San Blas: entre misterios y silencios

Por Héctor Pérez Morando



La costa marítima argentina tiene lugares poco conocidos, pero con rico historial. Varios núcleos urbanos se destacan en el litoral atlántico desde Samborombón hasta Ushuaia. Pero allí, casi al final de la bota bonaerense y cerca de la ruta nacional Nº 3, de la estación Cardenal Cagliero (FCGR) y a cien kilómetros de Carmen de Patagones, está la hoy bahía San Blas, el “Paraíso de los pescadores”, como desde hace algunos años se la conoce turísticamente. Arrastra remoto pasado de misterios y silencios, tal vez por la especial topografía que la conforma. En verdad, para el sur, ni el balneario El Cóndor (RN), Playa Unión y Rada Tilly en Chubut y otros pequeños asentamientos humanos hasta Tierra del Fuego, se le asemejan. Tiene “un no sé qué” difícil de explicar en esa postal de mar, islas, médanos, tierra cultivable, cercanas salinas, ambiente -todavía- puro y silencio atrapante, especialmente fuera de la temporada estival. Y con historias de naufragios, luces malas, restos arqueológicos y algún tesoro pirata o corsario en cercana isla, amén de sus playeras arenas doradas, grises y hasta negras. Sintéticamente veamos algo de su pasado.

La zona, con otras denominaciones en algunos puntos cercanos, aparece en antiguos mapas anteriores al del jesuita inglés Tomas Falkner (London, 1772) con dos salinas al sur del 1er. Desaguadero (río Colorado) y antes del 2do. Desaguadero (río Negro) -mal ubicado- y que en su libro “A Description of Patagonia” (Hereford, Inglaterra, 1774) menciona “Otra salina más y muy grande se halla no muy lejos de la costa entre el Primer y Segundo Desaguadero”, (trad. Samuel A. Lafone Quevedo, 1910).

Pero es el piloto español Basilio Villarino, que formó parte del grupo fundacional ibérico con Francisco de Viedma, del Fuerte del Carmen -o Establecimiento del Río Negro- quien desde ese lugar concretó tres viajes al Colorado y del segundo, por mar, dejó un precioso diario que nos deleita e instruye sobre la segunda expedición -duró casi cuatro meses- marítima-terrestre que incluyó, principalmente, la bahía de Todos los Santos y desembocadura del Colorado (colección Pedro de Angelis, 1836). El bergantín Nuestra Señora del Carmen y Animas y chalupa San Francisco de Asís fueron las naves expedicionarias con salida del Carmen el 12 abril de 1781 y regreso el 8 de agosto del mismo año. Como es sabido, Villarino era avezado marino, buen narrador de diarios -se lo debemos agradecer- incluso incorporando opiniones sobre el futuro de los parajes que iba recorriendo. Y así consagraría topónimos que luego de más de doscientos años aún se conservan y otros, modificados: Punta Rubia, isla de las Gamas (Gama), península de los Jabalíes, arroyo Hondo y arroyo Chico, isla de Vaqueriza, arroyo del Baradero, isla de Bordas, isla de Urristi, más al norte Punta e isla de los Lobos. Dejó buena descripción de la fauna marítima y terrestre, lo mismo que botánica y cierto día se le “cayó el reloj al agua, quedándome sin siquiera una ampolleta para gobierno y sin reloj alguno a bordo”. Bien alimentados: en un día mataron 17 jabalíes y unos cuantos más al regreso y además la red les entregaba “pejerreyes, sollas y bacalao”. Tuvieron pacíficos encuentros con aborígenes -“aguardiente, porotos, bizcochos, harina y abalorios”, mediante- y también llevaron como “recuerdo” aceite de lobos marinos, es decir matanza de esos bichos, actividad que por muchos años practicaron loberos de distintas nacionalidades. Se han encontrado vestigios.

Luego tenemos en 1795 la carta levantada por el piloto, también español, José de la Peña -entre los visitantes más destacados con trabajos similares en el resto de la Patagonia-, donde aparecen 2da. Barranca, Punta Rubia, península y arroyo de los Javalíes (con v), islas Rasa, Gamas, Grande, Larga, Engañosas, bahía de Todos los Santos, “Huncal que llaman Ia. de Césares” y más al norte y antes del Colorado, islas Borda, Baqueriza y Triste, más la ubicación de tres manantiales en zona de la hoy San Blas.

