Señor Bosón
MARÍA EMILIA SALTO bebasalto@hotmail.com
Puedo asegurarle que no acostumbro a escribir a desconocidos. Así me han educado, y no se equivocaron: el mundo se ha vuelto un lugar tan mundano, tan relacionado, que cualquiera pone un nombre, dice que es bien parecido, sin compromisos, y quiere conocerte. ¿Se da cuenta? Esto da mucho valor a mi intento de comunicación, porque, en cierta manera, usted puede, parece, tener cualquier forma y cualquier cualidad. Lo que está claro es que es lo más buscado del mundo, y no sé, parece que ¡lo han encontrado! ¡Si lo hubiera visto al Dr. Mario Benedetti anunciando (quizás) su llegada! Digo “quizás” porque lo que anunció es que encontraron “algo nuevo, algo distinto”, y el hombre trataba de hacer comprensible para nosotras, comunes y corrientes personas, el procedimiento físico que dio como resultado que lo encontraran a usted. Es como si tuviéramos delante una silueta pero no sabemos quién es, o qué es, decía el doc, y era evidente en su lenguaje corporal: trasmitía una alegría exultante, y cuando pasaban imágenes de todo el grupo saltaban y se abrazaban como en las películas catástrofes, cuando héroes y heroínas -también científicos- salvan el mundo o hacen volver a los astronautas, como en “Apolo XIII”, y le diré que me encanta la parte donde se arma el lío y entran en emergencia, y Tom Hanks pronuncia su célebre “Huston, tenemos un problema”, que en realidad, quedó incorporada al lenguaje de mucha gente que dice Huston, tenemos un problema y una sabe que hay que prepararse. ¿Estoy divagando? Claro que sí, es que ni siquiera sé si usted escucha, ni si tiene orejas, en realidad, es una partícula, una muuuuuy importante, como que la llaman, es decir, lo llaman a usted, en caso que usted sea esa partícula, “la partícula de Dios”, qué me cuenta, nada menos, y que si usted se revela, sabremos cómo se inició el universo, vaya presunción, ¿eh? Sabe, me da bronca, porque sé tan poco de física, de matemáticas, y volvería en el tiempo a decirles a mis maestras y profesores que por qué no me explicaron bien, así tendría alguna base para entender la importancia de su llegada, señor Bosón. Es maravilloso que según el señor Higgs, supongo que lo ubicará porque sería algo así como su padre, ¿verdad?, usted tenía que existir, cuestión deducida por él matemáticamente y ¡vualá! Aquí lo tenemos, vivito y coleando. No crea, si usted es usted o alguna partícula que se le acerque, me da un poco de miedo. En realidad, desde que ese montón de mentes geniales se metieron en ese túnel gigante lleno de imanes, me da como un estremecimiento. Piense: mientras yo camino, o duermo, o cocino o charlo, allí abajo trabajan con fuerzas tremendas, ponen en marcha procesos poderosísimos; hubo un par de incidentes (así dijeron, sin muchas explicaciones, que de todos modos, no entenderíamos). Y vaya a saber qué nimiedad estaría yo pensando… ¡mientras usted, finalmente, aparecía! ¿Está ahí, señor Bosón? ¿Es usted la partícula primera, el “hágase” científico de Dios? Sea quien fuere, permítame decirle una cosa: no deje que lo usen para manipular, una vez más, los logros del conocimiento, y tengamos más guerras, más sufrimiento, más injusticia. Si usted es usted, tiene algo de divino, de trascendente. Señor Bosón, déles una lección, usted que tiene la autoridad de ser el primer Big del Bag. ¿No va a dejar que destruyan todo, verdad? Si quiere contestarme, tiene mi correo electrónico, sería un honor, de verdad. Bienvenido, señor Bosón, aunque lo cierto es que usted siempre estuvo, ¿eh? Pícaro.
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