Se abre paso y entra sin preguntar

Vecinos de barrios neuquinos debieron refugiarse en casas cercanas

Por Redacción

NEUQUEN (AN).- «Siempre es lo mismo, siempre es lo mismo». La que se queja es Ester Gutiérrez, una mujer de sufridos 28 años que está parada a unos 100 metros del lugar donde asegura que está su casa «justo enfrente al arroyo Villa María». A las siete de la tarde, el agua sepultaba la esquina de la casa que comparte con su marido y sus dos hijos, en uno de los límites del barrio Confluencia, al sudeste del centro capitalino.

Desde ayer a la mañana Ester vive en la casa de una vecina. Allí, postrado en una cama prestada, está su marido, paralítico luego de una reciente embolia cerebral. Y allí están sus hijos. Ella los dejó por un rato y está en la esquina de Pomona y Saturnino Torres, con su panza que delata el embarazo de ocho meses.

«Siempre es lo mismo, siempre es lo mismo», dice, con los pies y los ojos empapados.

El problema de los vecinos de esta parte del barrio Confluencia no es nuevo y Ester tiene mucha razón cuando dice que siempre pasa lo mismo. Buena parte de los desagües de toda la ciudad confluyen en Lamarque y Saturnino Torres (hace unos meses se agregó otro), las lluvias siempre superan los pronósticos, las alcantarillas se desbordan y las salidas al río Limay se bloquean.

Entonces, unos 150 vecinos quedan tapados por el agua. La rutina se puede resumir: «Cuando viene el agua, que viene rápido, tiramos a los pibes arriba de las camas de ellos, el tele y la heladera a la cama grande y nos vamos en busca de los vecinos que tienen sus casas más alto», explicó José Rodrigo Cabezas, quien desde hace ocho años que vive en Confluencia.

«Nos vienen hablar de asfalto y del Paseo de la Costa: que arreglen los desagües de una vez. Qué querés que te diga. ¿Vés aquellos fierros que hay allá? No son fierros, son las barandas de un puente», agregó el joven que con su familia se aprestaba a dormir en la casa de uno de sus tantos vecinos solidarios, una raza afortunadamente floreciente en este barrio.

Volver a cualquier hora

Apenas se liberen los canales, José volverá a su casa. «Puede ser a las dos o a las tres de la mañana porque el agua baja en poco tiempo. Volver no es así nomás. Tenés que usar el secador, secar los muebles y rescatar lo que se pueda, porque la mayoría de los muebles se te arruinan», explicó la esposa de Cabezas.

El otro gran problema está en los electrodomésticos que se arruinan. El año pasado, cuando su marido estaba bien de salud y tenía trabajo, Ester Gutiérrez perdió la heladera que se mojó y se quemó.

«Creo que alcancé a sacar el lavarropa, que igual se mojó. Esta es la primera vez que me entra tanta agua: Pasó la medida de los zócalos. Eso que mi casa está bien alta», explicó Jorge Panisiuk, un misionero que hace diez años llegó a Neuquén. «Nunca pensé que acá iba a tener problemas de inundaciones», dijo el hombre rubio que ayer, entrada la tarde, andaba con ojotas y malla chapoteando por su living.

Tan intensa fue la lluvia y tantos problemas causó que en la comuna neuquina se recibieron cientos de llamados pidiendo ayuda. Unos esperan volver para ver qué se salvó.

Calles anegadas en Cutral Co

CUTRAL CO – PLAZA HUINCUL (ACC) – Una fuerte tormenta se desplomó en la mañana de ayer sobre la comarca petrolera. La intensidad de la lluvia caída provocó inconvenientes en las calles y en algunos establecimientos se decidió suspender el dictado de las clases.

Las nubes aparecieron una vez más y la débil llovizna de la madrugada se transformó en una fuerte precipitación, que con truenos y relámpagos provocó varios inconvenientes a los vecinos. Además la neblina redujo notablemente la visibilidad, por lo que los conductores debieron aminorar su marcha y extremar la precaución.

Las calles que funcionan como colectoras naturales del agua, como el caso de Salta pronto comenzaron a transformarse en torrentes.


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