Se agrava el deterioro del Centro Cívico

No hay normas para el manejo de una postal que habla por sí sola. Recomiendan que la Regional de la Policía y la comisaría Segunda se muden, y que se eviten los recitales masivos.





Los turistas recorren y admiran día tras día el Centro Cívico, documentan las fachadas de sus edificios con fotos y videos e incluso la cámara instalada por algún canal de tevé reproduce desde hace años esas imágenes en vivo, como testimonio o como simple separador.

Todos esos registros refuerzan su condición de referencia arquitectónica, que convirtió al Centro Cívico en una silueta reconocible a simple golpe de vista, como ocurre con muy pocos edificios en el país.

Pero muchos de los que trabajan allí y quienes tienen alguna responsabilidad en su conservación admiten que ese peso simbólico está en serio riesgo.

El uso intensivo que recibe el Centro Cívico para exposiciones, actividades culturales, encuentros de motos, triatlones, recitales, le imponen un desgaste acumulativo que está lejos de tener un buen diagnóstico y la consecuente remediación.

La subsecretaria de Cultura del municipio, Ana Gerón, dijo que el primer paso sería contar con un plan de manejo. Señaló que en la falta de avances hay una responsabilidad compartida entre la municipalidad y el gobierno nacional. “No ha habido una respuesta acorde, tal vez por una falta de interés de ambas partes”, reconoció.

El secretario de Desarrollo Urbano, Pablo Bullaude, señaló que elaborar el plan de manejo que regule los usos del Centro Cívico es una tarea que corresponde al municipio, pero evitó generar expectativas. Dijo que ese instrumento “es necesario, como tantas otras cosas en la ciudad, y la realidad es que no está en el presupuesto”.

Lajas que se despegan y no son reemplazadas, balcones en equilibrio inestable, ausencia de pintura, jardines pelados y farolas rotas son algunas de las señales de alarma.

El complejo arquitectónico planeado en los años 30 por Exequiel Bustillo y firmado por el arquitecto Ernesto de Estrada está a punto de cumplir 80 años. Fue concebido originalmente como sede de organismos administrativos, pero con los años se reconvirtió hacia lo turístico y cultural. Sin embargo todavía alberga oficinas municipales y a la Policía de Río Negro, cuya mudanza fue prometida varias veces sin ningún avance.

Jurisdicciones

Una de las particularidades que traban la gestión del Centro Cívico es el cruce de incumbencias. En los 90 la propiedad fue transferida al municipio, que también tiene el usufructo y la obligación del mantenimiento. Pero por su condición de monumento nacional, el complejo también está bajo la tutela de la Comisión de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos, que debe aprobar cualquier reforma estructural.

Hace dos años hubo varios contactos entre ambas partes, la comisión nacional realizó un relevamiento técnico y aportó un instructivo de recomendaciones, que serviría como base para el plan de manejo. Incluso se llegó a firmar un convenio con ese fin.

Pero ese ímpetu se diluyó y hoy en los pasillos oficiales no queda energía ni para las excusas. Bullaude admitió que “desde hace varios gobiernos” el Centro Cívico es gestionado sólo mediante “decisiones puntuales”, sin regla alguna.

Dijo que el plan de manejo no es un objetivo en lo inmediato. Aclaró que tiene un costo en sí mismo, porque demanda la contratación de técnicos, pero “en cualquier plan eso es lo más fácil, lo más difícil es la implementación”.

Bullaude aseguró que los edificios del emblemático complejo “necesitan mantenimiento, como cualquier otro”, pero consideró que “el deterioro no es dramático”.

Distinto es el diagnóstico de la empleada municipal y referente del Ente de Patrimonio Histórico Martha Velaztiqui, quien consideró “grave” la proliferación de actividades, globas y fiestas que se realizan en el Centro Cívico, sin ninguna regulación.

Señaló que “la característica original se va perdiendo, porque algunas de las piedras que se caen son reemplazadas con cemento, las lajas desaparecen y las farolas también se rompen”.

La arquitecta Lali Falcone, que también integra el Ente, recordó que en 1998 participó de una restauración del Centro Cívico realizada con aportes de la Nación. Dijo que el costo fue de 600 mil dólares y que desde entonces “nunca se volvió a hacer un trabajo de esa categoría”.

El debate en torno del tema también causa cierto hastío. El presidente de la Biblioteca Sarmiento (y también arquitecto), Gonzalo de Estrada, dijo que todos hablan de “no dejar caer” el Centro Cívico pero se quejó de que “todas son puras palabras” y habló de los incumplimientos de la comisión nacional.

“Querían un trabajo de investigación, pero si no hay fondos disponibles éso no va a avanzar. Uno se harta un poco de tantos talleres, reuniones y papeles”, afirmó el titular de la biblioteca, una de las instituciones con presencia histórica en el lugar.

Consideró que más allá de las realizaciones concretas, “hace falta darle al Centro Cívico un uso más turístico, más cultural. En definitiva darle vida”.
El concejal Daniel González (Pro) integra el Ente en representación del Deliberante y también opinó que “hay compromisos mutuos” entre la Nación y el municipio, que “habría que reflotar”.

A su juicio “el estado del Centro Cívico hoy es desastroso, se destruye día a día y nadie hace nada. Proyectos hay muchos, pero hace falta una modificación integral. Está la posibilidad de crear por ejemplo una plaza de la Memoria, para trasladar los pañuelos. Pero no es sólo eso. Son un montón de cosas, los festivales, las globas que se autorizaron por resolución y quedan para siempre. Se podría regular por ordenanza pero no tendría sentido, porque lo que hace falta es un plan de manejo”.

Falta plan de manejo y también una política de gestión clara. Pero la arquitecta Lali Falcone subrayó que aun así se podría avanzar con un cambio conceptual para el Centro Cívico que no lo considere sólo como una fuente de gastos sino también como un generador de recursos.

Recordó que allí se realiza gran cantidad de muestras y competencias, como las Mil Millas de automovilismo, el encuentro gastronómico Bariloche a la Carta, el Carnaval, Ironman y el encuentro de motos, entre otros. Todos pagan un canon, pero el dinero va a Rentas Generales. “No es que sólo produce gastos. El Centro Cívico es una marca registrada y todos quieren estar ahí, así que genera recursos -reflexionó-. El problema es que tienen otro destino”.

Falcone dijo que desde el Colegio de Arquitectos propusieron un concurso abierto para elaborar el plan de manejo del Centro Cívico. Refirió que “no es sólo un tema de arquitectos, porque seguramente tendrá que haber un trabajo multidisciplinario, y con consulta a la comunidad. Es algo urgente, además de todo lo que tiene que ver con la restauración y la puesta en valor”.


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