos días una alimentación especialmente formulada, rica en calcio y otros nutrientes, que permite fortalecer nuevamente la estructura ósea y mejorar la capacidad de postura.
“Generalmente hacemos dos replumes. Después de eso la gallina ya produce un huevo cada dos días y deja de ser conveniente mantenerla en producción”.
Huevo blanco o marrón
En el ámbito avícola hay pocas preguntas que se repiten tanto como una en particular: ¿Es mejor el huevo blanco o el marrón?

“La diferencia no está en el huevo sino en la raza de la gallina”, dice Felicitas. “Las gallinas blancas producen huevos blancos. Las coloradas y las negras producen huevos marrones. Nutricionalmente son exactamente iguales”, explica.
“Cuando llegamos desde Buenos Aires traíamos solamente gallinas blancas. Acá costaba muchísimo vender esos huevos porque la gente estaba acostumbrada al huevo marrón de las gallinas de campo”, recuerda. Con el tiempo cambiaron el plantel. Décadas después recuperaron las tradicionales ponedoras blancas. “Quise volver a tenerlas porque eran parte de nuestra historia”.
“Las gallinas blancas producen huevos blancos. Las coloradas y las negras producen huevos marrones. Nutricionalmente son exactamente iguales”
Felicitas Llorens, Avícola Paso Córdova.
La entrevista también deja espacio para derribar algunos mitos cotidianos. Por ejemplo, el hecho de lavar los huevos antes de guardarlos: “Nunca hay que lavarlos. La cáscara tiene poros y, si se moja, esos poros se tapan”.
Otro dato no muy conocido es la conservación. Un huevo almacenado en un lugar fresco y oscuro puede mantenerse durante varios meses. “El problema aparece cuando pasa de la heladera al ambiente, ahí ya se tiene que consumir porque cortás la cadena de frío”, explica Felicitas.
El legado que sigue vivo
En una carpeta que está en la avícola todavía se conserva un recorte del diario Río Negro publicado en 1973. Allí resalta el titular que reza: “Una industria que aún no rompió el cascarón”. Felicitas atesora ese recuerdo y a partir de él define lo que para la familia fue una gran evolución. “Siempre digo que ahora sí rompimos el cascarón”. No es una frase casual, resume más de medio siglo de trabajo ininterrumpido.

Una empresa nacida gracias al empuje de Juan Manuel Llorens, aquel hombre que decidió empezar de nuevo lejos de su tierra y hoy la segunda generación continúa ese legado con la misma convicción. Las mil ponedoras blancas que llegaron como un regalo hace mucho ya no existen, pero su historia sigue más viva que nunca.
¿Ya visitaste nuestro mapa interactivo? Hacé click AQUÍ para acceder al Atlas Productivo de la Patagonia. Todas las notas y videos de Río Negro Rural en un solo lugar.
Seguí AQUÍ el canal de WhatsApp del suplemento Rural de Diario RÍO NEGRO, donde recibirás novedades y material exclusivo sobre el agro de Río Negro, Neuquén y toda la Argentina.
Miles de gallinas ponedoras marcan el ritmo de una producción que nunca se detiene. Los galpones se suceden uno tras otro sobre la chacra ubicada en Paso Córdoba, al sur de General Roca, donde cada jornada comienza mucho antes del amanecer.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios