Si ve una reina, mátela

En primavera, las avispas chaqueta amarilla destruyen las colmenas de las abejas, dañan la fruta fina y generan problemas sanitarios. Especialistas del Grupo de Ecología de Poblaciones de Insectos del INTA Bariloche piden ayuda para exterminarla.



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En 1980, esta avispa fue vista por primera vez en Argentina, en Chos Malal. Creen que llegó de Chile, atravesando los pasos cordilleranos bajos al norte de Neuquén.

Si ve una reina, mátela. La recomendación, algo confusa quizás, está orientada a las chaquetas amarillas en la época de primavera y proviene de los especialistas del Grupo de Ecología de Poblaciones de Insectos del INTA Bariloche.

Desde el INTA, explican que la chaqueta amarilla genera un gran perjuicio económico aunque aun no se pudo cuantificar. Un informe de Chile detalla que ese país tiene una pérdida de 21.000.000 dólares anuales por la presencia de esta avispa.

“La apicultura es una de las producciones más atacadas. En la época en que buscan hidratos de carbono, las chaquetas destruyen las colmenas de las abejas. También dañan la fruta fina. A nivel sanitario, las picaduras generan consultas en hospitales, medicamentos, casos de shock anafiláctico, describió Maite Masciocchi, integrante del Grupo de Ecología de Poblaciones de Insectos del INTA. A su vez agregó que en los meses de turismo y actividades al aire libre, la gente muchas veces no sale porque si es alérgico puede ser peligroso.

La explicación es sencilla: las avispas reinas despiertan en primavera luego de hibernar y luego de alimentarse exploran el terreno para construir sus nidos que darán origen a miles de avispas.

Las reinas, el objetivo

Cuanto mayor sea el número de nidos y reinas que se logren eliminar, más se reducirá la población de este insecto.

“En esta época, las reinas pasaron el invierno en estado de hibernación y salen a buscar un nido para establecer las nuevas colonias -ya que no usan los anteriores- y poder alimentarse. Por eso, en este momento las empezamos a ver”, dijo Masciocchi.

Las reinas son fáciles de identificar porque son más grandes, robustas y se mueven más lento que las obreras. Se las suele ver en los troncos porque buscan la pulpa para iniciar el nido. O en las flores.

Los nidos están en el piso y suelen buscan cavidades preexistentes de otros insectos. Más adelante, las obreras cavan para agrandar el nido subterráneo.

“Con una reina que establezca un nido, puede haber hasta 3.000 obreras en el verano. Es muy variable el tamaño pero pueden ser muy chicos -para 600 avispas- o grandes como para 3.000. Por eso, recomendamos aprovechar esta época para matarlas con una paleta”, señaló la investigadora del Conicet.

En el 2007, el INTA desarrolló un cebo para estas avispas pero el laboratorio Bayer lo comercializó y lo terminó sacando del mercado. Hoy no hay nada para combatir las chaquetas amarillas.

Explican que no es un insecto que vaya a picar porque lo necesite pero sí cuando se siente disturbada o se pisa sin querer un nido.

“Hay que tener cuidado; sobre todo quienes tienen una cierta carga alérgica”, aconsejó Masciocchi al tiempo que recomendó no andar descalzo, especialmente en las playas a donde las avispas van en busca de agua. Además, usar ropa clara ya que los colores oscuros atraen a los insectos.

El verano siguiente a la caída de ceniza volcánica en junio del 2011 sorprendió la ausencia de chaquetas amarillas. “Al año siguiente, hubo una reinvasión. Volvimos a los niveles normales. Varía mucho y está determinado por cuestiones de las poblaciones y no por los factores externos”, planteó.

“Cada reina menos que dejemos que prospere es una colonia menos”.
Maite Masciocchi, Grupo de Ecología de Poblaciones de Insectos del INTA


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