A un mes del incendio que comenzó en Puerto Patriada: vivir entre las cenizas
Un 5 de enero se desató el incendio que hoy continúa amenazando el bosque nativo y las poblaciones. Se aplaca con las esporádicas lluvias y vuelve a reactivarse con el viento y el calor.
El cielo azul despejado contrasta con una hilera de árboles teñidos de negros y la ceniza del suelo. Atrás, el cerro Pirque se ve arrasado por el fuego con algunos pocos manchones verdes que lo hacen aun más llamativo. A lo lejos, una mujer permanece sentada en los escombros de una casa, junto a dos niños mientras tres perros van y vienen. El silencio impregna el ambiente, al igual que el olor a humo.
Un mes atrás, cuando las autoridades daban cuenta de un incendio en Puerto Patriada, en la jurisdicción de El Hoyo, nadie imaginaba que se trataba de otro incendio voraz, de comportamiento errático que avanzaría de manera virulenta por toda la región, incluso por zonas que ya estaban quemadas. Treinta días después, continúa quemando bosque nativo y amenazando poblaciones.
Marisa Alejandra Pérez nació en La Plata, pero se crió en la Patagonia. Vive en Epuyén desde hace cinco años y en los últimos dos, ha cuidado una casa en un futuro complejo turístico en el paraje El Pedregoso, al pie del Pirque.
La tarde de la catástrofe, junto a su pareja y uno de sus hijos, de 10 años, observaba el avance del incendio que parecía lento, bajando por la montaña. Se sentía un calor inusual en el ambiente. Nunca pensaron que otro frente se acercaba por abajo hasta que, de pronto, el fuego los encerró, el humo envolvió el ambiente y supieron que no quedaba otra que escapar. La única vía de escape era a través de un sendero de ripio, sumamente angosto, hasta la Ruta 40, rodeado de árboles que ya estaban prendidos fuego. Se metieron en un tractor y así lograron escapar.
“Era todo una bola de fuego que nos tomó por sorpresa. El fuego reventaba por todos lados. Solo pensamos en salvar la vida, de hecho, no alcanzamos a sacar nada. Salimos así como estábamos en pantalón corto y perdimos todo”, lamenta la mujer de 37 años, que observa con desolación los escombros.
Las llamas avanzaron hasta la Ruta 40 y cinco casas se destruyeron por completo. Advierte que “el caos era tal que nadie vino a advertirnos de una posible evacuación. Eran pocos y estaban todos tratando de proteger la estación de El Coihue”.
Al día siguiente, cuando volvieron al lugar, comprobaron que todo era un desastre. Sus perros se habían salvado, pero las gallinas no corrieron la misma suerte. “Salvamos la vida, pero ver todo esto quemado es desgarrador”, dice, mientras su hijo Alexander muestra contento su patineta que sobrevivió al fuego, aunque las rueditas se quemaron.
«Uno se va sabiendo que llega lo peor»
A unos pocos kilómetros, en la jurisdicción de El Hoyo, Nelson y Mariela Álvarez Cañumil señalan impactados el cerro El Monje, arrasado por el fuego. Sus casas, a muy pocos metros, están intactas.
El día que el fuego alcanzó ese lugar de la Comarca Andina, esta pareja decidió autoevacuarse porque padecían problemas de respiración debido al humo. Por otro lado, Nelson tiene diabetes y poco a poco, va perdiendo su visión. Su hija Belén decidió quedarse en el predio familiar para defender las viviendas, junto a su pareja y sus dos hijos.
“Cuando uno se va sabiendo lo que se viene es peor. Lo ves de lejos. No es la primera vez que vivimos esto; ya hemos pasado por cinco incendios en los últimos años. De hecho, se nos quemó una casa cuando vivíamos del otro lado del río y nos vinimos para acá”, señala Mariela que nació en Esquel.
Belén advierte que “uno ya sabe cuando hay un incendio por el ambiente. Los días van pasando y uno se levanta y no deja de mirar para todos lados. No comés porque no podés cocinar ya que sacás las garrafas por las dudas. Te la pasás a pura agua”.
Esa tarde, el fuego se veía cerca. Parecía avanzar a paso lento hasta que, en un momento, “se escapó para todo lados”. “Le metimos bombas, motosierra y conseguimos una pelopincho. Todos los veranos pasa lo mismo y siempre pierde el humilde. Se te quema algo y tenés que estar golpeando puertas”, lamenta Belén.
En este caso, las viviendas lograron preservarse porque el incendio cambió su rumbo. Pero la ladera del cerro quedó quemada y la familia asegura que cuando empiecen las lluvias del otoño, el lugar será peligroso “ya que todo cae hacia abajo”.
Caterina Belettini es de Buenos Aires, pero pasa todos los veranos en su casa de Epuyén, desde hace 23 años. El fuego dejó rastros a pocos metros de su casa. Amenazó a 200 metros. Si bien la desesperación quedó atrás, hoy no desconoce que el fuego continúa en otros sectores de la región y lo recuerda el sonido constante de los medios aéreos.
“Lo único que rescato es el accionar de los brigadistas y el sentido de comunidad. En mi patio había motobombas, camionetas de los bomberos, camionetas con tótems. Todos mojaban estos sectores en caso de que cayera algo encendido”, recuerda. “Por la noche, esto era un infierno. Todo rojo. Hoy uno lo vive con la misma preocupación: Cholila está acá nomás”, agrega.
Cada vez que se corta la luz en ese lugar, suponen que se desató el fuego. “Tiene una energía, un avasallamiento y pensás que, en un abrir y cerrar de ojos, perdés todo. Es angustiante y cada verano se repite la misma historia”.
Pérdidas
- 50 viviendas
- fueron destruidas por el incendio que se desató el 5 de enero en Puerto Patriada. Fueron 13 en El Hoyo y 37, en Epuyén.
La pareja que eligió el bosque para construir su hogar
Rocío Mio y Mariano Montini recorren un sendero desde donde se observan escombros y más escombros en un bosque cubierto de cenizas. Conduce al río Epuyén. “Esta era la playita de mi hijo”, dice afligida la mujer.
“Cuando nos enteramos que el fuego había pegado toda la vuelta al lago en un día fue señal de alarma. Pensamos: ‘Esto se fue de mambo’. Teníamos dos frentes cercanos y no sabíamos cuál se podía desbandar y llegar”, cuenta Rocío.
Tanto él como su pareja son artistas oriundos de Haedo que llegaron a ese rincón patagónico 12 años atrás para criar a sus hijos. Buscaron y buscaron hasta dar con el lugar ideal. Llamaron «Bosque gracias» a su chacra, muy cercana a la Ruta Nacional 40 entre El Hoyo y Epuyén, pero también escondida en el bosque que ya no es verde.
En el momento del incendio, tenían en marcha una residencia de artistas de Buenos Aires y Brasil que debieron evacuarse. El día de mayor riesgo, Rocío y Mariela, otra de las mujeres que vive en ese lugar, decidieron llevar a los niños hasta El Bolsón y sacar los animales de la chacra.
Mariano y otro poblador se quedaron para intentar defender el lugar. “Sabíamos que si el fuego agarraba el cerro La Montura había que evacuar. Es un lugar clave porque abajo hay un pinar. Primero fue un fueguito que se hubiera apagado con dos helibaldes. Pero de repente, ya estaba descontrolado. La Montura explotó: agarró los pinos de abajo y fue como un torpedo. Era el apocalipsis: todo rojo y negro”, describe Mariano.
Cuando entendieron que no había nada por hacer, los hombres abandonaron el lugar. “Tuvimos miedo de quedarnos encerrados porque hay una única escapatoria dentro de los campos. Pensamos también en la posibilidad de tirarnos al río, pero era tarde por ese lado”, recalca Mariano.
Rápidamente el fuego llegó hasta la chacra de la pareja y destruyó por completo cinco viviendas, excepto una que se salvó gracias a las brigadas voluntarias.
“El comportamiento de este fuego fue errático. Te lo dice la misma gente paisana: que si apostaban, todos perdían. Nadie supo predecir a dónde iba. Y eso nos venció a muchos. Fue un momento de mucha adrenalina”, acota Rocío al tiempo que remarca que «de no ser por la labor de las brigadas que se fueron conformando en los últimos años, se hubieran perdido muchas más casas«.
Mariano admite que, «desde siempre les atrajo la resiliencia de la Patagonia, pero esto de ser bombero ya es otro nivel. Todos los veranos tenemos incendios en la zona de interfase muy graves. Todos tenemos que aprender ser un bombero. A equiparnos con tótems y motobombas. El tema, también es que necesitas electricidad y nunca hay luz, menos si hay incendios”.
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