Ser productivos y sustentables es posible
JUAN CASAÑAS (*)
Hace dos semanas trascendió la intención del diputado oficialista Luis Basterra, presidente de la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados de la Nación, de impulsar una legislación para obligar a la rotación de cultivos y su declaración ante el Estado. Si bien respeto profundamente la opinión de mi colega Basterra, un hombre que conoce mucho de campo, como productor agrícola y como diputado disiento profundamente del espíritu del proyecto. Para empezar, hay una forma mucho más fácil, barata y generadora de riquezas para el país de promover las rotaciones agrícolas que la propuesta por el oficialismo: liberar los mercados intervenidos de maíz y trigo. Porque, si se pudieran vender libremente ambos cultivos sin la intervención prepotente y perjudicial del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, el maíz y el trigo, fundamentales para garantizar una rotación sustentable, ganarían rápidamente terreno en la producción local. Si los productores rotan menos es, simplemente, porque desde el 2006 Moreno tiene totalmente intervenidos los mercados y a los productores les resulta imposible vender estos dos productos, que se amontonan en los silos sin destino posible desde hace varias campañas. Pero la rotación con trigo y maíz si Moreno terminara su nefasta intervención no sólo favorecería nuestro suelo generando un balance mejor en el uso de la tierra: también generaría jugosas divisas. Por dar un ejemplo con el maíz, según datos del Movimiento CREA una hectárea de maíz a precios FOB del 23/7 hubiera generado un ingreso de 2.231 dólares, contra los 1.792 que produce una hectárea de soja. Cuánto más hubieran ganado el país y las economías del interior si hubiéramos tenido un mercado de maíz libre y muchos productores sembrándolo. Habría mucho más trabajo, además de divisas y cuidado del medioambiente, ya que, volviendo a citar a CREA, una hectárea sembrada de maíz requiere 250 dólares más que una implantada con soja, a lo que se deben agregar más de 150 dólares adicionales por hectárea por fletes y servicios gastados en la producción del maíz. Dicho todo esto, respetuosamente invito a mi colega Luis Basterra y a todo el arco de legisladores oficialistas a reflexionar sobre el hecho de que a veces las mejores soluciones son las más simples. Más que generar una obligación y una nueva regulación engorrosa y burocrática para los productores, si simplemente levantáramos los pesados controles que yacen sobre las cadenas productivas de maíz y trigo lograríamos un fomento rápido y efectivo a la rotación agrícola, además de generar los ingresos y los trabajos ya enumerados anteriormente. Y no se pondría en peligro la provisión de los alimentos para los argentinos, ya que el país tiene capacidad suficiente para abastecer el consumo interno y generar un importante volumen de exportaciones. El suelo, las economías regionales y las arcas del Estado argentino nos agradecerán si tomamos decisiones en esta dirección. (*) Diputado nacional por la UCR de Tucumán. Presidente de la Comisión de Recursos Naturales de la cámara baja