En diciembre de 1821 anduvo por el lugar el ing. cnel. Ambrosio Cramer -enviado por el gobierno nacional- diciendo en su informe que “La bahía de Todos los Santos es el fondeadero habitual de los buques de pesca; de allí reparten sus embarcaciones menores…para traer la grasa de los elefantes que matan…El fondeadero más seguro es el que se halla entre la isla Rasa y la de Gamas…La isla Rasa es un banco de arena que nunca cubre. La de Gamas, aunque muy estéril, tiene regulares pastos”. Y más adelante expresaba que “Las aguas del mar suben por el arroyo del Indio y forman la isla de San Blas”. Conoció unas cercanas salinas y se persuadió de “que la sal podría cargarse por la bahía”. Además de dicha bahía, reconoció la Unión e islas Larga y Borda.

El segundo intento de invasión brasileña a Carmen de Patagones (1827) tuvo final trágico en San Blas. El capitán inglés Guillermo Eyre, al servicio de Brasil, se hizo presente en la bahía con la corbeta Maceyé y bergantines Caboclo e Independencia o Muerte. Encallaron en el banco del Infierno. Viento y mar las despedazaron, salvo la Caboclo que pudo regresar a Montevideo. “Más de 50 hombres se ahogaron, como 80 se refugiaron en tierra y el resto en el bergantín Caboclo”, (Biedma, J. J. Crónica -1905). Los de tierra fueron tomados prisioneros y entre ellos el capitán Eyre, que así vio frustrado su segundo intento invasor, primero con la Itaparica en marzo de ese mismo año.

Otro visitante ilustre de San Blas fue el naturalista francés Alcides D’Orbigny, quien estuvo un mes entre enero y febrero de 1829, cuyos apuntes y dibujos forman parte del “Voyage dans L’ Amérique Méridionale” (París, 1844). Interesado especialmente en la flora y fauna, no descuidó consignar otros aspectos de esa zona, sin mención hasta entonces. Documento único para San Blas. Visitó la estancia de Fernando Alfaro y se alojó también en el corsario “Gaviota” anclado en la bahía, perteneciente a su compatriota Pedro Dautant. Recorrió islas cercanas y vio hornillos usados por loberos para obtener aceite de focas, a las que también contempló de cerca con elefantes marinos y negros esclavos en la estancia. “El puerto de San Blas es también conocido de los marinos, especialmente en el extremo sur de la bahía del mismo nombre, como bahía de Todos los Santos” diría y contempló restos de naufragios y “algunos esqueletos humanos diseminados por la playa” y “en mayor cantidad que nunca, restos de navíos dispersos aquí y allí en la arena; cajones, fardos y barricas vacías testimoniaban a cada paso la magnitud de las pérdidas de los brasileños”. El viaje desde El Carmen lo hizo en carreta tirada por bueyes. Bien armado, cita a la “isla de los Jabalis”, de las Gamas, Larga, de los Arroyos, Borda (o del Hambre), Rasa (de los Chanchos) y otros puntos geográficos, como también las salinas y banco del Infierno.

El inglés Robert Fitz Roy en su “Narrative…” (Londres, 1839) da cuenta de los levantamientos efectuados en varias partes del mundo con las naves “de su Majestad” Adventure y Beagle y que referido a la zona que nos ocupa tuvieron como protagonistas a las goletas loberas La Paz y Liebre contratadas al corsario residente en Patagones James Harris. El 3 de diciembre de 1932 se encontraron en el lugar con la Beagle. Como es sabido, de esa expedición participó Charles Darwin, quien no estuvo en San Blas y sí en el campamento de Rosas a orillas del Colorado. Las valiosas cartas marinas levantadas fueron utilizadas durante muchos años por la Marina argentina y otras dependencias.

Y por último, a fines del siglo pasado tenemos el “Estudio hidrográfico y balizamiento de la bahía San Blas”, ejecutado por una comisión comandada por el marino Martín Rivadavia con la cañonera Constitución. Estuvieron cerca de veinte meses (1882-1883), gran trabajo afín ejecutado por la Argentina, desde el efectuado por el citado Fitz Roy. Las tareas comprendieron topografía, hidrología, balizamiento, descripción de la barra y canales, direcciones de entrada al puerto, mareas, aspecto general, meteorología, vientos, flora y fauna.

Durante la estadía construyeron una ballenera que llamaron “Unión” y salvaron náufragos del vapor inglés “Hutton Chayter”. (HMA III y VIII-BIGA, VII, 1883).

Piratas, corsarios, loberos, náufragos y posibles tesoros quedan para otra oportunidad, sacados de los misterios y silencios de San Blas y su antigua bahía de Todos los Santos.


Comentarios


San Blas: entre misterios y silencios