Sacerdote asesinado en 1976 sería el primer beatificado

A Carlos de Dios Murias lo secuestraron y mataron en La Rioja, cuatro meses después de producido el golpe militar.



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Carlos de Dios Murias fue secuestrado junto con el francés Gabriel Longueville.

Archivo

BUENOS AIRES.- El sacerdote Carlos de Dios Murias, secuestrado, torturado y asesinado en La Rioja durante la última dictadura militar, podría ser el primer beato proclamado por el papa Francisco, especuló ayer la prensa italiana. El diario “La Stampa” citó declaraciones en este sentido del sacerdote Carlos Trovarelli, provincial de los Frailes Menores Conventuales en Argentina y Uruguay.

La canonización además de Murias de 30 años, alcanzaría al párroco Gabriel Longueville, nacido en Francia de 45 años, al laico Wenceslao Pedernera, de 39.

El vocero de la Santa Sede, Federico Lombardi, confirmó que Jorge Bergoglio -antes de ser papa- dio los primeros pasos hacia la canonización de los palotinos asesinados en julio de 1976 y del padre Murias.

Además, desde el arzobispado de Buenos Aires, Bergoglio siempre apoyó la causa para convertir en santos a los sacerdotes palotinos Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Duffau y a los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, asesinados a tiros después de ser obligados a arrodillarse en hilera en la iglesia de San Patricio.

“La causa para la canonización de Murias la comenzó Bergoglio en mayo de 2011, cuando firmó los papeles correspondientes. Y lo hizo con discreción para evitar ser bloqueado por otros obispos argentinos, que aún se oponen a iniciativas similares basadas en el compromiso social de los sacerdotes”, dijo el religioso.

Trovarelli aseguró que el cardenal Bergoglio firmó de inmediato la documentación para iniciar el proceso y enviarlo a Roma.

“Se le aconsejó ser discreto: muchos obispos argentinos, especialmente los más viejos, se oponen a juicios basados en el compromiso social. Gracias a su cautela, el proceso siguió adelante”, precisó.

Murias, Longueville y Pedernera fueron secuestrados el 18 de julio de 1976 en la casa parroquial de la Iglesia El Salvador, en Chamical, por un grupo que se hizo pasar por agentes de la Policía Federal.

Los sacerdotes fueron llevados en un auto a la base aérea de esa ciudad y allí fueron interrogados y torturados. Dos días después sus cadáveres aparecieron vendados, a varios kilómetros de la ciudad.

Estaban bajo el celo pastoral del entonces obispo riojano Enrique Angelelli, quien encarnó la lucha por los desprotegidos y los campesinos de esa jurisdicción eclesiástica.

A raíz del asesinato de los dos sacerdotes Angelelli intentó llevar documentación sobre el hecho a Buenos Aires, pero murió en un confuso accidente automovilístico que todavía hoy se investiga y se trata de determinar si no fue intencional. (DyN/Télam)


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